En 1868, a raíz de la disputa de la primera gran carrera velocipédica
de la historia, la París-Rouen, surgió la figura del campeón ciclista.
Un veterinario inglés, James Moore, fue el primer hombre en recibir
este título, si bien pronto terminó abominando de los derroteros de
espectacularidad sin sentido por los que se encaminó este deporte.

En Paris, y en abril de 1868, un grupo de aficionados al “sport” ciclista fundaron El Veloce Club de París con la idea de promocionar el velocipedismo entre los jóvenes de la capital parisina. Monsieur Galinier fue su primer presidente, el señor Moret su vicepresidente y M. Dufresne, el secretario. Hombres activos, apenas a un mes del nacimiento de su Club, organizaron la que pasa por ser la primera carrera ciclista de la historia. No obstante, aquí cabe hacer una precisión, pues se sabe que hubo otras con anterioridad, como el Grand Prix de la Ville d´Amiens de 1865, del que desgraciadamente no han quedado restos documentales, o la celebrada el mes de diciembre en el trayecto Avenida d’Antin-Campos Eliseos, que con sus 17 kilómetros es en realidad la primera carrera de fondo en la historia de este deporte.
No obstante y aún sabiendo de la existencia de aquellas competiciones, se ha aceptado de forma mayoritaria que, por su importancia y aceptación popular, la carrera del Veloce Club de París fue la teórica primera competición de este deporte. A señalar que ésta se celebró con fecha 31 de mayo de 1868 en el parisino Parque de Saint Cloud, sobre una distancia de 1000 metros. Organizada por la Compañía Parisiense de biciclos de los hermanos Olivier, se disputó bajo la forma de cuatro competiciones diferentes. En la primera categoría, la de Velocípedos más largos de un metro, ganó Edouard Charles Bon; en la segunda, para velocípedos de un metro, ganó el inglés James Moore; en la tercera, la de lentitud sobre 50 metros, venció Durruthy, mientras que en la cuarta, Polonini se llevó la medalla de la hora rodando a 23,5 km/h. A destacar que los velocípedos de todos los ganadores eran de la marca Michaux.
En este clima de auge del velocipedismo –y dado que a partir de 1860 no hubo fiesta popular de cierta importancia en la que faltase alguna manifestación velocipédica– surgió la idea de organiza una carrera ciclista de “ciudad a ciudad”, que además tenía categoría internacional, la París-Rouen. Aquella fue la primera carrera de gran fondo en la historia del ciclismo, dado que se disputó sobre la distancia entonces colosal de 123 kilómetros, a recorrer sobre biciclos que pesaban hasta 30 kilos y botaban incontrolados por caminos embarrados y repletos de piedras.

La primera carrera
La salida de dicha carrera se dio en la plaza de L’Etoile, el 7 de noviembre de 1869, a las ocho de la mañana. Entonces fueron cien los ciclistas que tomaron la salida, de los que tan sólo treinta y tres llegaron al final del recorrido. El vencedor en la meta de Rouen fue el inglés James Moore, que luego recordará que “las horas y hasta los días que siguieron a esta carrera fueron los más felices de mi vida”.
En razón de aquella victoria, Moore puede ser considerado, en justicia, como el primer campeón en la historia de este deporte, el padre espiritual del ciclismo de competición. Un hombre, no obstante alarmado por el crecimiento sin sentido de las dificultades que por entonces se proponían a los ciclistas. Hablamos, por ejemplo, de la celebración de carreras como los Seis Días de Chicago, de 1879, o los del Madison Square Garden de Nueva York, en 1895. Seis días con sus noches que los ciclistas debían afrontar de forma individual, sin relevos, y sin poder bajarse de sus bicicletas. A Moore le propusieron participar en dicha prueba, pero cuando supo en que consistía, se negó espantado, aunque le ofrecieron una buena cantidad de dinero. No aceptó al comprender el esfuerzo sobrehumano a que se sometía otro de los grandes campeones de la época, el americano Teddy Hale, dominador incontestado de las pruebas “non-stop”. Así, Moore se espantó al saber de una ocasión en que Hale, ya sin fuerzas, quiso bajarse de su bicicleta, fue obligado a proseguir su marcha cuando el público rabioso se abalanzó sobre las vallas que delimitaban la pista… Así estuvo Hale durante seis días con sus noches, dado vueltas a aquella pista de 160,69 metros de cuerda, sobre la que recorrió 3073,6 kilómetros. Por sus declaraciones a los periódicos sabemos que rodaba “casi hipnotizado”, apoyándose de vez en cuando sobre las barreras -sin descender de su bici- para echar una cabezada. Hale “descansó” así no más de diecinueve horas, terminando aquellos días con alucinaciones en las que se veía perseguido por dos gangsters que le amenazaban, mientras que en el centro de la pista, su mánager le prometía un lecho de plumas para cuando terminase la carrera… Acabada ésta, a Teddy le tuvieron que bajar de su bici, exhausto. Una vez en el lecho, continuó moviendo las piernas, en un pedaleo automático que se prolongó durante cerca de veinte minutos.
Fue por carreras como ésta por las que Moore terminó declarando su creciente aversión por los derroteros que estaba tomando el deporte ciclista, denunciando la locura en la que había caído el velocipedismo. Finalmente, y a la vista de los excesos que suponían este tipo de carreras, las autoridades terminaron por prohibirlas, ya que “atentaban contra la dignidad del hombre y el sentido común”.

