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Solía mofarse de quienes decían que el Mont Ventoux era duro: “La guerra sí que es dura”. Este ex combatiente de la guerra de independencia de Mozambique fue uno de los ciclistas más tenaces de la historia. Se hizo profesional muy tarde, con 26 años, pero con más de 40 años aún era capaz de hacer 11º en el Tour. Su trágica muerte, tras una caída en una carrera, en 1984 fue el triste colofón de este hombre sólido e inquebrantable como el acero.
El 7 de abril de 1942 nacía en Brejenjas, Concelho-Torres Vedras, en las proximidades de Lisboa, Joaquim Agostinho. Vino al mundo en el seno de una humilde familia de campesinos, por lo que pronto conoció a dureza del trabajo en el campo. En 1964 vivió la que, según sus propias palabras, fue “la experiencia más dura de su vida”, aquella tras la cual los sufrimientos del ciclismo se quedaban en nada: la guerra. Por entonces, Portugal estaba inmerso en un sangriento conflicto bélico en su colonia africana de Mozambique, y allí fue llevado “Tinho” para cumplir su servicio militar. Destinado al frente, en el que estuvo durante dos años y medio, Agostinho vivió allí la violencia de los combates y sufrió la muerte de sus compañeros. Una experiencia que le marcaría de por vida. A su vuelta a Portugal, aquel joven de baja estatura, aunque con un físico fornido y corpulento, volcó todas sus ilusiones en el deporte. De niño había jugado al fútbol y de hecho su sueño confesado era jugar al fútbol en el Sporting de Lisboa, pero un amigo ciclista le convenció para probar con la bicicleta y…
“Yo tenía casi 25 años –dirá Tinho más tarde– y trabajaba en el campo, en Nascimento. Uno de mis mejores amigos andaba en bicicleta. Era campeón de Portugal de amateurs. A veces me llevaba con él a entrenar y un día me dijo que no lo hacía mal, que por qué no iba con él a correr una carrera. Le dije que sí, probé y gané… A continuación me puse a llorar porque había ganado a mi amigo. Él lo esperaba todo del ciclismo, y yo, en aquellos momentos, no esperaba nada. Para él fue una desilusión terrible, a pesar de que me dijo que se alegraba por mí”.
Profesional a los 26 años
En 1968, como amateur, ganó la Vuelta a Sao-Paulo, en Brasil, llamando la atención de Jean de Gribaldy, que impresionado por su fortaleza, le ofreció un contrato para correr en profesionales con el Frimatic. Estrenando su nueva categoría, “Tinho” se proclamó Campeón de Portugal de contrarreloj y también de fondo en carretera, titulo este último que volverá a conquistar en 1970, 1971, 1972 y 1973.
Seis meses después debutaba en el Tour de Francia de 1969, en el que ganó dos etapas e hizo octavo en su general, cerrando el balance de aquel año con otras once victorias, entre las que destacó el prestigioso Trofeo Baracchi. Dada su calidad, los equipos de entonces se lo disputaron, viendo en él un diamante en bruto. Aprovechando la época de las vacas gordas, “Tinho” ficho por el Magniflex italiano y después por el Bic francés, ayudando a Ocaña a ganar el Tour del 73. Ya en 1974, y tras dos victorias en pruebas menores, acude a la Vuelta a España y tras ganar la etapa de Cangas de Onís, se “agazapa” para ir ganando puestos en la general. Luego, en el segundo sector de la última etapa, una cronometrada de 35 kilómetros en San Sebastián, da el zarpazo y se impone por delante de Ocaña y Swerts, aunque no puede arrebatarle el maillot amarillo a José Manuel Fuente, que gana la general con tan sólo once segundos de ventaja sobre “Tinho”.
