Es la guerra. Y ahora sí, esto va en serio. ASO, la empresa organizadora más potente del ciclismo, anunció ayer que retira sus carreras del World Tour ante la intención de la UCI de mantener su calendario y, sobre todo, sus medidas para reformar este deporte a nivel mundial. Ese anuncio de la todopoderosa compañía francesa hizo que el estado prebélico que se respiraba desde que comenzasen las negociaciones para la reforma haya pasado a una situación de guerra abierta.

Porque, por más que la UCI insista, el boquete que se le abre es importantísimo. Primero el comunicado de ASO, y horas después otro de Unipublic, confirmaban que todas las pruebas WT –entre ellas el Tour de Francia y la Vuelta a España– de la empresa iban a ser inscritas como HC en el calendario para 2017. O sea, bajar a Segunda División. La UCI ha afirmado que “toma nota”, pero que seguirá con sus reformas. Así que como el asunto es complejo, mejor ir por partes:

Amaury Sports Organisation

Creado allá por 1944 y propiedad de la familia Amaury, ASO es un grupo inmenso en Francia, y no sólo en el ciclismo. Por conocerlos un poco mejor y hacernos una idea de su capacidad, es importante dejar claro que la organización de eventos es sólo una de las bases sobre las que se sustenta su actividad. Pero ni mucho menos la única. Por ejemplo posee el periódico deportivo L’Équipe, principal publicación deportiva de Francia e incluso un canal en la TDT gala, L’Équipe21. Por si esto fuera poco, ASO también es editora de las revistas Velo Magazine y, principalmente, France Football. A muchos les sonará por ser la revista que organiza y concede el Balón de Oro.

El grupo tiene una propia incubadora de empresas llamada L’Amaury Lab, así como la consultora de marketing deportivo Helios y la agencia Photopresse. Y después de todo esto, que no es poco, llegamos a la organización de carreras y eventos deportivos. Pero no sólo en ciclismo. Por ejemplo, ASO es la organizadora del Rally Dakar, del Open de París de golf, el Tour de Francia a Vela y multitud de carreras populares, entre ellas la Maratón de París, la de Barcelona y la Roc D’Azur, una especie de macroconcentración BTT que incluye desde carrera hasta un salón de la bicicleta, que ninguna marca se pierde.

Y ahora vamos a lo que nos ocupa. Este gigante empresarial tiene en sus manos más o menos el 40% del World Tour: París-Niza, Roubaix, Flecha, Lieja, Dauphiné, Tour de Francia y Vuelta a España. También cuentan con presencia en el pujante Golfo pérsico con el Tour de Catar masculino y femenino y el Tour de Omán, la Lieja y la Course femeninas, la Arctic Race de Noruega, Criterium Internacional, París-Tours y el Tour del Porvenir. Pues con esta gente se ha peleado la UCI.

Años de tensión

El asunto viene de lejos. Ambas partes ya llevan batallando casi una década. Ya con McQuaid en la UCI, y ahora con Cookson, la reforma mundial del ciclismo es un asunto que lleva años debatiéndose. El último cónclave tuvo lugar en Barcelona hace poco más de una semana. Pero en los últimos años, se han puesto sobre la mesa muchísimas cuestiones polémicas. Por ejemplo, la idea de reducir a dos semanas la Vuelta a España o incluso el Giro de Italia, que finalmente quedó desestimada en el último borrador.

Pero, por ejemplo, ya en julio ASO hizo una primera amenaza de retirar sus pruebas si la reforma que pretendía la UCI seguía adelante. Como toda guerra, tiene un pretexto que los causantes exhiben como bandera para cargarse de razón, pero el motivo es el puro interés. La excusa ha sido el sistema de licencias por tres años para los equipos World Tour (2017-2019) y la “intención de la UCI de defender un modelo anglosajón cerrado”, poniéndose ellos en el lugar de un criterio “europeo con un sistema abierto donde impere el criterio deportivo”.

Aquí entra otro actor en el conflicto: Velon. Un movimiento de 11 equipos World Tour que nació como una especie de unión comercial, y que ha estado funcionando como lobby. Las licencias por tres años les implicaba estabilidad para sus patrocinadores, y entre sus peticiones destacaba la de obtener al menos parte de los derechos de televisión y merchandising de las carreras. Pero ASO no tiene previsto pasar por ahí. Y esa es la verdadera causa de la disputa.

La empresa francesa tiene una posición dominante en este deporte, como ya hemos visto. Los organizadores, y especialmente ellos, son los grandes beneficiarios del actual sistema y no están por la labor de que mengüe su parte del pastel. Por cierto, entre los equipos de Velon había un tal Tinkov que finalmente ha decidido salir por piernas.

El otro conflicto, con la UCI, viene por la intención que tenía la institución de abrir el calendario World Tour con más pruebas. Y es que hay mercados emergentes que poco a poco se van sumando al ciclismo, mientras que Europa ya no da más de sí, al menos no en lo que a WT se refiere. Tampoco eso interesa a ASO, pues a más carreras lejos de su control, obviamente menor es su peso específico.

Consecuencias

Aún queda un año por delante, que a buen seguro será turbulento. Por el momento, la UCI “toma nota” de las intenciones de ASO mientras se compromete a seguir el camino que tenía trazado, pero su posición no es en absoluto favorable. De momento, el World Tour seguiría vivo en 2017 con las pruebas de RCS –otro 25% de los días del formato actual- y seguro que habrá organizadores que quieran entrar. Pero hay un problema serio.

Si el Tour y la Vuelta bajan a HC, no pueden tener más del 70% de equipos World Tour. Estaríamos hablando de unos 14-15 equipos, con lo que mínimo tres se quedarían fuera. Y aún peor, los invitados estarían a criterio del organizador. O sea, ASO hace y deshace. Y, como dijeron desde la empresa, no les importa la bajada de categoría. Todos los campeones quieren estar en el Tour. Eso es así.

Mira por dónde, en España podría haber equipos beneficiados por la coyuntura. Y es que los continentales pueden correr pruebas HC por invitación. Por lo que Burgos-BH y Euskadi-Murias tendrían opciones de recibir una y correr la Vuelta a España. Sin duda, para ellos sería poco menos que la salvación. Y a buen seguro eso podría ayuda a la creación de otros equipos. Pero aunque los franceses hayan dado el paso, cabe esperar que Cookson, hombre dialogante y que se sabe en posición de desventaja, hable y halle una solución. Así que mejor no lanzar campanas al vuelo.

En cualquier caso, el órdago está lanzado. Queda un año tenso en lo diplomático. La guerra está abierta y veremos qué ocurre en 2017. El World Tour queda herido, y sabe que sin el Tour será difícil sobrevivir. Al menos, para el gran público.