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Luchon-Bayona 2006
Texto: David Suárez - Fotos: Nacho Vaquero   
sábado, 28 de abril de 2007

Participar en una ciclomarcha en Francia es una experiencia altamente recomendable. La Luchon-Bayona era una buena oportunidad para conocer de primera mano cómo viven al norte de los Pirineos eso del cicloturismo.

El mítico recorrido de esta marcha, que incluía puertos como el Aspin y el Tourmalet, era el aliciente inicial para embarcarnos rumbo norte... pero enseguida nos dimos cuenta de que había muchos más alicientes. Partimos de Barcelona el 9 de junio animados y convenientemente aconsejados por nuestro responsable de cicloturismo. En efecto, Javier Sánchez-Beaskoetxea nos explicó en varias conversaciones telefónicas en qué consistía la Luchon-Bayona –una marcha que él había realizado hacía unos años– advirtiéndonos de su dureza y dificultad.

En un principio, esta marcha se hace cada dos años –en los años impares– con lo cuál para este 2006 no debería haberse celebrado. Pero, la Federación Francesa de Cicloturismo, la había incluido en un circuito de Brevets des Cimes Françaises, una especie de challenge no competitiva de recorridos largos de alta montaña.  De este modo, aprovechamos la ocasión para conocer de primera mano cómo era eso que llaman "cicloturismo a la francesa". Para ello formamos un grupo compuesto por nuestro responsable de pruebas, Gonzalo Vilaseca, otro de nuestros probadores habituales, Jorge Puig, y el que suscribe, acompañados por la insuperable aportación fotográfica y logística de Nacho Vaquero.

En Francia
Nada más aterrizar en Luchon, en pleno corazón de los Pirineos entre el Portillón y el Peyresourde, descubrimos que esta prueba no era cosa de niños. Y es que lo primero que nos llamó la atención fue la media de edad de la gran mayoría de los participantes, muchos de los cuales nos doblaban seguramente los años. Tras presentarnos convenientemente y recoger nuestras acreditaciones, guardamos las bicis en un cuarto trastero que en invierno sirve para almacenar esquís. La sede de la marcha era un albergue al más puro estilo francés, en el que sobraba el enmoquetado de las paredes y los cuartos de baño no eran una prioridad del constructor. Por otro lado, el ambiente era puramente ciclista y de mucha camaradería. La cena tempranera y comunitaria y la gran cantidad de ciclistas españoles –sobre todo vascos–, ayudaron a que nos encontráramos bastante a gusto.

La mañana del sábado 10 de junio nos tocó madrugar mucho. El despertador sonó a eso de las cinco y media de la madrugada. Aunque la salida no era única, sino que se había establecido un horario a partir del cuál se podía iniciar el recorrido, todo el mundo quería apurar para salir lo antes posible. De ese modo, nos encontramos un poco embotellados a la hora de un desayuno que resultó más consistente de lo que habíamos imaginado en un principio. Tras unos últimos preparativos, salimos un poco rezagados hacia las siete y media y enseguida nos encontramos con las primeras rampas del Peyresourde.

El día era nublado y amenazaba una lluvia que se concretó a mitad de la ascensión. Lo bueno de la meteorología era que el cielo tapado mantenía una temperatura agradable y que en lontananza la cosa pintaba mejor cuando mirábamos al oeste, hacia donde nos dirigíamos. Tras una bajada sin complicaciones, iniciamos la subida al Aspin, la segunda dificultad montañosa de la jornada. Personalmente, este fue el puerto que mejor subí, ya que tanto sus rampas como su situación en el itinerario favorecían a mis características escaladoras (por decir algo). En la cima del Aspin –como anteriormente en la del Peyresourde– había mucha gente. Allí se estableció el primer avituallamiento del recorrido y el primer puesto de control en el que había que sellar la credencial que nos habían dado en la salida. Hay que decir, que en general, nos llamó la atención la abundancia tanto en líquidos como en alimentos de la mayoría de avituallamientos.

Señor de las montañas
Ya durante el descenso iba pensando en él. Y es que el año pasado, siendo neófito, logré superarlo por su otra vertiente, desde Luz Saint Sauver. Sin embargo, desde este lado, desde Campan, se me hizo imposible, fue como si la montaña hubiese crecido en unas horas. Sabía que era la piedra de toque del recorrido, el auténtico reto montañoso entre Luchon y Bayona. El Tourmalet. Mirando su desnivel una y otra vez he llegado a pensar que es un puerto diabólico, por su progresión casi perfecta: desde sus iniciales kilómetros al 4 por ciento hasta sus últimos tramos al 10 por ciento, el desnivel crece poco a poco y sin descanso. En cada kilómetro sientes como si alguien estuviera dando una vuelta de tuerca más al garrote de tu sufrimiento. No hay rampas descomunales, ni un breve descanso. Es difícil entender cómo tanta precisión puede ser obra del azar.

Empecé a subir el gigante de los Pirineos a buen ritmo y con buen ánimo. Pero, cuando la carretera cambió de ladera, a falta de 8 km, me di cuenta de que, de nuevo, aquel puerto no se iba a dejar vencer sin exigir un alto peaje. Y a fe mía que lo pagué. Llegué a la cima exhausto, acompañado por Gonzalo y a la par de un cicloturista que, combinando el pedaleo y la marcha a pie, subía al mismo ritmo que yo. A mi segundo intento pude vencer al Tourmalet desde Campan, pero en ello casi se me parte el corazón. Lo que aprendí fue sencillo: nunca le pierdas el respeto a un puerto así.

