Está claro que los próximos días van de carreteras estrechas. Unas llenas de piedras, como las de Flandes y Roubaix, y otras de asfalto húmedo, empinado y algo resbaladizo en Euskadi. Y es que abril es un mes único en el ciclismo precisamente por eso. Por el encadenado de carreras interesantes en ámbitos muy distintos: adoquines, clásicas de muros y vuelta de una semana.

En País Vasco desde mañana se viene el segundo duelo entre Nairo Quintana y Alberto Contador. Esta vez no estará Froome, a diferencia de la Volta, pero habrá otros actores en principio secundarios que seguro que buscan cambios en el guión. Por lo pronto, el primer enfrentamiento directo entre ambos lo ganó el colombiano por siete segundos. Contador le está poniendo ganas y ambición, pero en todas las carreras parece que hay alguien un poco mejor que él. Veremos si la ronda vasca es el lugar donde rompe el rosario de segundos puestos que acumula en esta temporada.

Por otra parte, Quintana no tiene en esta Itzulia un menú de puertos largos tipo Tour, pero es cierto que el colombiano se adapta muy bien al terreno que encontrará a partir de mañana. Además, viene arropado por un equipo potente con Ion Izaguirre, que mostró su buen punto de forma ganando ayer el Gran Premio Miguel Indurain, Dani Moreno, Jesús Herrada y Winner Anacona. Contador, por su parte, viene con Kiserlovski y Kreuziger como grandes escuderos. Si en la Volta Movistar era muy superior, en esta ocasión la lucha entre equipos estará más pareja.

Novedades y clásicos

Lo cierto es que el recorrido es un auténtico campo de minas. No hay una sola etapa tranquila y sin un puerto en los últimos 20 kilómetros. Eso implica que quienes opten a llevarse la Vuelta tendrán que estar con las orejas tiesas durante los seis días, del primero al último. Además, el trazado combina a partes iguales llegadas inéditas y recorridos novedosos con algunos de los grandes clásicos del ciclismo vasco.

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Fabricio Ferrari (Caja Rural – Seguros RGA) el año pasado en la pared de Aia

En el apartado de novedades destaca Garrastatxu, la llegada de la segunda etapa en Baranbio (Amurrio). Un muro de casi tres kilómetros con un tramo que ni siquiera es de asfalto y rampas que alcanzan hasta el 20% por una estrecha y tortuosa carretera. La colocación será primordial, y después las fuerzas harán el resto. En la cuarta jornada habrá doble paso consecutivo por la pared de Aia, la última de ellas a 13 de meta. La última subida apenas tendrá 1,5 kilómetros, pero con pendientes superiores al 25%. Una barbaridad.

Y entre los clásicos, la tradicional y siempre atractiva llegada a Arrate por Usartza. Un puerto que todo el mundo conoce, que todos los años se sube y que al final siempre acaba siendo selectivo. También Arrate, pero por una vertiente nueva, se subirá en la crono final con salida y llegada en Eibar. La contrarreloj tiene 16,5 kilómetros y casi seis de ellos son de subida, con algún pico al 22% para ‘relajar’ las piernas.

Actores secundarios

Quedan relegados a un segundo plano porque Contador y Nairo, que están bastante parejos, acaparan la mayoría de la atención. Pero eso no significa que por calidad, alguno de estos corredores no pueda disputar la Vuelta. Empezando por Daniel Martin (Etixx-QuickStep). Después de ganar en La Molina, el irlandés viene bien y además es probablemente el que mejor termina este tipo de muros. Si no lo descuelgan antes, su ‘rush’ final lo hace muy peligroso.

También estará Joaquim ‘Purito’ Rodríguez, otro especialista en estas llegadas que además ha empezado a coger el punto en la Volta. Mikel Landa (Sky) es una incógnita. No estuvo mal en la Settimana Coppi&Bartali, pero ayer no acabó el Indurain. Thibaut Pinot llega de ganar Criterium Internacional. Samu Sánchez, Fabio Aru o Bauke Mollema son otros buenos ‘galgos’ a tener en cuenta.

De Flandes a Roubaix

Ni maldición arcoíris ni nada. Lo de Peter Sagan en Flandes ha sido una completa barbaridad. Se marchó en el Patterberg reventando a Vanmarcke y se marcó una contrarreloj de 13 kilómetros hasta la meta. El campeón del mundo ha tardado en ganar este año, probablemente más que nunca, pero le ha cogido el gusto y no hay quien lo pare. Quizás el final hubiera sido distinto –o no- si Cancellara hubiese estado en el sitio cuando el eslovaco se marchó, junto a Vanmarcke y Kwiatkowski, en busca del grupo de fugados.

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Pero no fue el caso, así que el veteranísimo suizo se tuvo que conformar con la segunda plaza. Demostró, eso sí, que pese a su edad está para ganar una carrera de este nivel. O, al menos, para disputarla. Cancellara entró despidiéndose del público flamenco en Oudenaarde. Ha sido el último Tour de Flandes de su trayectoria ciclista. Vanmarcke, que no le disputó la llegada, cerró el podio.

Mención especial merece Imanol Erviti. El navarro de Movistar se metió en la fuga buena del día, con gente como Greipel o Claeys (Wanty – Groupe Gobert), que disputaba su primera carrera tras la pérdida de Antoine Demoitié con una dignísima escapada. Pero el navarro, una vez que los ‘trenes’ llegaron desde atrás, aguantó el tipo tirando de casta y oficio. Aunque no pudo pelear la carrera al final –a 16 kilómetros de meta estaba en el grupo de cabeza-, entró en un fantástico séptimo puesto. El mejor resultado de un español desde 2008.

En una semana, los clasicómanos del adoquín se vuelven a ver las caras en la París-Roubaix. De momento, Sagan y Cancellara han demostrado ser los mejores en la superficie. Veremos si el campeón del mundo logra su primer doblete –sería curioso destrozar así la ‘maldición arcoiris’- o si el león viejo puede alzar los brazos una última vez. O si hay alguien que se cuele sin invitación a su fiesta privada. Por ejemplo, algún Etixx-QuickStep, que de momento están fallando aquí. Lo sabremos a la vuelta de una semana.