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Los Grandes Alpes 2007 Imprimir E-Mail Compartir
Por Andre Canosa   
jueves, 17 de abril de 2008
El 19 de agosto, catorce cicloturistas emprendimos el desafío que supone la travesía de Los Grandes Alpes en bicicleta. Apoyados por tres miembros de la empresa Terra Diversions, que se responsabilizó de la compleja logística que supone una travesía de estas características.

Los Grandes Alpes 2007
El itinerario transcurrió exclusivamente por territorio galo, uniendo la ciudad saboyana de Thonon les Bains, a orillas del lago Leman, con la mediterránea Mentón. Esta travesía consta de siete etapas, que con una distancia aproximada de 800 km se ve jalonada en su recorrido por 18 puertos de alta montaña, que suman un desnivel acumulado total de 18.000 metros.
Los Grandes Alpes 2007
La travesía empezó el 17 de agosto, a media tarde cuando, los cicloturistas nos reunimos en la pequeña localidad de Caldes de Montbui, situada al norte de Barcelona y sede de Terra Diversions . Al día siguiente, las dos furgonetas de la organización, nos trasladaron a la ciudad de Thonon. Las bicicletas iban fijadas en un remolque, enganchado a uno de los vehículos de apoyo. El alojamiento, en un hotel en la cumbre de una colina cercana a Thonon, con una vista magnifica sobre el lago Leman ya auguraba lo que sería una semana de ensueño.

Primera etapa
La primera etapa de 130 km nos llevó hasta la estación de esquí de Les Saisies subiendo los puertos de Les Gets (1163m) largo y suave; La Colombière (1618m) con sus tres interminables últimos kilómetros; Les Aravis (1487 m) muy visitado por los veraneantes en agosto y para acabar en Les Saisies (1650 m). Varios puntos de reagrupamiento con abundante avituallamiento fueron previstos por la organización, para recuperar fuerzas por la dureza de la orografía y para reunirnos. En el grupo había gente joven y veterana, unos que iban mucho y otros no tanto, por lo que estas paradas sirvieron para reagruparnos durante el transcurso de toda la travesía.

Climatología ideal para este primer día, en un ambiente de compañerismo que había cuajado en muy poco tiempo y que se mantuvo durante toda la semana, la clave sin duda, del gran éxito de la travesía. Al día siguiente, la montaña nos mostró su cara amarga, escondiendo sus cumbres con nubes espesas y saturadas de humedad y lluvia.

Segunda etapa
Había que franquear el bonito Roselend (1968 m) y el largísimo Iseran, cima Coppi, de la travesía, en una etapa de unos 125 km. Sólo uno de los participantes tuvo las agallas de cumplir la etapa en su totalidad montado en la bicicleta, en uno de estos días de perros durante los cuales vale más quedarse sentado cerca de la chimenea. Media docena más, se animaron a subir los dos colosos en bicicleta, pero sentados en las furgonetas a la hora de afrontar las bajadas, que la lluvia que no paraba y la niebla que no permitía ver a más de treinta metros, convirtieron en peligrosísimas.
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Los demás participantes viajamos en coche, parando de vez en cuando para animar a los “espartanos”, fotografiarles, avituallarles, ofrecerles ropa seca y todo nuestro apoyo y amistad. Hasta la luna hubiesen subido... El alojamiento lo teníamos en el pueblecito de Bessans, en el alto valle de la Maurienne, a unos 1700 m de altitud.

Tercera etapa
Unos claros aparecieron en el cielo por la noche, pero a la mañana siguiente, la nieve y la lluvia iban a ser el menú poco apetecedor que señorita naturaleza nos ofrecía a los participantes. La etapa prevista era bajar al valle de la Maurienne, hasta Saint Michel, con subida posterior al Telegraphe y el Galibier, para acabar en la localidad de La Grave (112 km.).
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Considerando lo sucedido la víspera y lo que se avecinaba y después de consultar con el observatorio de Valloire, se decidió suspender la etapa e hicimos el traslado a La Grave en las furgonetas, muy a pesar de los frustrados cicloturistas que nos quedamos (de momento) con las ganas de subir los famosos colosos alpinos. Al atardecer, y para recuperar los ánimos, nos fuimos a visitar la vieja ciudad amurallada de Briançon, en la que cenamos los platos típicos de la región saboyana.

