Frente a quienes dicen que el ciclismo en España no tiene futuro, hay un puñado de corredores que están decididos a demostrar con hechos que los agoreros se habían equivocado. Que ciertamente los Contador, Valverde o Joaquim Rodríguez no volverán, pero pueden ser reemplazados por otros ciclistas de enorme calidad y garantías para dar muchas alegrías a este deporte.

Uno de ellos es Jaime Rosón. El zamorano de Caja Rural-Seguros RGA es, a sus 23 años, una de las grandes esperanzas de futuro. Tiene motor, actitud y la ambición necesaria para triunfar en esto. Empezó en este deporte por casualidad a los ocho años cuando un compañero de su padre que era árbitro le dijo que probase. “Y mira, aquí sigo”, dice con la mayor naturalidad. Desde luego, haber llegado hasta donde está ahora tiene poco de casual y mucho, mucho más, de trabajo y dedicación.

Corregir errores, limar defectos

Rosón está ahora en época de aprender. De limar defectos y corregir errores. Lo importante es que se da cuenta de ellos, como le ocurrió en la fuga camino de San Andrés de Teixido. Una escapada numerosa que llegó y donde él se quedó sin opción de rematar tras gastar demasiadas balas: “Arrancó Rolland y lo cogí yo solo. Me pasé un buen rato tirando. Después no pude estar en la pelea. Son errores de los que aprender. Si hubiese sido más conservador en ese momento para jugármela después, igual estaríamos hablando de otra cosa”.

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Pero, por desgracia, el problema de este deporte es que la mayoría de las veces el aprendizaje es ‘a posteriori’ o, dicho de otro modo, a base de palos: “Aprendes cuando ya han pasado las cosas. Por ejemplo, a colocarte en el pelotón, a ahorrar fuerzas en diversos momentos para estar fuerte después… si empiezas un puerto el 150 ya sabes que la etapa ha terminado para ti. Es así. Ahí es donde hay que aprender”, explica el corredor zamorano. Eso sí, se lo toma con filosofía: “Para eso estamos aquí, para corregir errores”.

También conoce cuáles son algunos de sus defectos. Rosón pasó a profesionales en 2014 con Ecuador, pero las cosas no fueron bien entonces. Lo dejó a finales de julio ante la falta de calendario aunque luego participó en el Tour del Porvenir. Lo que busca es precisamente eso, experiencia para corregir algunos defectos: “Es lo que quiero, coger experiencia. Me hubiera gustado pasar antes, pero no pudo ser. Por eso necesito esa experiencia. Por concepción propia, las carreras elite son muy cortas en España. Cuando paso de cuatro horas al ritmo de los profesionales se notan las diferencias. Como yo hay más corredores jóvenes, pero no es que seamos malos: es que no estamos acostumbrados”. Eso sí, ya se va acostumbrando: “Antes me costaba más”.

Sin vértigos

Jaime habla con la serenidad de quien tiene la cabeza bien amueblada y sabe perfectamente lo que ha venido a hacer. Por eso asegura que no le da vértigo que hablen de él como una de las esperanzas de futuro del ciclismo español: “Al revés, te diría que hasta me gusta”. Pero no por vanidad ni nada por el estilo, sino porque es un modo de ver reconocido su trabajo: “No se gana todos los días, pero detrás de cada carrera hay mucho trabajo que no se ve. Y que te reflejen en periódicos, revistas, televisión… al final es un reconocimiento que le gusta a todo el mundo. A mí, y a cualquiera”, comenta el zamorano.

Desde luego, la victoria en la etapa reina del Tour de Turquía, el pasado mes de abril, fue toda una confirmación para él. Y, como su crecimiento en el ciclismo, tampoco fue casual. “La intención de ganar la llevaba. Es más, había estado pensando en esa etapa todo el año. Lástima que en un día de abanicos perdí opciones de ganar la general, porque eso sí que hubiera sido un bombazo”, evoca sobre el mejor momento, por resultados, de su temporada.

Ante todo, asegura que se lo toma “con mucha tranquilidad” y consciente de la edad que tiene y lo que le queda por andar. Además, no coincide con la visión tan apocalíptica del ciclismo español que existe actualmente: “Es difícil que salga un Valverde, porque con esa clase sólo sale uno. Pero creo que sí hay corredores jóvenes que van a ser muy buenos. Además, a veces esos ciclistas están supeditados a otros más veteranos cuando a lo mejor necesitan empezar a volar solos. Es complejo, pero no creo que falte calidad”.

También comparte su preocupación por el ciclismo base, aunque prefiere tomarlo con optimismo. Y es que, por primera vez en muchos años, parece que la tendencia es que el número de licencias en su Castilla y León natal empieza a aumentar de nuevo entre los más pequeños. Un soplo de aire fresco. En cualquier caso, Jaime quiere aportar lo antes posible su granito de arena: “Antes en Zamora, sólo Zamora, había varias escuelas. Hoy hay una con cuatro o cinco chavales. Ojalá yo un día sea un referente y pueda hacer que los niños se animen a montar en bici. No sólo por competir, sino por este deporte en general”.

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Infortunio en la Vuelta

La Vuelta a España de Caja Rural no está siendo precisamente un camino de rosas. Caídas, lesiones, enfermedades y pocas opciones reales de ganar etapa. Precisamente Rosón es uno de los que mejor está rindiendo, igual que un Pardilla que se acerca al de sus mejores tiempos. “Yo todavía no me he caído, toco madera. Pero en Lagos, por ejemplo, se cayeron cuatro compañeros. Nos está costando pillar fugas, por otra parte. Pero esperamos darle la vuelta a esto en lo que queda de carrera”, dice confiado.

Una carrera que está descubriendo ahora y que admite que le gusta. Incluso asegura que le parecen atractivos los recorridos que plantea la ronda española: “Concentran mucha dureza al final de las etapas. Luego hay días que figuran como llanos, pero te puedo asegurar que luego te encuentras cada cuesta por ahí… que de llano no tiene nada. A mí me gusta el trazado, yo lo veo bien”.

La Vuelta se interna ahora en el díptico pirenaico, con las miradas centradas en el Aubisque. “Cuidado con Formigal que es muy corta, se irá rápido y la gente estará muy castigada”, avisa. En cualquier caso, Jaime Rosón espera terminarla como la ha empezado. Con fuerzas, con la capacidad de ligar alguna fuga más y con la mochila llena de un montón de lecciones. Pero no de ciencia política y administración pública, que ya las tiene bien aprendidas, sino lecciones de las que da la carretera. Esas que separan a una promesa de una realidad. El tiempo dirá, pero de momento ha cogido el buen camino