La primera semana de noviembre suele estar marcada en rojo en el mundillo ciclista, pero no por lo deportivo. Es cuando la UCI publica su lista de equipos con licencia concedida para el World Tour y para la división Continental Profesional. Para la inclusión, el organismo regulador de este deporte se guía por una auditoría de la empresa Ernst&Young, y actúa según el dictamen que ésta emita. Aunque el listado de los admitidos y excluidos aún no es oficial, los equipos sí lo saben ya.

Y la sorpresa llega desde Sudamérica. El equipo Funvic Soul Carrefour brasileño anunció ayer que competirá en la división Continental Profesional. Un salto de nivel en su proyecto, que se cuela en la elite y que tiene mucha más importancia de la que pudiera parecer en un principio. En primer lugar, porque se erige en el mejor equipo de toda Latinoamérica y cubre el hueco que dejó la desaparición del Team Colombia. Pero hay muchos más factores que hacen de este sorprendente movimiento –lo han llevado con absoluta discreción, hasta el punto de no haber rumorología alguna- un hecho de gran interés en el ciclismo.

Funvic, cuyo nombre son las siglas de Fundación Universitaria de Vida Cristiana, lleva desde el año 2010 operando como equipo continental. Esta ha sido su sexta temporada en las carreteras, y para el público europeo es prácticamente una escuadra desconocida. Su mayor éxito ha venido por parte del argentino Daniel Díaz, que se llevó el Tour de San Luis este 2015, y que ha dado el salto de nuevo a Europa en el Delko-Marseille francés para la próxima temporada.

Buena parte del salto se debe a la implicación, cada vez mayor, del empresario brasileño Joao Pablo Diniz, gran amante del deporte –de hecho ha participado en varias carreras de gran fondo y algunos Iron Man- el actual cabeza de una familia de gran tradición empresarial. Su abuelo comenzó a mediados del siglo pasado a construirla y él la ha diversificado con el grupo de empresas Componente. Entre los diversos sectores que toca, el deporte. Y especialmente la bicicleta. De hecho, su fábrica Soul Bikes fue la puerta de entrada al equipo en 2012. Una relación que se ha hecho fuerte hasta cristalizar en esto.

Pero este paso adelante también es muy simbólico, en el sentido de que refleja el crecimiento de Brasil en los últimos años. Y es que el gigante del Sur es a día de hoy la quinta economía del mundo. La mitad de los multimillonarios de Latinoamérica -45 sobre 97- son brasileños. Un crecimiento que, no obstante, está generando una gran brecha social. Pero ese es otro tema. El hecho es que para convertirse en potencia a nivel mundial, el deporte es uno de los instrumentos. Brasil lo es en el fútbol.

Y ahora entra en la elite del ciclismo. Además, justo el año en que Río de Janeiro supondrá un escaparate para un país que no tiene el estatus olímpico –y, por tanto, deportivo- de gran referente. La presencia del Funvic Soul & Carrefour en la segunda división supondrá un importante empujón para el ciclismo brasileño y su profesionalización definitiva, como ha comentado el mánager Benedito Tadeu Azevedo, apodado ‘el Kid’. Y en un trazado como el de Río, que se prevé montañoso y selectivo, el conocimiento del terreno que tendrán los brasileños será su principal baza. Tal vez, en ese sentido, este movimiento llegue un año tarde ya que sus corredores tendrán poco tiempo para curtirse con los más fuertes del pelotón internacional, de los que casi ninguno fallará en la cita olímpica.

El calendario y la plantilla aún están por definir. También se anunciarán pronto los patrocinadores, donde por cierto la continuidad de Carrefour puede ser vital para que el equipo gane presencia en Europa. Pero el paso ya está dado. Latinoamérica no se va a quedar huérfana de equipos profesionales, sólo que ahora el centro se traslada. Colombia, con la mejor generación de ciclistas de su historia, se queda sin equipo –ahí hay cierto paralelismo con la situación española de los últimos años- y deja paso a Brasil. El gigante sudamericano ha llegado, y puede que para quedarse, también al ciclismo.