Dos sucesos en apenas 24 horas sirven para poner de manifiesto el curioso caso de un país donde la cultura de la bicicleta está enormemente desarrollada, pero que en lo que se refiere a ciclismo profesional ha ido en claro retroceso. Hablamos ni más ni menos que de Alemania. El pasado lunes se anunciaba la suspensión de la Bayern Rundfahrt –Vuelta a Bavaria- y ayer mismo el Tour de Francia hacía oficial que saldrá desde Düsseldorf en 2017.

Primero la mala noticia llegó el lunes, cuando el director de la carrera Ewald Strohmeier anunció que daba por finalizados los intentos de lograr los 300.000 euros que faltaban para cubrir el presupuesto, tras la marcha de su principal patrocinador. Ahora la organización trabaja, ya con más calma, para poner en funcionamiento la carrera de nuevo en 2017 y que la despedida sea sólo un corto paréntesis.

No había pasado un día entero desde el amargo adiós cuando ASO confirmaba que, 30 años después, el Tour de Francia saldrá desde la ciudad germana de Düsseldorf. El próximo 14 de enero habrá una rueda de prensa donde se desvelarán todos los pormenores de la etapa. Sin duda, Alemania se va a convertir en centro de atención del ciclismo mundial en 2017. Pero la situación actual del ciclismo en el gigante europeo es la de un claroscuro constante.

Crisis suave

A diferencia del resto de Europa, especialmente el Mediterráneo, Alemania ha sido probablemente la economía a la que menos ha afectado la crisis económica de los últimos años. En general, aunque los ritmos de crecimiento se han frenado, la situación no ha sido ni mucho menos tan dramática como los casos de España, Italia, Portugal o Grecia.

Con el tejido empresarial e industrial más importante del continente y una gran cultura de la bici como medio de transporte y el ciclismo como deporte, lo cierto es que en los últimos años no se ha producido un aumento de patrocinios en los equipos, que más o menos se han podido mantener sin grandes desapariciones, pero tampoco han aparecido estructuras nuevas.

Tres en la elite

Alemania es uno de los 13 países que tiene presencia en el World Tour a través del Giant-Alpecin. También hay otras dos escuadras en Profesionales: el Bora-Argon 18 y el recién nacido Stölting Service Group, que se queda también en la Segunda División pese a la ruptura con Cult Energy y sube desde Continental.

Son números que entran dentro de la media, pero sí que sorprende que un país como Italia mantenga cuatro escuadras en Segunda, el doble que los germanos. En cualquier caso, la llegada de Stölting supone un crecimiento importante y será desde luego una oportunidad para muchos jóvenes talentos alemanes. Además de todo esto, también están el Canyon femenino y cinco equipos continentales para 2016.

Sin calendario

Hablamos, pues, de un total de ocho estructuras profesionales. Pero todas ellas tienen la obligación de salir del país para correr. Y mucho más tras la suspensión de la Bayern Rundfahrt. El calendario está completamente desierto hasta mayo, y para los profesionales apenas quedan cinco días de competición, sin una sola vuelta por etapas, aparte de los Campeonatos Nacionales. Lo más brillante del maltrecho almanaque germano es la Vattenfall Cyclassic, único día World Tour en todo el año en el país teutón.

De hecho, es curioso pero a día de hoy el calendario femenino tiene 10 días, mientras que el masculino apenas tiene cinco, además del Tour de Berlín, una vuelta 2.2U de tres etapas. Sí aguantan dos vueltas por etapas del Men Junior y un par de critériums. Hasta aquí. Si lo comparamos con países vecinos de Centroeuropa como Francia o Bélgica, lo cierto es que no hay color. Incluso en España, salvo por la ausencia de pruebas junior en el calendario UCI, hay muchas más posibilidades. Sin duda, es algo que llama muchísimo la atención y no se corresponde en absoluto con el amor que los alemanes sienten por la bici. Pero todo tiene una explicación.

Errores del pasado

Y no es otra que la actual generación de corredores está pagando los tiempos oscuros de la pasada década. Alemania es un país donde la mentalidad colectiva concede mucha importancia a la imagen, y la credibilidad cuesta mucho ganarla pero se pierde en un suspiro. En este contexto, los escándalos de dopaje vividos desde finales de los 90 y hasta 2008 tuvieron un impacto importantísimo en toda la sociedad germana.

Por poner varios ejemplos, el Deutschland Rundfahrt o Vuelta a Alemania, el gran buque insignia del país que coincidía en el calendario con Dauphiné y la Vuelta a Suiza, acabó por ser suspendido. También las televisiones estatales decidieron dejar de emitir el Tour de Francia. Y el motivo de la suspensión fue un positivo del que por entonces era una promesa teutona como Patrick Sinkewitz. “No podemos difundir una prueba con equipos y corredores sobre los que planea la sombra del dopaje”, dijo el director de ZDF, la televisión pública alemana.

Y tras ocho años de apagón –no les ha importado en absoluto estar todo ese tiempo sin difundir la carrera ciclista más importante del mundo-, 2015 fue el primero en el que la Grande Boucle volvió a las casas de los alemanes. El siguiente paso será la salida desde Düsseldorf en 2017. En ASO saben muy bien que el mercado alemán puede recuperarse muy rápido porque la capacidad económica la tienen.

Ídolos caídos, nuevos referentes

Son varios, además de Sinkewitz, los ídolos que los alemanes han bajado de los altares en esos años turbios. Toda la estructura del equipo Telekom, después T-Mobile, que terminó saltando por los aires, con Jan Ullrich a la cabeza. El gran ídolo nacional, ganador de un Tour y segundo en otras cinco ocasiones, fue vinculado a la Operación Puerto en 2006 y su equipo no vaciló: lo expulsó del Tour un día antes de que comenzara. Una ronda francesa en la que, además, era máximo favorito tras la retirada de Armstrong. También Erik Zabel confesó en 2007 que se había dopado entre 1996 y 2003. Los dos grandes iconos de los 90 y los 2000 han quedado fuera del Olimpo para los alemanes.

Pero otros ciclistas sobre los que no planea sombra alguna han ocupado su lugar. Marcel Kittel y Tony Martin son la punta de lanza de esa nueva generación, que cuenta entre los más veteranos con André Greipel y también con John Degenkolb o Simon Geschke. Y, sobre todo, llegan valores emergentes como Phil Bauhaus, el flamante campeón nacional Emmanuel Buchmann, Rick Zabel o el poderosísimo Lennard Kämna, medallista sub23 en Richmond ni más ni menos.

Sin duda, el retrato de Alemania en el ciclismo es el de un país que parece salir de una historia de desengaño con el ciclismo, que vuelve a ganar credibilidad entre el público. Sin embargo, siguen sorprendiendo que las luces y las sombras estén tan marcadas, para bien y para mal. En cualquier caso, la capacidad económica germana está fuera de toda duda. El día que regresen, lo vamos a notar todos.