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Tour'83: Así lo vivieron los protagonistas |
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Por José Antonio Díaz
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domingo, 06 de julio de 2008 |
Por extraño que parezca, el Tour de 1983 no trajo consigo una excesiva
presión mediatica sobre los ciclistas españoles, que lo disputaron casi
“olvidados” por los periódicos, las radios y la entonces única
televisión de nuestro país.
Un "olvido" que tuvo mucho de venenoso, pues hubo algún que otro periodista que cargó innecesariamente las críticas sobre los resultados de los hombres del Reynolds en la primera semana de carrera, cambiando innoblemente de chaqueta cuando Arroyo y Delgado comenzaron a destacar en las etapas de montaña.
Entonces, quedaron obsoletas frases crueles del cariz de "como estaba previsto, a los ciclistas españoles ni se les ha visto", dedicadas a los de Reynolds en la jornada de Roubaix, cambiando el tono de los escritos hacia una línea de sorpresa que nunca llegó a ser de admiración. Porque seamos claros: ni el segundo puesto en la general de Arroyo, ni las muestras de genialidad de Delgado encendieron los ánimos deportivos de un país que todavía estaba lejos de creer que sus ciclistas podían tratar de tú a tú a sus rivales extranjeros.

Arroyo: "Pude ganar aquel Tour"
Segundo en el podio de París, Ángel Arroyo llegó a Francia tras el escándalo de su descalificación por dopaje en la Vuelta a España de 1982. El de El Barraco (Ávila) viajaba al Tour "a probar" fortuna en una carrera que tradicionalmente daba miedo a nuestros ciclistas, por entonces poco dados a competir en el extranjero: "De aquel Tour recuerdo muchas cosas –rememoraba Arroyo años más tarde–. Era el debú del Reynolds en la prueba francesa. Y la verdad es que pagamos la inocentada. A Perico le faltó madurez en momentos importantes y yo fui demasiado conformista en los Pirineos”, explicaba años más tarde Arroyo.
"Viajé al Tour a quemar mi último cartucho porque había sufrido una lesión y las cosas no me habían salido como quería. Iba mentalizado porque me habían contado que aquello era muy duro. Aquel año también debutó Fignon y me ganó. Creo que era batible. Recuerdo que le atacaba y se quedaba. En la cronometrada del Puy de Dôme le saqué casi tres minutos. Y en la última etapa, una contrarreloj llana, apenas me metió treinta segundos. Creo que pude ganar aquel Tour y, quizás también Perico, aunque creo que estaba algo verde".
De todas formas al terminar aquel Tour no fui consciente de lo que había hecho. Estaba contento, claro está, pero hasta que pasaron tres años no supe verdaderamente lo que había conseguido. En su momento los medios de comunicación no le dieron importancia a mi segundo puesto, mientras que años más tarde, cuando Perico fue segundo tras Roche, en España se montó una verdadera revolución. Y yo pensaba, ¡pero si eso ya lo he hecho yo!”.
El fenómeno "Perico"
Vidas paralelas en aquel Tour. Las de Arroyo y Delgado. Cuando el abulense ganó la cronoescalada al Puy-de-Dome, el segoviano hizo segundo en la etapa, convirtiéndose luego en el “hombre Tour” por antonomasia del ciclismo español de la década de los 80. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, Perico asegura sin duda alguna que tuvo aquel Tour en sus manos: "Yo creo que el del 83 hubiera sido el primer Tour que hubiera ganado si no me llego a poner malo por unos productos que llevábamos en el camión. Hizo mucho calor y se descompusieron, claro, después de tres semanas. Me dinamitaron el estómago. Iba segundo en la general y tomé productos del dichoso bidón. Me puse malísimo, y de ir segundo en la general pasé a perder 25 minutos".

El segoviano ya había dado muestras de su capacidad en la alta montaña: "Tuve mis fogonazos de popularidad en carrera. El primero fue en la bajada del Peyresourde, en la décima etapa en la que fui segundo tras Robert Millar y me puse octavo en la general. Lástima porque allí pagué mi inexperiencia. Subiendo el Peyresourde debí haber arriesgado un poco más, porque por la cima Millar me aventajaba en 33 segundos y en la meta sólo me sacó seis". Luego vino su segundo puesto en la cronoescalada del Puy-de-Dôme y con él las alabanzas de Ocaña, Merckx y Anquetil.
El mago Echávarri
"Aquello fue una locura. Una bendita locura". Palabras de José Miguel Echávarri, por entonces un joven director deportivo que, sin excesiva experiencia en el ciclismo internacional, decidió enfrentarse a la dureza casi suicida del Tour de Francia. "La verdad es que aquello fue una novedad para todos nosotros –explica Echávarri– .Nos aventuramos a ir al Tour. No conocíamos la carrera y fuimos un poco a ver qué pasaba. Casi de puntillas. Era una época oscura del ciclismo español y estábamos en Francia solos. Sin apenas medios de comunicación españoles allí desplazados y haciendo nuestro trabajo casi en silencio".
El entonces director deportivo del Reynolds explica la incredulidad de sus compatriotas: "Decían que estábamos locos, ¿correr el Tour? ¡qué ocurrencias! Los años anteriores la participación española había sido un fracaso. Un buen resultado era lograr en alguna etapa un puesto entre los diez primeros. Aquello fue increíble para mí. Yo era director desde hacía años y hasta entonces los equipos extranjeros nos miraban por encima del hombro. Luego, con Perico y, sobre todo más tarde, con Indurain, las cosas cambiaron".
Echávarri recuerda que incluso puedieron haber ganado aquel Tour del 83: "En aquel Tour Perico mereció más. Fue segundo de la general durante muchas jornadas antes de sufrir una pájara en la Croix de Fer. Pese a todo, Perico vio claro que aquella era su carrera, la que le iba a marcar durante toda su vida deportiva. Y no se equivocó, porque en la década de los ochenta fue nuestro hombre Tour por excelencia y tenía que haber ganado, por lo menos, dos Tours más".
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