Ser ciclista profesional y tener un hermano como compañero debe ser maravilloso si eres el bueno de los dos. Pero cuando no es el caso, la carrera deportiva de ese corredor puede convertirse en una continua comparación con su pariente. Hay multitud de casos, pues aunque deportivamente sean perfiles distintos todo el mundo tiende a compararlos. A establecer quién es el ciclista y quién simplemente su hermano. Sucedió con Miguel Indurain y Prudencio en su tiempo. O con los Galdeano. También fuera, y buen ejemplo de ello son los hermanos De Vlaeminck, allá por los 70.

También con los Schleck. Frank, el mayor de los dos, ha conseguido más victorias que su hermano, por ejemplo. La última en la Vuelta a España, en 2015. Sin embargo, Andy es considerado el mejor de los dos tras ganar el Tour de Francia 2010 por descalificación de Contador. Pues algo así le sucede a Dayer Quintana. El colombiano, de 23 años, siempre ha estado a la sombra de su hermano Nairo, dos años mayor que él. Hasta ayer.

Y es que el Tour de San Luis (2.1.) lo ha visto coronarse como vencedor de la general. A nivel de repercusión supone un revulsivo para él sobre todo en América, aunque es el continente donde más lo conocen por su nombre propio. A base de regularidad en las etapas de montaña y apoyado por su hermano Nairo, el joven colombiano se ha visto por primera vez junto a los más fuertes de una carrera. Segundo triunfo como profesional, tras ganar una etapa de la Vuelta a Austria en 2014.

“Yo existo”

Pero, como lleva haciendo desde que llegó a España, Dayer quiso aprovechar la ocasión para reivindicarse: “No soy un enchufado”, declaró tras ponerse líder en la llegada a Merlo. Es una tónica cada vez que habla el poner de manifiesto que está donde está por su esfuerzo y no por razones de parentesco.

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Dayer, vestido de líder en Merlo. Foto: Ilario Biondii/BettiniPhoto©2016

Ayer mismo volvió a insistir en esa idea: “Toca disfrutar esta victoria, que la he conseguido con mi esfuerzo. Hemos trabajado muy duro, como lo vengo haciendo desde que llegué a profesionales. La gente que me conoce ya sabe que existo, y ahora me han empezado a conocer más seguidores”. Una vez más la misma máxima: insistir en que nadie le ha regalado nada. Desde luego, para ganar en San Luis con la nómina de corredores que reúne cada año –y con los argentinos como Sepúlveda tomándosela muy en serio- tiene que ser así.

Y el caso es que a Dayer no le falta razón. Ayer mismo, tras su victoria en San Luis, los titulares de muchas cabeceras hacían casi la misma referencia a Nairo que a él. Consecuencias de que uno de los mejores ciclistas del mundo, y señalado como el dominador de los próximos años, sea tu hermano.

En cualquier caso, estamos ante un ciclista joven y un gran escalador que ya ha entrado en ese grupo de elite de la generación de oro colombiana, junto con Nairo, Miguel Ángel López o Henao. Un grupo de corredores que, además, ha demostrado tener una edad de maduración muy temprana. Con Dayer, en cambio, no ha sido el caso. Va a cumplir su tercera campaña en Movistar, y sus resultados medios fueron muy buenos en 2015, pese a no lograr ninguna victoria. En su caso hay progresión, no explosión. Este triunfo en Argentina es un paso más en su avance, que en cualquier caso será muy difícil determinar hasta dónde llegará. Nairo con 23 años logró ser segundo en el Tour por primera vez en su carrera. Pero pedirle lo mismo a Dayer sería una temeridad. Cada ciclista es un mundo y forzar los plazos no conduce a nada bueno.

Con Valverde

Una vez celebrado el primer triunfo del año para el equipo Movistar, Dayer Quintana regresa a España para correr la Challenge de Mallorca. Allí se encontrará con el otro jefe de filas de su equipo: Alejandro Valverde. Sin embargo, dado el buen momento de forma del joven colombiano y teniendo en cuenta que el veteranísimo campeón murciano quiere ir tranquilo –aunque luego siempre compite- en este principio de competición, tampoco sería descabellado pensar que Dayer pueda estar de nuevo optando a algún trofeo. Sobre todo los más selectivos.

En definitiva, el pequeño de los Quintana ha demostrado que si está aquí es por méritos propios, y él mismo se encarga de dejarlo claro a los cuatro vientos. Con 23 años, su progresión es un misterio pero su rendimiento en San Luis invita a pensar que será uno de los nombres de este principio de temporada. En un equipo tan jerarquizado como Movistar, cuando lleguen los momentos decisivos del año tendrá que trabajar. Pero no está mal tener ganadores en esa segunda línea que, llegado el día, puedan incorporarse a la primera. Con su esfuerzo y sin enchufes.