“Subir un puerto durante 50 minutos o una hora a tope puede ofrecer sorpresas, y aún más después del día de descanso… puede ser un día para ver cosas importantes”. Alejandro Valverde dixit. Pocas veces los pronósticos se cumplen tan fielmente. Anticipábamos que la subida final a la Pierre-Saint-Martin sería un concurso de vatios: que sólo podíamos esperar una exhibición de Sky a partir de cierto momento y que Chris Froome, que ya había demostrado ser el más fuerte de la carrera (por algo viste de amarillo), machacara a los rivales. No obstante, el vigor de su superioridad fue tan epatante que dejó a los observadores asombrados y a los contrincantes resignados, al menos momentáneamente, a la inviabilidad de batirle. Es el efecto deseado: propinar un golpe de efecto para que el funeral, esa fila negra con una raya celeste dividendo su espalda por la mitad, parezca inexpugnable.

En las declaraciones de meta, con las emociones a flor de piel y los hechos sin masticar, la concurrencia estaba desmoralizada. Alberto Contador aseveró que “Froome es superior al resto, y punto”; Nairo Quintana habló de “opciones de triunfo un poco agotadas”; Alejandro Valverde, de “intentar quedarnos como estamos”. El madrileño ahondó en su debilidad, reconociendo “fatiga” y no poder respirar “bien” durante la etapa. De los tres, el murciano fue quien más cerebral y a la vez optimista se mostró, quizá reforzado por el hecho de que pese a la derrota Movistar Team detentó con oficio y acierto el mando de la carrera durante varios lapsos. “El Tour no está para nada sentenciado. Hoy han reventado muchos corredores. Otro día le puede tocar a Froome”.

Entre los “reventados” que citaba Valverde, el más destacado Contador aparte fue Vincenzo Nibali. El italiano parecía llegar en buena forma, acompañado de un Astana ideal para arrasar en la primera semana, buscando repetir la jugada del pasado Tour, en el cual se impuso durante la mitad inicial y apabulló en la conclusiva. Sin embargo, fue el peor parado de los cuatro grandes en esas etapas de nervios. Ayer llegó la hecatombe: se cortó a casi 10 kilómetros de meta, antes incluso de que entrara en escena Sky. “No soy el Nibali del año pasado”, dijo. “Parecía que se hubiera rendido”, criticó su gregario Jakob Fuglsang, que se cortó disciplinadamente para tratar de arrastrarle montaña arriba. Ante la dimisión del ‘Squalo’, el danés de la nueva respiración acabó recibiendo carta blanca por parte del mánager de Astana, Alexandre Vinokourov. Liberado de responsabilidades, podíamos temer de Nibali una retirada temprana o un triste paseo hasta los Campos Elíseos; pero, en su caso, lo más probable es que se revuelva tirando de ‘grinta’.

La etapa de hoy depende en gran medida del estado de ánimo de los corredores. El encadenado de puertos es precioso: Aspin de calentamiento y Cauterets para dirimir las hostilidades que queden abiertas tras la subida y la bajada del coloso Tourmalet. Es un recorrido que se presta a las emboscadas necesarias para atizar la superioridad física de Froome y su Sky: en el Tour del 95 acogió una exhibición de Virenque y en la Route du Sud de 2011 una escabechina dantesca. Sin embargo, para que suceda lo extraordinario es necesario actitud por parte de un pelotón de rivales que quizá tenga el KO de la víspera demasiado reciente para reaccionar con fuerza y audacia a la marcha imperial de los británicos.

El Tour de Francia es retransmitido en directo por Teledeporte y Eurosport, que conectan cada día en torno a las 14:00. Podéis encontrar las altimetrías en inrng y los resultados en ProCyclingStats. El hashtag en Twitter es #TdF2015. En Arueda.com os ofrecemos información, análisis y anécdotas en la sección Rock n’Tour.