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Charly Gaul Imprimir E-Mail
Por Josep M. Plana   
viernes, 15 de junio de 2007

No es demasiado arriesgado afirmar que Charly Gaul, “El Ángel de la montaña”, y Federico Martín Bahamontes, “El Águila de Toledo”, su máximo rival, comparten méritos por igual para ser proclamados los mejores escaladores de la historia del ciclismo.

El luxemburgués se crecía en los días de frío y lluvia

Sus duelos en las alturas llenaron de emoción los collados franceses e italianos de finales de los cincuenta y primeros de los sesenta. Pero sus características no podían ser más antagónicas. El español se encontraba bien en el calor, a Gaul le asfixiaba. Su elemento era el frío, justo allá donde Bahamontes naufragaba. Por esto las mejores batallas las ganó el luxemburgués en el Giro. Se crecía ante las bajas temperaturas, la nieve, la lluvia o el viento helado.
Nació a Esch, Luxemburgo, el 18 de diciembre de 1932, medía 1,72 m y en su mejor forma pesaba 64 kg. Ya hemos aludido a sus calidades en montaña, pero hemos de añadir que consiguió también un extraordinario rendimiento contra el reloj. El año en que ganó el Tour se llevó tres etapas disputadas en esta especialidad, a pesar de que participaba un especialista consumado como Jacques Anquetil. Dice la leyenda, o más concretamente algunos comentaristas como Henri Quiquere, que antes de aquella fecha hacía las contrarrelojes a bajo ritmo para despistar a sus adversarios y hacerles creer que podrían recuperarle el tiempo que les sacaría en la montaña. Pero quizás es ir demasiado lejos. Parece ser que aquel invierno preparó esta difícil disciplina con todo cuidado y su probada capacidad de sacrificio le ayudó mucho.



Aquel Giro helado
Su revelación entre los grandes del ciclismo fue en el Tour del 55, con sólo 22 años. Ganó la etapa Thonon las Bains-Briançon, con el Galibier de por medio, dejando a Bobet a más de 14’, después de un gran recital de escalada. Se llevó también la etapa Tolosa-Siento Gaudenç, consiguiendo podio en París y se proclamó rey de la montaña. Aquella temporada había conseguido también alguna victoria secundaria, como el “Tour du Sud-Est” y la anterior ganó el “Circuit des 6 Provinces”. Pero la consagración definitiva le llegaría con el Giro del 56.
A la salida de la ronda italiana su nombre no contaba demasiado en los pronósticos. Se esperaba ver un duelo en la montaña con Bahamontes que no tendría demasiadas consecuencias a la general. Y el comienzo de la carrera así lo confirmaba. La camiseta rosa bailaba por las espaldas de los italianos (Baffi, Zucconelli, Fantini, Fornara) y el catalán Poblet se impuso en cuatro llegadas masivas.
El gran premio de la montaña estaba dividido en aquella ocasión en tres trofeos: los Apenins, que fueron claramente para Bahamontes, el Stelvio, donde los dos mejores escaladores fallaron y ganó otro español, Del Río, y las Dolomitas. Justo antes de llegar a este último macizo, Gaul ganó la cronoescalada de San Lucas sólo con 3” de ventaja sobre Bahamontes, pero ninguno de los dos parecía tener opciones para la general. Gaul iba ligeramente atrasado con respecto al español y a más de 16’ del líder Fornara, que ya se veía vencedor.

Cartel conmemorativo de la famosa etapa helada del Giro de 1956 en la cima del Bondone

Pero todo cambió en la etapa del Bondone. A la salida de Merano se recibieron noticias que a las cumbres había nieve, pero nadie fue capaz de prever lo que sucedería un par de horas después. Una auténtica oleada de frío glacial se abatió sobre los corredores en pleno esfuerzo: viento, lluvia helada, nieve, hielo... Hoy nos extraña que no se suspendiera una etapa como aquella, pero... eran otros tiempos. Muchos cayeron sin fuerzas ni para desatarse de los pedales y ser transportados en brazos hasta los coches. Los seguidores de prensa, los directores y los mismos comisarios no daban abasto a rescatar ciclistas. El agua caliente salvó muchos músculos de la congelación.
Abandonaron la etapa más ciclistas de los que llegaron, entre ellos Bahamontes, que marchaba por delante de Gaul cuando tuvo que refugiarse, incapaz de soportar el frío. Poblet, que sufrió una congelación en un dedo de la mano y el mismo líder Fornara abandonaron. Gaul llegó con 7’ sobre Fantini, cerca de 13’ sobre Magni y el Giro más dramático que se ha disputado nunca en su bolsillo. Aquel año todavía ganaría el campeonato de Luxemburgo y dos etapas y la montaña del Tour.
El 57 fue exiguo: otra vez el campeonato nacional y el “Tour des Provinces du Sud-Est”. Pero el 58 fue el año de su confirmación. El Tour. Tampoco esta vez era el máximo favorito en los pronósticos a la salida de Bruselas. Anquetil, vencedor del año anterior, y Bobet, tres veces ganador de la carrera, se repartían a partes iguales esta condición. Pero la ronda empezó a ganarla el luxemburgués ya antes de empezar, cuando Anquetil expulsó del equipo a Geminiani para que no le hiciera sombra. “Gem” furioso se refugió en el equipo del Centro-Midi y juró venganza.