¿Quién era Mr. Moore?
Nacido un 14 de enero de 1849 en Bury-St. Edmunds (Suffolk, Inglaterra), Moore se traslado a Francia siendo muy joven. Provisto de su diploma de veterinario se instaló en París para ampliar sus conocimientos y descubrir los nuevos métodos de zootécnia. Tiempo después, en razón de su trabajo, pasó a vivir a Normandía y fue allí en donde se aficionó al velocipedismo.
Ya en 1868, y a raíz de su victoria en la ya citada prueba de Saint Cloud, considerada unánimemente el punto de partida de las pruebas internacionales de ciclismo, se ganó el apodo de “The Parisian Flyer” (El Parisino Volador). Pero hubo de ser la París-Rouen, la primera carrera de “ciudad a ciudad” de la historia, la que le diera fama internacional. Entró en ella levantando la mano y después de bregar con los pésimos caminos de la época su pesadísimo velocípedo que le obligó a realizar no pocos “pies a tierra” para ascender las muchas colinas que trufaban el recorrido. Pero si él llegó cansado, los que siguieron aún lo estaban más, pues de los cien ciclistas que finalmente tomaron la salida, tan sólo treinta y tres llegaron a meta, haciéndolo el último de ellos con más de cinco horas de retraso…
De allí en adelante, Moore fue considerado como un verdadero campeón ciclista, y a fe nuestra que hizo honor a tal consideración porque entre otras grandes victorias ganó el Campeonato de Vésinet (1870), la prueba internacional de Lyon (1873), el Campeonato del Mundo oficioso de la milla (Wolverhampton, 1874), el Campeonato de Francia de velocidad (París-Tullerías, 1875-76) y la prueba internacional de Toulouse (1877), carrera con la que puso fin a su vida deportiva. Pero además, en el palmarés de Moore, destaca el hecho de que en su día fuese el especialista indiscutible de la milla, no en vano estableció cuatro récords del mundo sobre esta distancia.

La biografía oficial del corredor –establecida por su propio hijo– precisa que James Moore falleció a la edad de 86 años en su villa natal. Por desgracia, su memoria se oscureció con el paso del tiempo y apenas tres décadas más tarde, cuando los periodistas preguntaban a grandes campeones como Binda o Girardengo por este su ilustre antepasado, éstos apenas sabían decir cuatro palabras sobre su ilustre antepasado. Moore pertenecía ya entonces a la prehistoria de un ciclismo primigenio que evolucionaba hacia el ciclismo espectáculo.
Madrid 1870, primeras carreras
España fue una de las naciones europeas en las que más tardó en cuajar el velocipedismo, si bien las clases adineradas acogieron con pronto entusiasmo el divertimento que les garantizaba el nuevo “sport”. En Madrid, las primeras noticias documentadas que tenemos sobre el uso del velocípedo datan de 1870, año en que se fundó el Veloz Club de Madrid. El día 10 de septiembre de ese mismo año y en la Avenida del Antiguo Retiro, se celebró la primera gran competición ciclista de que tenemos noticia en nuestro país, si bien antes, en 1868 ya existe constancia de que se habían celebrado otras competiciones en las Fiestas de Bilbao.

Se a como fuere, en la prueba madrileña se disputaron cinco modalidades de carreras, que según se desprende de las crónicas de la época, no alcanzaron gran resonancia entre el público. Fueron una carrera de velocidad sobre 1000 metros, otra de fondo sobre 3500 metros, una de obstáculos de 1000 m., otra de habilidad sin manillar y, finalmente, una última prueba de consolación de mil metros. Como decimos, aquellas carreras no gozaron de aceptación en la capital, aunque sirvieran de punto de partida para el ciclismo de competición español, que fechas más tarde, ya en 1883 y también en Madrid, celebró su primer campeonato nacional de velocidad, con victoria de N. Echagüe.
|