| Puertos de la Ribagorza: la lluvia aprieta pero no ahoga |
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| Gonzalo Vilaseca | |
| miércoles, 28 de mayo de 2008 | |
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El día de la marcha acudí muy pronto al lugar de salida porque la noche
anterior me había dado cuenta de que había olvidado traer los
extensores de válvula para inflar las ruedas Zipp 404 que estrenaba.
Como suelo hacer, rompí mi máxima de "no estrenes nada en una marcha o
carrera" y estaba pagando el no haberme hecho caso. Durante treinta minutos estuve dando vueltas por el aparcamiento preguntando a ciclistas con ruedas de perfil alto si tenían un prolongador de válvula y así poder inflar mis ruedas. Hubiese sido frustrante no poder tomar la salida por una tontería así. Durante ese rato empezó a llover, así que pensé: "En el fondo igual hasta me hacen un favor no pudiendo salir". Aquí y allí oías a gente diciendo "yo no salgo" o "me acaban de llamar de Campo, está diluviando". Poco antes de la salida la lluvia paró, pero el cielo seguía amenazando, eso hizo que de los 1200 inscritos, sólo 700 tomaran la salida. La lluvia amenaza Encontré un ciclista me pudo prestar un extensor, así que me quedé sin excusa para no participar. Como el primer tramo de esta marcha es un bucle que pasa por Graus, decidí salir, y si diluviaba, siempre tendría la escapatoria de parar al paso por Graus. De salida el ritmo no es alto, la subida a Laguarres el año pasado fue una locura, el pelotón se destrozó en ese puerto. Este año no, se subió rápido, pero no a ritmo de locos. La carretera estrecha hacía difícil el adelantar a la gente que se iba quedando, remonto poco a poco hasta tener al pelotón de cabeza a unos 40m, entretanto tengo que abrir el freno trasero porque me roza con la llanta al ponerme de pie... ¿veis por qué no hay que estrenar cosas en las marchas o carreras? No quiero perder la cabeza de la marcha por si luego no hay reagrupamiento, así que los mantengo a esa distancia y poco antes de coronar, cuando suaviza un poco, los atrapo, me había pegado un buen calentón pero tendría tiempo de recuperarme durante los kilómetros llanos. El descenso de Laguarres se hace con mucha prudencia, el suelo está mojado y las curvas las tomamos despacio, nadie quiere irse al suelo. Entre Benabarre y Graus va llegando gente por detrás hasta conformar un buen pelotón, era una película muy distinta a la del año pasado. Pasamos por Graus donde la calle está llena de gente animando, el tramo hasta Campo, no tiene mayor complicación, en cada repecho se forman grupitos que quieren marchar por delante pero siempre acababan absorbidos por el pelotón. Al llegar a Campo me sitúo delante pues sé que el paso por el pueblo es muy revirado y no quiero quedarme atrás y pegarme otro calentón. Empezamos a subir Serrate. El ritmo de cabeza está unos puntos por encima de lo que puedo aguantar y voy viendo como se van alejando poco a poco, por suerte aún quedamos un grupo numeroso. En éste punto caen cuatro gotas y nos encontramos con algunos metros de carretera convertidos en barrizal, lo que nos retrata como si fuésemos corredores de ciclocross. A sufrir como un perro... Coronamos Serrate ya distanciados de la cabeza, realizamos el descenso, también sin arriesgar porque el suelo aún está mojado, y empezamos la aproximación a Bonansa. Yo ya empiezo a estar cargado de piernas, pero gracias a los carteles que indican la distancia a la cima y el porcentaje del kilómetro que queda por recorrer, voy aguantando con el grupo. Coronamos Bonansa y tras un breve descenso empezamos la aproximación al puerto de Espina, en éste punto supongo que se repetirá la película de siempre: perderé al grupo con el que voy. Tras el avituallamiento empieza el puerto. Empiezo a sufrir porque el ritmo es un punto más de lo que me iría bien. Son seis kilómetros y decido aguantar, voy haciendo la goma, pero apretando los dientes intento no perder la rueda. Solo quedan tres kilómetros para coronar y veo que el siguiente kilómetro es al 7,5%, pero no puedo perder el grupo ahora. Otro kilómetro al 7 o 7,5%, sufro como un perro, sufro como hacía tiempo que no sufría, la goma está a punto de romperse. Ya veo el cartel del último km, también al 7,5%, tengo amagos de calambres, pero hay que aguantar la rueda como sea, sigo sufriendo, y consigo mantenerme en el grupo. De todas formas, como no recuerdo como son los tres km de Fadas ya me mentalizo que si son al 7% perderé el grupo. Por suerte no son lo son y puedo aguantar el ritmo. ¡Por fin coronamos! Tras la peligrosa y sinuosa bajada hasta Castejón de Sos, ahora llega el llano, un terreno donde me muevo mejor. Quiero devolver el favor a los que me han subido por los puertos, así que algunos intentamos organizar los relevos, el grupo es numeroso pero sólo relevamos entre 5 y 10 ciclistas, me sorprende lo bien que me encuentro después de lo que he sufrido. Entiendo, y no me importa lo más mínimo, que haya gente muy cansada que no pueda entrar a los relevos, esto no es una carrera, así que si podemos echar una mano, mejor. Carretera o piscina Hay trozos del Congosto del Ventamillo que parecen una piscina, no llueve pero el agua que debe haber caído antes baja por las paredes y se acumula en la carretera. Salimos del Congosto y nada más pasar Campo nos encontramos con el ya conocido viento de cara, pero a relevos cortos se sufre poco y podemos mantener una velocidad media elevada. Los kilómetros van pasando rápido, y ya me conozco el truco, no hay que guiarse por las indicaciones de kilómetros hasta Graus de los carteles si no por las marcas kilométricas de la carretera, el Km. 0 está en Graus. El sol hace acto de presencia y con él el calor, me bajo los manguitos y me alegro de haber tomado la salida pese a la amenaza de lluvia. En poco más de media hora nos plantamos en la recta de Graus, de repente alguien, que no había dado un solo relevo, preparando su sprint me mete el manillar, toca con el mío, mi rueda delantera zigzaguea varios metros, logro enderezarla y no me caigo de milagro. Espero que dicho personaje se dé por aludido y la próxima vez, entre a los relevos, o se mantenga escondido en el pelotón hasta la línea de llegada. No me molesta en absoluto ayudar llevando gente a rueda, sí me molesta este tipo de actitudes. Insisto: ¡esto no es una carrera! Pese al incidente final he disfrutado (y sufrido) muchísimo. Nada más cruzar la meta busco a Félix, el alma máter de la marcha, y sin el cual esto no sería posible. Le felicito por su trabajo, por su esfuerzo y por la organización. No me puedo imaginar el esfuerzo que supone organizar, de forma totalmente altruista, algo así, y lo mínimo que puedo hacer es agradecérselo. Como siempre un diez para la organización, múltiples avituallamientos situados en lugares clave (puedes salir con un bidón tranquilamente, ya que cuando esté cerca de acabarse encontrarás un avituallamiento), muchos voluntarios en cada avituallamiento para ayudar a los ciclistas, túneles iluminados con generadores y un largo etcétera de detalles que siempre son de agradecer. Si nunca has acudido a esta marcha, para el año que viene no lo dudes. Vale la pena, y mucho. Más información: www.puertosribagorza.com |