Gaul fue el primer no italiano en vencer en dos Giros de Italia

Así fue como el corredor francés, despechado, estuvo presente en todas las escapadas, hasta que en la sexta etapa se presentó en Saint Brieuc con más de 10’ de ventaja sobre Anquetil y se vistió de amarillo. Aun así, dos días después, en Châteaulin, Gaul sorprendía a todo el mundo y ganando la contrarreloj. Era su primer toque d’atención. El segundo fue su victoria en la cronoescalada del Mont Ventoux con 30” sobre Bahamontes, 4’09” sobre Anquetil y 5’01” sobre Geminiani. Ya está tercero de la general. Pero al día siguiente pagó el esfuerzo. Aprovechando una avería del luxemburgués, Geminiani lanzó un gran ataque camino de Gap y nuestro hombre perdió cerca de un cuarto de hora y muchas posibilidades de cara a la victoria final.
Al día siguiente, bajo un sol abrasador, Bahamontes ganó en solitario la etapa del Izoard. Pero pocas horas después cambió el tiempo repentinamente y una tormenta de lluvia helada cayó sobre la etapa. Gaul sube en solitario el difícil collado de Luitel y también el macizo de la Chartreuse con los collados de Traigo, Cucheron y Granier y endosa al resto de favoritos un montón de minutos: un cuarto de hora sobre Geminiani que llegó agotado y muy irritado por carencia de cooperación del equipo de Francia y media hora sobre un Anquetil enfermo.
Gaul recobró el tercer lugar de la general. Las espadas todavía están en alto. La etapa dantesca pasa factura y al día siguiente Anquetil abandona víctima de una afección pulmonar. El próximo día la contrarreloj deberá decidir el Tour. Gaul la gana a 44 km/h y dicta sentencia. Geminiani pierde su gran oportunidad y Gaul se corona en la carrera más importante del mundo.

El luxemburgués corrió en las mejores escuadras del momento

El segundo Giro
El año siguiente el luxemburgués volador todavía redondearía su carrera deportiva realizando una gesta que hasta entonces no había conseguido nunca nadie: ser el primer extranjero en ganar dos veces el Giro, una ronda que siempre se ha caracterizado por su predominio local. A priori la edición se presentaba muy dura. Bahamontes, enfermo, faltó a la cita, pero en la línea de salida estaba Anquetil, Nencini, Favero y Baldini, que defendía su triunfo del año anterior. Gaul fue duda hasta última hora y el día antes de la partida incluso sus patrones ignoraban dónde estaba.
La prensa italiana hablaba de fuga de uno de los grandes favoritos. Pero a la hora de la verdad allá estaba Charly Gaul dispuesto a todo. La carrera constituyó un duelo enconado entre él y el francés Jacques Anquetil. El triunfo de la segunda etapa, contrarreloj, dio la malla rosa al galo, pero al día siguiente era Gaul quien ganaba a Abetone y se enfundaba la camiseta de líder. “El Ángel” la conservó durante doce jornadas, aunque las dos últimas con la mínima diferencia de 34” y 45”.
En la contrarreloj entre Turín y Susa, el francés, a 47’713 km/h, volvía a ganar y recuperaba el liderazgo con 3’49” de ventaja. Sólo faltaban tres días para acabar el Giro y no había nada decidido. Todo se resolvería a la penúltima etapa con los puertos del Grand Saint Bernard de 2473 m, el Forclaz de 1527 m. y el Pequeño Saint Bernard de 2188 m. Gaul realizó una de sus actuaciones más memorables, dejó atrás Anquetil en más de 10’ y recuperó de manera definitiva el liderato. Además de llevarse el gran premio de la montaña.

Imagen de Gaul con su autógrafo

En los años posteriores su estrella se apagó algo. Ganó cuatro veces consecutivas el campeonato nacional de su país entre1959-1962. Además, en el 61, ganó el Tour del Luxemburgo y hizo podio al Tour de Francia. Se retiró del ciclismo el 1965. Su carácter serio y taciturno le supuso perder aprecio entre los aficionados. No iba a las carreras y trataba de malas maneras a los periodistas que se acercaban para visitarlo en la tienda de electrodomésticos que montó tras retirarse de la competición, por lo cual pronto fue olvidado.
Hasta que en los años ochenta aparecieron unas fotografías suyas con una barba áspera y una obesidad exagerada para una persona de su medida. Se había divorciado, había vendido el negocio y vivía en una cabaña del bosque luxemburgués sin querer saber nada de nadie.


 

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