Según La Gazzetta dello Sport, los motores son un sistema anticuado. Ruedas electromagnéticas capaces de producir 20-60w son el tope de gama del dopaje mecánico.

Tras el escándalo del primer caso jamás registrado de dopaje mecánico en el ciclismo, cuando se descubrió un motor dentro de una bici en el Mundial de Ciclocross de Zolder (Bélgica) el pasado sábado, concretamente la Wilier de Femke van den Driessche, La Gazzetta dello Sport publicó en su edición del lunes que este sistema está anticuado y superado.

Según la fuente del rotativo de páginas rosas, un supuesto comerciante de bicicletas y ruedas modificadas ilegalmente, que realiza afirmaciones como que “con la electricidad se hacen más milagros que con la química”, existe otro sistema mucho más avanzado que deja los motorcillos (que aun así también comercializa) a la altura del betún. Cuesta 10 veces más, 200.000 euros, y la trampa se esconde en la rueda trasera.

Se trata de ruedas electromagnéticas. Su funcionamiento se explica a través de un gráfico, que muestra cómo cables eléctricos son escondidos dentro de una rueda para crear una fuente electromagnética capaz de generar entre 20 y 60 vatios de potencia, suficientes para suponer una diferencia decisiva y “convertir a un ciclista profesional de nivel medio en un fenómeno”. El sistema puede ser activado con un control remoto o automáticamente desde el monitor de frecuencia cardíaca del ciclista.

Rueda electromagnética

Ya hace años, desde 2010, la duda acerca de la utilización de estos sistemas fraudulentos planea sobre los más altos niveles de competición. Los casos de Cancellara en París-Roubaix y Hesjedal en La Vuelta levantaron algunas sospechas en determinados círculos. Hasta Brian Cookson dijo en una ocasión tener informaciones que apuntaban que el dopaje mecánico “puede ser algo muy real”. En este sentido, el misterioso hombre de negocios, a quien llaman Míster X para preservar su anonimato, hizo algunas afirmaciones más. Con poco fundamento, eso sí. “¿Motores solo desde 2010? No, desde mucho antes. Y trabajé durante años incluso para grandes campeones”.

Pero lo más desconcertante no son estas afirmaciones tan categóricas, sino que a la vez que Míster X alaba las bondades de este tipo de dopaje, también propone soluciones para acabar con él. “Es un sistema tan perfecto que es cierto que no todos los corredores son conscientes de utilizarlo. A veces solamente se piensa que has tenido un gran día”. Hasta aquí bien. El hombre, dejando de lado cuestiones éticas, tiene un negocio muy rentable.

Sin embargo, prosigue: “Hace algún tiempo también hablé con la gente de Aigle –la gente de la UCI –. Creo que solo hace falta estudiar las hazañas de algunos corredores para ver quién usa un motor. Por eso sugerí que se insertaran los datos de potencia en el Pasaporte Biológico”. ¿Para qué iba a querer Míster X más herramientas de control para evitar el fraude tecnológico?

Si juntamos esto con la poca probabilidad que el sistema parece tener en un sentido práctico según expertos en el campo, sus palabras deben ponerse en tela de juicio. ¿Es cierto y la vanidad puede con Míster X, o por el contrario se confirma aquello de que cuando no hay información es muy fácil inventarla?

De momento, y hasta que no se demuestre lo contrario, seguiremos creyendo que el pelotón internacional está compuesto por ciclistas y no motoristas.

Alberto Contador bici con motor

Alberto Contador, en el Giro d’Italia 2015, encima de una bicicleta con motor.