| El reto desde la furgoneta |
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| Por Javier Bilbao | |
| martes, 08 de abril de 2008 | |
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Javier Bilbao acompañó a Julián Sanz durante su reto de completar el Camino de Santiago en 24h. Su crónica del viaje es un valioso testiminio que nos ayudará a valorar el mérito de experiencias como ésta. El tiempo final con el que Julián Sanz cubrió el Camino de Santiago desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela fue de 27 horas y 24 minutos (teniendo en cuenta que llegó hasta la plaza del Obraidoiro y el año pasado acabó en el monte de O Gozo, ha recortado casi una hora respecto al pasado año pasado). Creo que esa marca se puede rebajar más, hasta las 26 horas. Pero después de ver todo el recorrido, 24 horas me parece imposible para cualquier ciclista. En cuanto a la experiencia, fue una gozada y muy gratificante, aunque muy cansado (46 horas seguidas prácticamente sin dormir). La salida Salimos de Roncesvalles a las 10h. Un equipo formado por dos furgonetas de apoyo con cinco personas (a lo largo del camino se incorporarían tres más: una en Logroño y dos más cerca de Astorga) más el protagonista Julián Sanz. La primera furgoneta va por delante. Lleva un ordenador y el GPS con el recorrido y va avisando de cualquier cosa rara que podamos encontrar a nuestro paso (cruces conflictivos, poblaciones, etc.), además de ir haciendo el reportaje gráfico con el que van actualizando la web e informando a la prensa. También hace la cobertura a la segunda furgoneta cuando es necesario. La segunda furgoneta va pegada al ciclista y da el apoyo logístico: comida, ropa, instrucciones, novedades, ánimos... yo iba en ésta. Julián estuvo rodando durante unas 15 horas, unos 500 km por encima de 33 kmh, adelantándose a las previsiones. Pero a partir de Astorga, el perfil se complica mucho; era de noche, las carreteras están mal asfaltadas y los puertos se encadenan. Hay que llegar con mucho margén porque aquí la media baja mucho. Primer bajón Tras subir el puerto de la Cruz de Ferro, Julián tuvo un bajón importante, con un ataque de sueño bastante largo. Nos costó bastante recuperar y allí perdimos un tiempo precioso (éste es el margen de rebaja de tiempo que he mencionado). Esta parón nos sorprendió porque Julián tiene muy ensayado rodar durante 24h sin dormir y en ese momento llevábamos 19 horas.nTras pegar un par de cabezadas en la furgoneta (la primera de cinco minutos, la segunda de diez), Julián se rehizo como el campeón que es y de aquí al final mantuvo de nuevo un ritmo más que aceptable. La meteorología fue muy buena: sin viento y sin calor (mucho frío por la noche y al amanecer). Los pasos por las poblaciones importantes (Pamplona, Logroño, Burgos, Astorga, Ponferrada y Santiago) los hacíamos escoltados por la Policia Municipal que nos habría paso cortando calles y dándonos preferencia en semáforos y rotondas. Esos momentos son de un subidón de adrenalina importante. Cruzar una ciudad como Logroño o Burgos, en hora punta de esta manera justifica por sí sola la experiencia. Sobre las 24h Bastante gente me ha comentado que es una pena no haber conseguido recorrer el Camino en esas famosas 24 horas. Cuando a Julen se le ocurrió este reto, puso 24 horas por ser una cifra redonda. No hizo ninguna valoración ni de la distancia, ni del recorrido, ni había ninguna referencia del tiempo que se podía tardar en completar el recorrido (los de la SC de Castro habían tardado sobre 24 horas a relevos entre cinco o seis ciclistas). Como el año pasado sufrió un fuerte viento en contra durante gran parte del recorrido, acabando en 28 horas, Julián seguía con la duda de si era posible rebajar esas cuatro horas en condiciones más favorables. Este año hemos comprobado que el objetivo de 24h no es real. Desde luego, Julián no puede sentir la más mínima decepción por no haber logrado ese tiempo, ya que lo conseguido por Julen es una gesta digan de un superhombre. Como muestra os doy una dato: coronó el Alto del Ferro con aproximadamente 510 km; serían como las 3h de la mañana, es decir, llevaba 17 horas desde la salida de Roncesvalles; como hacía mucho frio, era de noche y la bajada es muy sinuosa, le pedí que parase para ayudarle a ponerse el térmico y los guantes... pues bien, en ese momento era la primera vez que Julián Sanz apoyaba un pie en el suelo desde el momento de la salida. Ni para comer, ni para mear, para nada, no paró absolutamente para nada en todo ese tiempo... ¡Sin duda alguna, todo un campeón! Más información: www.juliansanz.com.es |










