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La Etapa del Tour Imprimir E-Mail Compartir
Texto y fotos: Javier Sánchez-Beaskoetxea   
martes, 17 de julio de 2007
Muchas veces se dice de la Quebrantahuesos que es el Tour de los cicloturistas. Bueno. Para muchos puede que sí, pero para los que hemos podido hacer algunos años La Etapa del Tour cicloturista no nos cabe duda de que el Tour para los cicloturistas es esta marcha que desde hace ya quince ediciones organiza el propio Tour de Francia.

Este año se ha celebrado la 15ª edición de La Etapa del Tour

Un recorrido diferente cada año, siempre sobre el mismo recorrido de alguna de las etapas más importantes de cada edición del Tour. Mucha, mucha gente. Tanto sobre la bicicleta (8.000 participantes) como en la cuneta de todos los puertos y al paso por todos los pueblos. Este año el recorrido trancurría por los Pirineos y se afrontaba la etapa entre Foix y Loudenvielle con 198 kilómetros muy duros. Está claro que en Francia hay una cultura del Tour que hace que para nuestros vecinos del norte esta carrera sea un patrimonio cultural, y todo lo que tiene que ver con el Tour engancha con todo el mundo, niños y mayores, practicantes del ciclismo o sólo aficionados a verlo.

Zona de guardabicis cerrada para los participantes en el village de la marcha

En esta ocasión fue de nuevo gracias a Giant Ibérica el que pude participar en “L’Étape du Tour”, pues es casi imposible inscribirte si no resides en Francia (salvo que lo hagas a través de las agencias de viaje oficiales). Giant es uno de los patrocinadores de esta marcha, y todos los años acude con un equipo de personas formado por gente de la empresa de toda Europa, distribuidores y periodistas especializados. Este año el equipo lo formábamos integrantes de Holanda, España, Francia, Inglaterra y Alemania, o sea cinco equipos más uno de periodistas. Y con nosotros, como estrella invitada, el siempre dispuesto Abraham Olano, quien junto con su simpática mujer, Karmele, iban a ser los líderes del equipo hispano.
El domingo previo a la marcha lo dedicamos a probar y a ajustar las bicis con las que íbamos a participar, haciendo un pequeño recorrido de un par de horas en el que no faltaron algunos esprints y demarrajes que ya nos hacían ver las prestaciones profesionales de nuestras ligeras Giant. Después de comer fuimos al Village a ver la etapa del día del Tour y a dar una vuelta por la feria. Tras unas risas y buen humor tocaba ya ir a dormir, pues a las cinco de la mañana salía el autobús que nos dejaría en la salida de Foix.

Esta es la máquina con la que sufrí las duras rampas del recorrido

Sueño
Con bastante sueño y algo de nervios estábamos a las 6:30h de la mañana en el primer cajón de la salida (es una de las ventaja de ir con los VIPs). El tiempo era bueno y así iba a seguir todo el día, aunque con algo de bochorno en algunas zonas y viento molesto en otras. A la siete en punto comenzamos a pedalear. La salida se hizo rápida, pero no con ese nerviosismo y estrés propio de la Quebrantahuesos, donde muchos van con la referencia de bajar su tiempo y se rueda a tope desde el primer metro. Aquí, como el recorrido es diferente cada año, no hay esa obsesión por bajar una marca, aunque los primeros disputan la etapa como si fuese una competición profesional.
Yo me encontraba bastante bien, a pesar de no estar en demasiada forma por una lesión de rodilla que me había impedido hacer las marchas de junio que tenía previstas, con lo que mi única marcha de este año ha sido, por ahora, ésta. Pero mi cabeza no dejaba de pensar en el desarrollo que habían puesto en mi bici, un 39x25, claramente insuficiente para mí, acostumbrado al triple plato. William, el mecánico, me había dicho que yo era como un “profesional”, y que con ese desarrollo me bastaría, y por mucho que le insistí en que profesional sí, pero esprinter, y que Tom Boonen seguro que irá el 23 de julio (día de esta etapa para los profesionales) con un desarrollo más cómodo, no me buscó otra rueda.
Poco después de la salida ya tuvimos que pasar dos fuertes repechos, y cuando comenzó el Col de Port, en teoría no demasiado duro, ya iba viendo que iba a andar corto de desarrollo en los puertos siguientes. Pero bueno, como decía William, uno es un profesional y se adapta a las herramientas que tiene para hacer su trabajo, y fui subiendo lo más reservón que pude el Col de Port, desconocido para mí. En la cima saqué unas fotos y comencé un descenso largo, revirado y peligroso, pues aún eran muy compactos los grupos, por lo que bajé más despacio aún que de costumbre.
Tras el descenso tuvimos unos kilómetros cómodos donde chupar rueda en grandes grupos hasta el primer avituallamiento. Después venía un terreno que poco a poco iba picando para arriba hasta comenzar la subida al corto, pero duro, Col d’Aspet.

