La Clásica de Almería forma desde hace varios años, junto con la Vuelta  a Murcia, un atractivo díptico que luego se une con la Vuelta a Andalucía que arrancará el próximo miércoles en Rincón de la Victoria. Si a eso añadimos la reaparición de Comunitat Valenciana en 2016 y la Challenge de Mallorca, tenemos un mes de febrero cargadito de carreras en España. Interesante para que se acerquen muchos de los grandes equipos del pelotón internacional.

Y el hecho de que vengan estos equipos tiene una consecuencia clara: los ganadores suelen ser corredores interesantes, algunos de ellos ya consagrados y otros que todavía no suenan para el gran público pero sí apuntan a ser tendencia. Uno de ellos es Magnus Cort Nielsen (Orica-Scott), danés de 23 años que no era absolutamente nadie hasta que ganó dos etapas en la pasada Vuelta a España. Antes de eso tenía como 15 victorias, pero sólo con el Tour de Dinamarca como carrera de nivel en su palmarés. Ahora es otra cosa.

Hay gente que le afea a la Vuelta que cada año tenga entre su nómina de ganadores de etapa a ciclistas desconocidos. Pero realmente puede ser una oportunidad, una rampa de lanzamiento para corredores a los que les ha faltado ese punto extra y, una vez logrado, se hacen muchísimo más fuertes mentalmente. Cort Nielsen ya lleva dos este año: una etapa en Comunitat Valenciana y la Clásica de esta tarde. Que, por cierto, ha ganado sobrado con un gran sprint en un pelotón partido por la mitad y controlado a la perfección por su equipo.

“Ahora miro a las piedras”

Con gran punta de velocidad, Cort Nielsen está sin embargo un escalón por debajo de los grandes ‘expresos’ como Greipel, Kittel, Cavendish o su propio compañero Ewan. Pero no es algo que le agobie, sino que con la confianza por las nubes después de esta victoria se centra ahora en otro objetivo: “Quiero seguir creciendo y mejorando de nivel. Después de esto haré las clásicas belgas de adoquines”. Preguntado por si se veía ganando alguna de estas pruebas, ha sonreído y ha espetado un sincero “yo lo voy a intentar”.

También es cierto que Orica tuvo la carrera bajo su mando en todo momento. Primero persiguiendo una fuga que estaba destinada a repartirse las clasificaciones secundarias: Timothy Dupont (Verandas Willems-Crelan), Kenneth Van Rooy (Sport Vlaanderen – Baloise) y De Vries (Roompot). Y eso que fue Lotto-Soudal quien asumió en primera persona el trabajo de control de la escapada, pero los australianos se encargaron de echarla abajo y, sobre todo, de llevar siempre bien colocado a su velocista en los peligrosos tramos entre rotondas del circuito urbano de Roquetas de Mar.

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Coquard, fuera de combate

Magnus Cort Nielsen tuvo además el factor suerte a su lado. Aunque tampoco se le debería llamar precisamente fortuna, sino hacer bien la parte del trabajo que no se ve. Precisamente porque iba bien colocado, el danés hizo su llegada sin saber que, en torno a la vigésima posición del paquete, se produjo una multitudinaria caída a dos kilómetros de la línea de meta. Mientras uno la libró, el máximo favorito Bryan Coquard se la tragó por completo. Resultado: al suelo y sin la menor opción.

Otro de los grandes rivales a priori, Matteo Pelucchi (Bora-Hansgröhe) –ganador de la Clásica en 2011-, ni siquiera fue capaz de terminar la prueba. Afectado por la fiebre, se descolgó en todos y cada uno de los puertos de montaña que pasaba la prueba. Su equipo puso un hombre a esperarlo para enganchar después, pero ni por ésas. Aun así, Rudiger Selig fue capaz de acabar en segunda posición, muy parejo con Jens Debusschere (Lotto-Soudal) que cerró el podio. Carlos Barbero fue cuarto y Daniel López (Burgos-BH) finalizó octavo.

Se despide así la XXX Clásica de Almería. Una edición donde se ha podido recuperar, al menos, la competición y el buen sabor de boca tras lo ocurrido el año pasado cuando un horroroso vendaval obligó a recortar la prueba y reducirla a un circuito urbano por Roquetas que tuvo momentos esperpénticos porque salir de cada curva era casi jugarse la vida. Esta vez, al menos, se pudo competir.