Durante algunos años hemos elaborado varios reportajes sobre la marcha más multitudinaria del cicloturismo español. Para variar y para aportar una visión nueva, en esta ocasión hemos querido mostraros cómo es el centro neurálgico de esta gran marcha que vela por la seguridad de casi 9000 cicloturistas: su Centro de Control.
La Quebrantahuesos empezó allá por 1991 casi como una marcha más, con pocos centenares de participantes que se sorprendían al descubrir algunos puertos desconocidos para la mayoría. Pero en pocos años, los que se contaban por centenares comenzaron a contarse por miles, y controlar todos los incidentes que se pueden dar entre tantos y tantos participantes, que además hacen la mitad del recorrido por Francia, comenzó a ser una labor cada vez más compleja.
Desde hace unos años, la organización centraliza en un Centro de Control todo lo relativo a cómo va la marcha. Que ha habido una caída en el Somport en la que se han visto involucrados seis participantes... Pues en todo momento en este Centro de Control saben qué lesiones tiene cada uno, a qué hospital se han llevado a los trasladados, y comienzan a ponerse en contacto con los acompañantes para explicarles la situación y ayudarles en todo lo que puedan.
Muchos ni se fijarán, pero en la parte trasera del dorsal hay un pequeño cuestionario para que cada inscrito rellene sus datos identificativos y los datos de contacto, además de algunos datos médicos (como alergias a medicamentos, etc.) que ayuden a las asistencias en caso de necesidad. Dediquemos unos minutos a rellenarlo, pues puede ayudarnos a salvarnos la vida.
El hombre clave
José Antonio Ferrer es la persona de la P.C. Edelweiss responsable de que todo funcione, y desde las 5:30h de la mañana del día de la marcha está al pie del cañón coordinando que todos los organismos competentes, tanto de Francia como de España, funcionen como un reloj. Desde su mesa sabe en todo momento el estado de los accidentados, dónde va la cabeza de la marcha y dónde están los últimos, y todo lo que importa saber para que un gran evento deportivo de masas, como es la QH, responda cómo debe responder ante cualquier eventualidad. Este año, según me cuentan, no han tenido excesivos problemas. Por supuesto que ha habido caídas, y algunas de ellas importantes, pero no ha sido una edición complicada en este aspecto, como quizás sí la fue la del año anterior.
En fin. La organización, como vemos, pone todo de su parte para que la seguridad de los participantes sea la mayor posible. Pero, eso sí, por muchos Centros de Control, por muchos voluntarios, por mucha infraestructura que haya, los últimos responsable de la seguridad somos los participantes, cada uno de nosotros. De nada sirven mil ambulancias y mil personas controlando la seguridad si después un participante no hace caso a las recomendaciones y decide descender a tumba abierta y por la izquierda.
Disfrutemos de la QH, sí, pero con la seguridad de poder seguir disfrutando de la bici al día siguiente también.