El ciclismo es así de imprevisible. Quizás por eso es tan mágico. Después de casi 300 kilómetros de carrera en la prueba más larga del año –raro será, si es que alguna vez sucede, que haya etapas más largas en una vuelta- donde no pasó casi nada, una concatenación de sucesos hizo que  Arnaud Démare y la FDJ estén de celebración. Y de paso, ayudaron a romper un maleficio histórico del ciclismo francés con los Monumentos.

Porque nunca sabremos qué habría pasado si Fernando Gaviria, que tenía los colmillos bien afilados y una descarada disposición a ganar para los 21 años que cuenta, no se hubiese hecho el afilador y terminado en el suelo. El colombiano entró en meta llorando de rabia e impotencia por no poder disputar de verdad su primer Monumento. Tiene muchísimo futuro por delante y ya ha demostrado que la tiene en las piernas. Esas distancias con su edad se le haría bola a cualquiera y él no sólo la asimila bien sino que además es capaz de disputar con los mejores.

Tampoco nos vamos a enterar jamás de cuál habría sido el desenlace si el otro francés del sprint, Nacer Bouhanni, no hubiese tenido un fallo mecánico cuando era precisamente quien iba primero y con la ‘volata’ lanzada hacia meta. El velocista del Cofidis dejó de aplicar potencia a sus pedales durante algo más de un segundo. Suficiente para verse frenado en seco y superado por su ‘colega’ Démare y también por Swift y Roelandts. Cuarto al final.

Muerto y resucitado

Y eso fue prácticamente todo lo que ocurrió en la carrera después de seis horas y 50 minutos. Al menos en lo que se refiere al aspecto puramente deportivo de la carrera. En lo que se refiere a caídas estuvo mucho más ‘entretenida’ aunque nunca sea deseable que eso ocurra. Y es que a medida que avanzaban los kilómetros y el cansancio se apoderaba de las piernas de los ciclistas, los bandazos se hacían cada vez más frecuentes y era raro que algún corredor no terminara por los suelos.

arnaud-demare-milan-san-remo-bouhanni-swift-monumento

En una de ésas cayó el propio Démare. Además, al comienzo de la Cipressa, la subida anterior al Poggio donde normalmente se suele limpiar la carrera. Pero como no sucedió nada –una escaramuza entre Visconti y Stannard, y casi arriba del todo-, el sprinter de la FDJ fue reintegrado al grupo. En circunstancias normales ese enganchón habría sido letal. Una sentencia de muerte. Ayer, sin embargo, las circunstancias hicieron que resucitara y se coronase en la línea de meta.

La sombra de la duda

Precisamente por esa caída en la Cipressa, la victoria de Démare quedará envuelta en la sombra de la duda. Como se apuntaba más arriba, un enganchón a esas alturas de carrera significa eliminación total. Puede haber más ataques o menos, pero el propio ritmo de carrera -y el hecho de que sea un sprinter quien se queda cortado, con lo que les cuesta recuperar en la subidas- hace imposible regresar con normalidad al pelotón y más con 260 kilómetros en las piernas.

Precisamente esa duda la alimentaron ayer varios corredores que aseguran haber visto a Démare remolcado por el coche del equipo y adelantando ciclistas a velocidad de vértigo. Entre ellos, el diario italiano La Gazzetta dello Sport difunde declaraciones de Matteo Tossatto (Tinkoff) y Eros Cappecchi (Astana), recogidas en España por Ciclo21. Ambos aseguran que Démare les pasó “a 80 kilómetros por hora” agarrado al vehículo: “Jamás vi algo igual. Nos pasó al doble de velocidad”. Pero son sólo testimonios, una palabra contra otra, porque no hay imágenes de la persecución del francés. En cualquier caso, Démare hablará esta tarde en la televisión francesa.

Francia vuelve al ruedo

Ateniéndonos a lo que vale, la victoria de Démare parece traer ecos de un pasado glorioso al ciclismo francés. No en vano, fueron galos los dos corredores más fuertes en el sprint final. Y eso hacía muchos años que no pasaba. De hecho, la victoria de Démare fue el primer Monumento ganado por un ciclista francés en lo que llevamos de siglo XXI. La última vez que uno lo logró fue en 1997, cuando Frederic Guesdon se adjudicó la París-Roubaix, que realmente es el Monumento ‘de casa’.

arnaud-demare-milan-san-remo-bouhanni-swift-monumento

En cuanto a la San Remo, el precedente más reciente de victoria de un francés se hallaba en 1995 de la mano de un todoterreno como Laurent Jalabert. Sin duda Francia está recuperando su poderío en este deporte después de dos décadas de profunda crisis con Richard Virenque como último estandarte, y realmente tampoco es que fuese un ciclista muy ganador más allá de las clasificaciones de la Montaña. Atacante y carismático, pero con 19 victorias en el historial.

Ahora, los franceses no sólo tienen una buena infraestructura de equipos –dos World Tour y cuatro profesionales– sino además un gran calendario para darles competición durante todo el año. A eso se añade una hornada de ciclistas que nació al filo de los 90 y ya está dando grandes éxitos. No sólo Démare y Bouhanni sino también Coquard, o en otros terrenos Thibaut Pinot, Romain Bardet o Warren Barguil.

Sin duda, el triunfo de Démare en San Remo es liberador para el ciclismo galo, que regresa a la primera línea mundial de este deporte por derecho propio. Esta nueva generación ya ha roto la primera barrera. Veremos cuánto tardan en caer las siguientes.