Apenas tiene 20 años, pero poco queda ya de aquel chaval que dejaba la categoría junior para emprender un enorme salto a profesionales en una estructura continental. Y no una cualquiera: el filial de la todopoderosa escuadra de Patrick Lefevere. Allí, primero como Etixx y luego como AWT-Greenway, el granadino Álvaro Cuadros ha pasado sus dos primeras temporadas como profesional, y ahora emprende el camino de vuelta hasta la Fundación Contador, de donde salió a finales de 2013.

Hace apenas diez días que el equipo continental con licencia checa le comunicó que no contaba con él, y no se lo pensó. La semana pasada se hacía oficial su regreso a la Fundación, donde realizará un importante calendario con la idea de que ese camino a profesionales sea, también, de ida y vuelta.

Mucho ha cambiado desde aquella Vuelta a Andalucía 2014 en la que, en la primera etapa en línea, el ciclista granadino tuvo que abandonar la carrera: “El salto de categoría es enorme. Piensa que la carrera más larga en juniors es de 100 kilómetros. Y me encuentro en el debut, en casa y con la presión que me supuso en su momento, un etapón de 200 con cinco puertos”, evoca.

En cualquier caso, Cuadros se fue curtiendo y adaptándose a su nuevo campo de batalla. “Empecé a asomar en la parte final de la temporada, cuando ya asimilaba bien la distancia”. Sus dotes de escalador hacían que, por cualidades, en las pruebas duras ya estuviera delante. Y en este 2015 estuvo a punto de estrenar el palmarés en la Carpathian Couriers Race (2.2U): “Fui tres días como líder, pero lo perdí en la última etapa por tres segundos”. Terminó segundo.

Pero su progresión se cortó ahí. El motivo, un herpes zóster cuando estaba concentrado en Sierra Nevada. Se trata de una enfermedad de virus latente que ataca cuando las defensas del cuerpo están más bajas. Suele afectar a los nervios, aparece sobre el recorrido de los mismos y es muy doloroso: “Me tuve que venir a casa desde Sierra Nevada. Fue a mediados de julio, y me pasé tres semanas parado. Me cortó toda la temporada, y para cuando volví a correr ya estábamos en septiembre. Me fastidió el verano”.

Perder un verano es letal en un equipo que tiene a los mejores sub23 de Europa, es filial de un escuadrón potentísimo como el Etixx-QuickStep y exige resultados inmediatos a sus corredores tengan la edad que tengan. Además, la normativa de equipos continentales obliga a que la nacionalidad más representada en el equipo sea la del país donde tenga la licencia, por lo que la continuidad de un extranjero implica fichar a varios checos. La Fundación Contador se abre como un horizonte de esperanza, y la llegada de Cuadros viene allanada por la marcha de una de sus figuras, Enric Mas, precisamente al AWT de donde sale el granadino.

El buen calendario pesa, claro que sí. Pero también la idea con la que tanto tiempo se ha especulado, e incluso el propio Contador ha insinuado más de una vez: la Fundación podría tener un equipo profesional en 2017: “Aún no es seguro porque es muy pronto. Pero la intención la tienen”, explica Cuadros. Además de la Copa de España, que aún no conoce, las vueltas de verano y las salidas al extranjero serán los puntos fuertes de la temporada. Ronde de L’Isard, Valle d’Aosta, Tour des Ardennes… un programa muy competitivo donde seguirá midiéndose con los mejores sub23 del continente.

Recién comenzados los entrenamientos de pretemporada hace un par de semanas, considera como positivo su primer paso por continentales porque ha mostrado “una progresión” y, sobre todo, se ha vuelto “mucho más regular”. El siguiente reto será bautizarse en las carreras de la categoría elite y sub23 en España. Que no las conoce, pero sus rivales a él sí. Tampoco le preocupa. “Si tengo gas estaré delante. Si no, me ganarán y ya está”. En cualquier caso, su camino de ida y vuelta no acaba aquí. En el horizonte, regresar al profesionalismo en 2017.