Momentos previos a la salida

En la bajada de este puerto es donde se mató Fabio Casartelli, y justo en la primera curva una ambulancia estaba recogiendo a un accidentado, con lo que no pude olvidarme de los riesgos de la bicicleta. Casualmente entre las personas que señalizaban el accidente me llamaron la atención unos bigotes conocidos. Era él, Roberto Iglesias, organizador de la Quebrantahuesos, que no sé si tendrá defectos, pero desde luego entre sus virtudes está la de tener unas ganas inacabables de echar una mano allí donde se la pidan en el mundo de la bicicleta. Un saludo desde aquí y gracias, Roberto.
Nada más terminar el descenso cogíamos un cruce a la izquierda y sin un metro de descanso comenzábamos la subida al Col de Mente, también histórico pues en una de sus curvas fue donde tuvo que retirarse Luis Ocaña con el maillot amarillo puesto. Salvo el comienzo, Mente es un puerto duro, y mi 39x25 se empeñaba en recordármelo en cada pedalada. Eso sí, el paisaje era tremendamente bello, y el espectáculo de una serpiente multicolor de kilómetros y kilómetros de longitud serpenteando por sus curvas me hizo parar en más de una ocasión a sacar unas fotos (y también para recuperar el resuello, dicho sea de paso). Tras Mente venían unos kilómetros en teoría cómodos, pero el viento soplaba de cara, con lo que se imponía la estrategia de coger un grupo y permanecer a la cola.

Martirio en el Col de Balés
Y así, con algo de cansancio y la preocupación de no conocer un puerto que me había dicho que era muy duro, llegamos por fin al pie del Col de Balés, de 18 km de longitud. Por suerte la primera parte no era muy dura, pero los últimos 12 kilómetros me parecieron terribles. Las rampas del 14 y del 15% se sucedían una detrás de otra, y las rectas y el paisaje me recordaban irremediablemente al Marie Blanque. Y para que fuese más parecido aún muchos subían estas rampas con la bici en la mano, y unos calambres en el glúteo y en el muslo me decidieron a acompañarles. Así que de la zona dura subí unos tres kilómetros con la bici en la mano. Además, a tramos la carretera presentaba brea derretida, y donde estaba asfaltada, el asfalto era tan blando que a ambos lados de la carretera han quedado marcados para siempre cientos de marcas de tacos de zapatillas de ciclistas.
Así, a ritmo de montañero, o a ritmo de cicloturista (que no había mucha diferencia, la verdad) llegué por fin a la cima, donde recuperé un poco. Ya sólo quedaba un descenso largo y precioso por una carretera estrecha pero con un asfalto perfecto y nuevo, y luego la subida final al Peyresourde, un viejo conocido al que, en principio, no temía.
Durante la bajada, en las pocas veces que tenía que dar pedales, vi que mis piernas habían superado el límite y que ya no tenía fuerzas. Hacía muchos años que no hacía una marcha tan dura como ésta (casi 4.500 m de desnivel en 199 km) y casi se me había olvidado lo que es ir arrastrado en las subidas. Al fondo del valle, un aire caliente nos asfixiaba, y de repente, en un cruce pasamos sin más de ir con plato y piñón pequeño a afrontar una rampa al 11%. Ya estábamos en el Peyresourde.

Olano y su mujer Karmele fueron dos de los invitados por parte del equipo Giant

¡Buf! ¡Qué calor! ¡Y qué jodido iba! Me mojé en todas las mangueras con las que nos regaban los lugareños, y me costó más subir esta vez el puerto que cuando lo hice el año pasado con 20 kg en las alforjas. Me acordé de William y de “su” 39x25 en más de una ocasión. Lo único que me hacía pedalear era el saber que después del alto era sólo bajar.
Para colmo, en la última recta soplaba un fuerte viento de cara, como si no tuviéramos bastante. Pero bueno, todo llega a su fin y comencé contento la bajada. Luego un cruce a la izquierda y a Loudenvielle.
Pero...
El más difícil todavía. Antes del último kilómetro teníamos una última subida de más de un kilómetro. No era un puerto, para a esas alturas cualquier cosa me parecía el Tourmalet. Pero por fin pasé el arco de meta, me dieron una medalla y miré el reloj. Tardé 10h42’ en hacer la prueba y estaba completamente agotado, muerto. Fui al camión de Giant y allí estaban Abraham y Karmele, que habían llegado hacía más de dos horas.
Pero bueno, estaba contento. Otra muesca más en mi carrera cicloturista y otra historia para contar. Una ducha, una charlita con los compañeros y la despedida hasta otra ocasión. Pero primero habrá que descansar.

Página web de Javier Sánchez-Beaskoetxea
Web de La Etapa del Tour

 

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