Forjado a golpes
Aquella Vuelta que no ganó y que él creía que le robaron (entonces sus partidarios hablaron de un error de los jueces) le hizo “daño”. Pero ya se sabe que lo que no te mata te hace más duro y “Tinho” era un hombre correoso. No se amilana fácilmente a quien, como él, sobrevivió a la malaria y a una mina que explotó bajo su camión cuando luchaba como soldado en Angola; no se destruye fácilmente a quien logró salir indemne de una mala caída en la Vuelta del 72, en la que a punto estuvo de tragarse su propia lengua. Por eso no es de extrañar que este “Tinho”, que entonces decidió hacer del Tour el eje sobre el que girase su temporada, fuese un ciclista coriáceo que iba mejorando con el paso de los años. Así, en 1975, con el Lejeune, ganó seis carreras menores y fue decimoquinto en el Tour. Las dos temporadas siguientes, emigrado al Teka español, corrió muchas carreras, sumando sólo dos victorias y un buen número de puestos de honor. El paso al Flandria belga en 1978 supuso un revulsivo para su carrera, pues hizo tercero en el Tour de Francia, si bien después sufrió un gravísimo accidente en el que se fracturó el cráneo. Estuvo a las puertas de la muerte, pero se recuperó y en 1979 fue segundo en el Midi Libre y sexto en el Dauphiné Libéré, para luego volver a ser el tercero del Tour, vencido nuevamente por Hinault y Zoetemelk. En 1980 y tras una temporada de gran regularidad, en la que amén de imponerse en tres kermeses hizo segundo en el Midi Libre y tercero en París-Burdeos y Dauphiné Libéré, hizo quinto en el Tour. Peor le fue en 1981, ya que por vez primera en su vida, debió de abandonar la Grande Boucle, aquejado de lo que él llamaba “dolores cardíacos”, si bien sus críticos aseguraban que no era el corazón, sino su “ligera forma de vivir” lo que le había pasado factura. Entonces decidió dejar el ciclismo y no corrió en la temporada de 1982, pero este deporte pesaba mucho en su vida y en 1983 volvió a correr en el Sem-Mavic de su viejo amigo De Gribaldy. Tenía 40 años y aún así terminó undécimo en un Tour que no corrió en beneficio propio, sino como escudero de Sean Kelly.
Ya en 1984, y aunque se rumoreaba que tenía ofertas del Skill francés, ejerció labores de director deportivo y corredor en el Sporting Club de Lisboa. Con su equipo viajo a la Vuelta al Algarve, en donde ganó la cuarta etapa y se apropió del liderato. Al día siguiente, el 30 de abril, un perro se cruzó en su camino en el transcurso de la quinta etapa. “Tinho” se golpeó fuertemente la cabeza y medio inconsciente logró terminar la jornada con la ayuda de sus compañeros. Una bolsa de hielo en la cabeza fue la única cura que le prodigaron hasta que, horas más tarde, Joaquim comenzó a quejarse de fuertes dolores en el parietal y a sangrar abundantemente por la nariz, al tiempo que su cabeza se cubría con un hematoma violáceo. Trasladado de urgencia al hospital de Faro, los doctores que allí le atendieron apreciaron pronto la gravedad de su lesión y decidieron enviarle urgentemente al centro Cuf de Lisboa. Fue un traslado criminal, de más de trescientos kilómetros en ambulancia, con “Tinho” ya prácticamente en coma…
En la capital portuguesa, el neocirujano Lobo Antunes trató de salvar su vida, extrayéndole un coágulo de sangre que se le había formado en el cerebro como consecuencia de la fractura múltiple del parietal que sufría. Cuarenta y ocho horas más tarde, un sacerdote amigo de la familia, el padre Eugenio do Santos, le administraba la extremaunción. Se iba un gran ciclista, un luchador; el hombre que llegó a decir: “Cuando me acuerdo de la guerra de Angola, me río de los que dicen que subir el Ventoux es duro”.
JOAQUIM AGOSTINHO
Brejenjas (Portugal), 7 de abril de 1943.
Lisboa (Portugal), 10 de mayo de 1984.
Profesional desde 1968.
Equipos: Sporting de Lisboa (1968), Frimatic de Gribaldy (1969-1970), Hoover (1971), Maniflex de Gribaldy (1972), Bic (1973-1974), Sporting de Lisboa (1975), Teka (1975), Velda Flandria (1978-1979), Puch-Srem-Campagnolo (1980), Sem France-Loire (1981-83) y Sporting de Lisboa (1984).
Palmarés:
1968 Campeón de Portugal, 2º de la Vuelta a Portugal
1969 Campeón de Portugal , Dos Etapas del Tour
1970 Campeón de Portugal, Vuelta a Portugal, Volta a Catalunya
1971 Campeón de Portugal, Vuelta a Portugal, 5º del Tour, Volta a Catalunya
1972 Campeón de Portugal, Vuelta a Portugal, Volta a Catalunya
1973 Campeón de Portugal, Etapa del Tour
1974 Etapa y 2º de la Vuelta a España
1977 Etapa del Tour
1978 3º del Tour de Francia
1979 Etapa y 3º del Tour de Francia
1980 5º del Tour de Francia
1983 11º del Tour de Francia
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