Cuarta etapa
Con una ansia a penas disimulada esperábamos el cuarto día que apuntaba al Alpe d’Huez como objetivo. A pesar del frió que reinaba por la mañana en La Grave (1400 m), el cielo se había despejado enseñando el macizo de la Meije con su más bello traje de etiqueta. Los maravillosos contrastes de color nos animaron a cambiar los planes y empezar la salida subiendo el Lautaret (2058 m) y el Galibier (2645 m), para recuperar la etapa suspendida, después bajar hasta Bourg d’Oisans para emprender la subida más celebre del mundo ciclista, el Alpe d’Huez, y con retorno por la misma carretera hacia La Grave (aunque que algunos eligieron acabar en la estación de “Les Deux Alpes” para variar un poco la ruta). Un total de otros 125 km. en un día magnifico, que nos recargó las pilas, aún a pesar del frió pasado en la cumbre y posterior descenso del Galibier.

Quinta etapa
El quinto día tenía como meta la localidad de Barcelonette, un conocido y estratégico lugar para el cicloturismo. Fue la etapa más larga de la travesía, con 138 km. y la escalada del lunar Izoard (2360 m) y del largo y duro Vars (2109 m). A pesar del frío en las cumbres, otro día fenomenal donde paisajes de ensueño transcurrieron ante nuestros ojos, en un ambiente apacible donde el ciclista se confunde armoniosamente con el entorno.
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En la bajada del Izoard, nos detuvimos en la Casse Déserte, donde quedamos prendados de su enigmática, e inquietante belleza. Un compañero del grupo iba vestido con un antiguo maillot del mítico Bianchi, muy oportuno para rendir homenaje a los históricos Coppi y Bobet en la estela que los recuerda. Nos costó abandonar el lugar, su belleza te atrapa y su mítica todavía más: Innumerables duelos que han decidido tanto el Giro como el Tour. “El ganador del Tour ha de pasar escapado por la Casse Déserte”, sentenció Bobet. Y así ha sido: Coppi, el mismo Bobet, Bartali, Ocaña, Merckx, Hinault, Armstrong, Pantani... todos los grandes del ciclismo han obedecido a Bobet en algún momento de su carrera profesional.

Sexta etapa
El sexto día resultó ser la etapa más corta de la semana (82 km) con salida de Barcelonnette y llegada al pueblecito de Beuil (impronunciable para los españoles). Se trataba de franquear el último puerto de más de 2000 m de altitud, el salvaje y tranquilo Cayolle (2326 m) que escalamos acompañados de los silbidos de las innumerables marmotas que moran sus praderas. El segundo puerto, la Croix de Valberg (1672 m) lo subimos después del almuerzo de la bajada del puerto de Cayolle. Una bella y regular subida que culmina en una pequeña meseta, desde la cual se puede observar el espectacular parque del Mercantour, un pintoresco paisaje que hace olvidar los sufrimientos del día.
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Séptima etapa
El último día, camino de Mentón no era fácil, había que subir cuatro puertos y el cansancio acumulado de tantos días se dejaba notar, pero ya olíamos el yodo del Mediterráneo, la flora indicaba que la meta estaba cerca y el calor se dejaba sentir. El puerto de la Couillole (1678 m), desde la salida de Beuil fue poco más que un repecho que devoramos como entremés antes de enfrentarnos a los más respetables Saint Martin (1500 m) y Turini (1607 m).

A pesar de no ser demasiados conocidos, (el Turini lo es, pero por el Rally de Montecarlo, no por puerto ciclista), resultan atractivas subidas por carreteras con poco tráfico y magníficas vistas. El sol había decidido dar la bienvenida a los ciclistas en la Provenza, con el calor que caracteriza a la región del Mont Ventoux. ¡37 grados en las laderas del Turini! Las largas bajadas entre los puertos, por carreteras estrechas, con innumerables curvas de herraduras, tienen un encanto especial, a pesar de la imprescindible prudencia necesaria para su trazo.
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Al llegar a la localidad de Sospel sólo nos quedaba el pequeño puerto de Castillon (706 m), que decidimos subir en grupo, como celebración y para darnos un mutuo homenaje por el éxito colectivo. Después de pasar por el túnel que marca su cumbre, por primera vez, pudimos ver al fondo el azul del mar Mediterráneo y la ciudad de Mentón punto final del recorrido. Objetivo cumplido. Un reconfortante baño en la playa en frente del magnífico hotel en el que nos alojamos y la cena final con brindis con cava (que no champagne todo y estando en Francia), incluido, pusieron digno broche a una semana de sufrimientos y alegrías, y por encima de todo de buen ambiente y compañerismo, que recordaremos siempre y que no descartamos repetir. ¿O no?

Más información:
www.terradiversions.com
 

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