Proponemos tres altimetrías de la provincia castellonense, incluida la inédita Mas de la Costa, último descubrimiento empinado de la Vuelta. Con la colaboración de Ziklo.es

Pocos aficionados saben que Castellón, provincia costera por antonomasia, es en realidad una de las más montañosas de España. No hay que alejarse en exceso de su capital para encontrar un sinfín de puertos, no expecialmente duros pero sí de gran belleza y que podemos encadenar fácilmente. Precisamente Castellón es la sede del primer stage ciclista que organizan los compañeros de Ziklo este año. En esta entrega de altimetrías, publicamos el conocido Desierto de las Palmas con el añadido de Monte Bartolo, además de Mas de la Costa, último y empinadísimo final incorporado a la Vuelta 2016. El tríptico se completa con la larga y suave ascensión a Vistabella del Maestrat.

Desierto de las Palmas – Monte Bartolo
La elección por parte de la Orden del Carmen de este lugar privilegiado sobre La Plana castellonense como lugar de asentamiento de uno de sus “Desiertos” –lugares deshabitados y apartados del mundanal ruido– nos ha otorgado a los aficionados a la bicicleta la ocasión de disfrutar de uno de los más bellos enclaves de la Comunidad Valenciana. Los casi 8 km hasta acceder al Monasterio Nuevo han sido escenario de diferentes episodios ciclistas en la Vuelta, considerados como un puerto de 2ª categoría. Y, en efecto, se trata de una subida muy llevadera y atractiva en la que se va ganando paulatinamente en altitud y vistas sobre el Mar Mediterráneo, mientras vencemos primero un trazado rectilíneo que se adentra en el barranco de la montaña y, posteriormente, una serie de herraduras que nos permiten superar su ladera hasta que llegamos a un collado. Todo ese tramo de la subida vamos a sentir la compañía de numerosos colegas de afición, protegidos todos por los carteles de “Respeto a los ciclistas” que ya quisiéramos encontrar en otras rutas.

 

La vegetación y los bancales escalonados dan el toque mediterráneo a nuestro pedaleo, todavía placentero, hasta alcanzar un descanso poco antes del Mirador sobre el Monasterio Viejo, de finales del siglo XVII: desde ahí el llegar al construido cien años más tarde y aún en uso será coser y cantar. La cadena que marca el inicio del calvario bien puede convencer a los menos animosos para no seguir adelante. La pista que acabamos de tomar es ya muy estrecha y el estado bastante lamentable de su asfaltado aumenta la ya de por sí tremenda dureza de la escalada. Cuando consigamos, si lo hacemos, llegar al punto donde podemos leer en el suelo una pintada que indica un 28%, no nos va a consolar saber que apenas supera el 20%, porque bastante tendremos con apretar de lo lindo sobre los pedales si no queremos perder la vertical. Dejando una antena a la izquierda entramos en la última recta del infierno, en la que el suelo aún se estropea más para dar paso a la Ermita de San Miguel Arcángel, del siglo XVIII y con unas vistas magníficas de las que sólo nos veremos privados en los días de niebla, que no escasean en estas alturas. A pocos metros de este lugar es donde realizaba penitencia en una cueva el fraile Bartolo, que ha dejado su nombre a este paradisíaco entorno. A nosotros nadie nos va a poder exigir más penitencia que la que nos ha supuesto el llegar hasta aquí.

Con la colaboración de Ziklo y Altimetrías de Puertos de Montaña