Ya se ha presentado la 99ª edición del Giro de Italia, la primera gran vuelta por etapas del año que dará comienzo el próximo 6 de mayo. El lugar elegido para su inicio será la localidad holandesa de Apeldoorn y supondrá la duodécima vez que el Giro toma la salida más allá de sus fronteras –cuarta en los últimos seis años–. El recorrido de la nueva edición de la Corsa Rosa se caracteriza por las tres etapas contra el reloj, una de ellas cronoescalada; más sus cuatro etapas de alta montaña, con final en alto en tres de ellas. Completarán el recorrido siete etapas susceptibles de acabar en sprint masivo y otras siete de media montaña, donde se espera movimiento. 

Tras el éxito del Giro de Italia 2015, los organizadores de RCS Sport van a tener muy difícil mantener el nivel de una carrera que en esta edición llegó a ser considerada “el mejor Giro del siglo”. Para lograrlo han apostado, una vez más, por el modelo que tan bien les ha funcionado en los últimos años y que han llegado a perfeccionar en esta campaña. Dureza, sí; grandes etapas y puertos encadenados en la última semana, también, pero sin llegar al exceso. Ese exceso que en alguna que otra edición había llevado a los ciclistas a un punto de fatiga tan extremo que había acabado por quitar brillantez al espectáculo.

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Un total de 3.383 kilómetros y un desnivel acumulado de 42.200 metros.

El recorrido:

Para empezar, tres etapas que transcurrirán en torno a la provincia holandesa de Gelderland, con una contrarreloj inicial de 9,8 kilómetros alrededor de Apaledoorn. Las siguientes dos jornadas que completarán el tríptico holandés serán sobre dos perfiles completamente llanos, seguramente marcados por los nervios, la meteorología y los sprints masivos. Ya en Italia, los corredores deberán completar dos etapas sin demasiadas dificultades orográficas, antes del primer final en alto de la carrera, la sexta etapa entre Ponte y Roccaraso (Aremonga). Será la primera oportunidad para poder ver algo de movimiento, aunque todo dependerá del ánimo con el que lleguen los corredores después de cinco jornadas que prometen muchos nervios y tensión dentro del pelotón. El final en sí no tiene demasiada enjundia. Antes de la crono del domingo, aun tendremos oportunidad de asistir al ya recurrente experimento del sterrato, 6 kilómetros de tierra en la última ascensión de la séptima etapa que seguramente den color a la carrera.

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