La bajada hacia Luz Saint Sauver fue plácida. Allí buscamos un lugar donde comer. Tras media hora de descanso, retomamos la marcha hacia Argelès-Gazost, desde donde iniciaríamos la ascensión al Soulor y después a la parte final del Aubisque. El tramo de llano se hace bien a rueda, pero en cuanto giras a la izquierda en Argelès-Gazost –para iniciar el ascenso del Soulor– te das cuenta de que este puerto, de menor fama, no es ninguna tachuela. Los primeros cuatro kilómetros transcurren por encima del 7 por ciento y, tras unos kilómetros de llano, nos enfrentamos a los ocho kilómetros finales que transcurren sin descanso entre el 7,5 y el 9,5 por ciento.

Alcancé la cima del Soulor hacia las 16h de la tarde. Por suerte, ya nos quedaba poco para llegar Gourette, donde habíamos previsto pasar la noche. En un principio, la Luchon-Bayona entra dentro de las marchas tipo brevets, de larga distancia y en las que está previsto el pedaleo nocturno. De hecho, muchos participantes (curiosamente los de más edad) optaron por no parar a dormir y hacer los 320 km seguidos. Algunos incluso nos trataron de convencer la noche anterior de las maravillas de la marcha nocturna y el amanecer sobre la bici. Ajenos a estas sutilezas, optamos por pasar la noche en un hotelito al poco de iniciarse la bajada del Aubisque. La jornada había sido muy dura para mí. Tanto el Tourmalet como el Soulor se me habían hecho muy duros. Los datos de esa primera jornada fueron 145km y casi 4300 metros de desnivel a una media de casi 20 km/h.

Camino de Bayona
Viendo el perfil de la marcha, uno no puede evitar pensar que después de haber superado cuatro colosos pirenaicos ya sólo queda lo más fácil. ¡Gran error! En efecto, el perfil y los datos dicen eso, pero en esos números no encontramos ninguna referencia a nuestro cansancio, tanto mental como físico. Pero sobre todo, el principal obstáculo psicológico era que desconocíamos el terreno que nos quedaba por delante, ya que ninguno de nosotros había pedaleado nunca tan al noroeste de los Pirineos.

Además, y de esto nos enteramos a nuestra llegada a Bayona, el recorrido de este año había sido modificado para acumular más desnivel y que la prueba pudiera formar parte de la challenge de brevets de montaña que mencionamos al principio. La información oficial de la prueba decía que el desnivel del recorrido era de 5067 km, pero según los datos de nuestro ciclocomputador el desnivel real que tuvimos que superar fue de casi 5800 m. Esto supuso que durante los últimos ochenta kilómetros –justo los que transcurren por el País Vasco francés– el itinerario previsto nos paseó por casi todos los repechos que se pueden acumular entre el puerto de Osquich y Bayona, muchos de los cuales eran mini puertos de casi 2 km con rampas del 10 por ciento. Ya os puedo asegurar que, tras el esfuerzo acumulado del día anterior, los últimos 20 km se me hicieron eternos y muy duros.

Los chicos de la dinamo
La satisfacción fue plena al llegar a Bayona. Sin embargo, una sensación de estupor nos acompañó durante un rato, ya que pese a nuestra pinta de "pros" (bueno me refiero a mis compañeros) nos dimos cuenta de que fuimos de los últimos en llegar a la meta. Eso se debió a que la gran mayoría de los participantes no pararon a dormir e hicieron el recorrido del tirón. Sin duda alguna, situaciones como esta te hacen reflexionar; muchas veces nos dejamos llevar por las apariencias y estos hombre y mujeres (bastantes) son el ejemplo vivo de que el ciclismo es cuestión de paciencia y sacrificio.

Con sus abigarradas bicicletas de acero, titanio y aluminio; equipadas con dinamos, retrovisores, alforjas, luces, triples platos y mochilas, estos cicloturistas –la gran mayoría franceses– te enseñan un modo de disfrutar de la bici que apenas practicamos aquí en España. Al menos a mí así me lo parece. No ya tanto por su modo de vestir o de andar en bici, sino porque su actitud te recuerda que no todo es cuestión de ir rápido y punto, sino que, de vez en cuando, al menos de vez en cuando, vale la pena levantar la vista del manillar para contemplar el paisaje que nos rodea y que no importa nada llevar una cámara de fotos por si, quien sabe, nunca más vuelves a pasar por esos maravillosos paisajes pirenaicos.

No quería acabar esta crónica sin mencionar y agradecer el encomiable esfuerzo de la organización: la sección de cicloturismo de la Aviron Bayonnais. En una marcha de más de 300km de recorrido y, pese al precio de la inscripción (entre 6 y 14 euros), no encontramos prácticamente ningún fallo. Los avituallamientos estaban bien situados y siempre abundantes en agua y comida, y la señalización del recorrido fue magnífica, sobre todo en sus últimos kilómetros donde las posibilidades de perderse eran mayores. Gracias a eso, el esfuerzo valió la pena.


DE LUCHON A BAYONA
Del 10 al 11 de junio de 2006
Distancia: 321 km
Puertos: Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Soulor, Aubisque y Osquich
Desnivel: 5800 m
Participantes: 500
Inscripciones: de 6 a 14 €

MÁS INFORMACIÓN
Aviron Bayonnais Cycloturisme
rue Owen Roë
64100 – Bayonne (Francia)
tel. (+33) 05 59 63 33 15
tel. (+33) 05 59 56 17 25
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www.aviron-bayonnais.asso.fr











 

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