Ha pasado más de mes y medio desde que la UCI solicitó a la Comisión de Licencias, órgano independiente y pertinente, que revisara el estatus World Tour de Astana tras una ristra de casos de dopaje que propició un escrutinio por parte de una universidad suiza al funcionamiento interno de la escuadra. Algo más de un mes desde que el director kazajo Dimitri Sedoun, responsable del fenecido filial Continental, dijera a Cyclingnews literalmente: “Seguimos como siempre. Nada ha cambiado [dentro del equipo]”. Unas cuatro semanas desde que el diario neerlandés De Telegraaf saltara la liebre avanzando en primicia que Astana iba a perder su licencia World Tour y tendría que registrarse como Continental ante la federación del país centroasiático.

Se equivocaba. Ayer tuvo lugar la reunión final entre Comisión de Licencias, Astana, UCI e ISSUL (Instituto de Ciencias del Deporte de la Universidad de Lausana) y, según anunció por la noche la propia UCI, la licencia World Tour de Astana seguirá en vigor. La escuadra kazaja será sometida a una “estrecha vigilancia” y tendrá que seguir “medidas especiales” propuestas por el ISSUL. Pero se mantiene. “Ahora nuestra prioridad es seguir compitiendo”, cerraba Astana el comunicado en el cual ratificaba su conformidad con la decisión de la Comisión de Licencias y su compromiso de cumplir todos los aspectos de su dictamen.

Quedamos pendientes de leer las particularidades de dicho dictamen (“la decisión razonada será publicada a su debido tiempo”), y de valorar por tanto si éste movimiento que libra a Astana de pagar con el mayor castigo por los numerosos casos de dopaje acaecidos en su seno es el más adecuado. Sí podemos concluir que es el más pragmático. Ahorra escándalo y ahorra el esperpento de que una federación internacional eche de primera división a un equipo a mitad de temporada. También ahorra un dineral en abogados: un ciclista del equipo, Jakob Fuglsang, estaba dispuesto a demandar a la UCI si le dejaba sin “puesto de trabajo”; el Giro d’Italia podía buscar “daños y perjuicios” si volvía a encontrarse con “la situación de 2011”, cuando la lentitud de la justicia deportiva generó un campeón al que luego se le arrebató el triunfo; y luego estaba la potencial denuncia de Astana ante todos los tribunales habidos y por haber en busca de una suspensión cautelar que le permitiera terminar la temporada en paz.

Mientras tanto, en torno al equipo celeste estos días se han multiplicado los comentarios por dos motivos íntimamente relacionados. El primero, el buen estado de forma de Vincenzo Nibali y la sensación del director Giuseppe Martinelli de que “si hay un año para intentar el doblete Giro-Tour, es éste”, que estimuló un artículo en la Gazzetta sobre una posible participación de ‘lo Squalo’ en la ‘corsa rosa’. El segundo, la joven estrella sarda de Astana, Fabio Aru, líder designado del equipo para la gran ronda italiana, que se saltó esta semana el Giro del Trentino acusando una fuerte gastroenteritis que le había hecho “perder cinco kilos en cuatro días”.

Esta circunstancia desató ayer las iras de Greg Henderson, que volcó anoche en Twitter unas acusaciones inusualmente directas contra Fabio Aru. “Triste ver a @fabaro1 [sic; la cuenta de Aru es @FabioAru1] ‘enfermo’. Colega, la próxima vez vienes ‘sano’, es decir, ¡limpio! #pasaportebiológico ¡O no vuelvas! Estoy harto de esto. Si se convierte en vox pópuli en unos días, ¿por qué intentar hacer trampas?”, escribió el ciclista neozelandés de Lotto Soudal. Esta por ver si la realidad respalda sus contundentes insinuaciones, de las cuales se retractó a la mañana siguiente.