Nunca antes habíamos visto tanta incredulidad y burla en torno al Tour de Francia y los ciclistas.

Es cierto que las últimas dos décadas del ciclismo han sido un caída hacia el abismo de manera paulatina e irremediable. Al abismo del descrédito, de la incredulidad, de la burla. El pasado sábado, el entorno de Chris Froome denunció que alguien le había tirado orina a la cara en plena etapa. Una gamberrada que también sufrió Mark Cavendish hace un par de años.

Desde que Froome se impusiera con una superioridad absoluta a sus rivales en la cima de la Pierre de Sant Martin, no he parado de leer en las RRSS mensajes de incredulidad de los aficionados. Descreimiento absoluto hacia Froome, hacia el “nuevo escalador” Geraint Thomas y hacia el método Sky y sus “ganancias marginales”. Es obvio que hace muchos años que el ciclismo lucha contra el monstruo del desafecto de gran parte de la afición. ¿”Por qué vemos esto?”, se preguntaban hace poco en un conocido foro rebelde, “si no hay quien se lo crea”. Para mí lo más relevante es que la sospecha ya no se expresa tan solo en webs y blogs especializadas, discrepantes del ciclismo oficial, sino que se extiende prácticamente a espacios menos sibaritas, visitadas mayormente por el clásico seguidor del Tour.

Aún más chocante es constatar cómo casi a diario es desde el propio ciclismo desde donde se ejecuta la zapa del descrédito. Tras la etapa del sábado pasado, el diario L’Équipe tituló con un ambiguo “Van Garderen, positive” unas declaraciones del ciclista del BMC. “Positive” que no “positif”, es decir, Van Garderen se declaraba optimista a pesar de haber perdido la segunda plaza de la general. Aún así, el malentendido se extendió como la pólvora por las RRSS. Les recuerdo que L’Equipe es prácticamente el diario oficial del Tour, comparte dueño con los organizadores de la carrera.

Otra paletada de consideración perpetrada desde dentro al ciclismo la dio el joven Mikel Landa, quien quizás auspiciado por Carlos de Andrés, dijo en plena retransmisión de la etapa del Tour (precisamente la que acabó en la Pierre de Sant Martin), que “seguro que más de uno ha usado el motorcillo en alguna ocasión”. ¡Me quedé a cuadros! ¡Un ciclista en activo diciendo eso en televisión, sin reparar en lo que aporta de negativo para su deporte! Para mí, el triste mensaje de fondo de las declaraciones de Landa fue más o menos este: “si se pueden hacer trampas, en el ciclismo, se hacen y se harán, sean mecánicas o médicas”. Recordemos que Landa tiene 25 años y encarna como nadie la nueva generación del ciclismo. Por cierto, Luis León Sánchez también fue preguntado por el asunto de los motores y, sin gran contundencia, por lo menos dijo que él no creía que eso fuera posible.

También el director de Teledeporte, Carlos de Andrés, forma parte de la gran familia del ciclismo. Y, cómo no, también ha compartido con la audiencia que “al principio no, pero cada vez estoy más convencido de que esto de los motores se ha hecho en alguna carrera”. Podemos sumar más, recuerden que toda la polémica en torno a los motores la inicio nada menos que Davide Casani, actual ex seleccionador italiano y comentarista entonces de la RAI hace unos tres años. El primer día de descanso de este Tour asistimos a otro esperpento del ciclismo con el anuncio de un vídeo en el que a las imágenes de Froome ascendiendo el Ventoux en 2013, se le superponen los datos del potenciómetro. El vídeo parecía falso, pero fue el propio responsable del Sky, Dave Brailsford, quien dio veracidad a los datos al asegurar que les habían pirateado el ordenador.

A mí la teoría del motor eléctrico me parece un auténtica locura. Una teoría absurda, propia de una película del estilo de Top Secret!, pero que increíblemente está ganando terreno y credibilidad. Incluso hay algún medio deportivo español empeñado en hacer de esto su nuevo “caso Manzano”. El mero hecho de que la teoría del dopaje mecánico vaya a más es ya una metáfora suficientemente clara del nivel de credibilidad –nivel cero– que tiene el ciclismo actual. Ahora desde el Sky dicen que están dispuestos a facilitar los datos de rendimiento (potencia, ppm, cadencia, etc.) a la prensa para que veamos que no hay ni trampa ni cartón; aunque parece que no han reparado en que lo complicado es confiar en la veracidad de unos datos que cederían los propios equipos.

Estoy convencido de que todo este descreimiento, que linda ya con la burla más chabacana (habrán visto que en algunas series de TV y “clubes de la comedia” se menciona al ciclista como ejemplo de “yonqui” para hacer chistes), es el resultado de una pésima gestión del problema del dopaje por parte del propio ciclismo durante años. Aún así, hay quien cree en la eficacia de las medidas actuales, como el sistema Adams o el pasaporte biológico. Sin embargo recuerden que fue el propio Chris Froome quien aseguró que se había saltado un control sorpresa poco antes de empezar el Tour. También fue el británico quien denunció el año pasado que había estado entrenando con sus principales rivales (Contador, Nibali…) en el Teide y que nadie había ido a hacerles controles. Juzguen ustedes mismos de dónde vienen los empujones hacia el descrédito… Y luego se extrañan y se lamentan.

Pero a mi juicio, el golpe más duro al ciclismo, un golpe cuyos efectos aún no se hemos llegado calibrar suficientemente, lo dio el caso Armstrong. Un ciclista dominador como nadie, que proclamó su limpieza de manera arrogante y matona y que nunca, nunca, dio positivo. A mí me cuesta creer que los controles de ahora sean mucho más fiables, sencillamente porque en los años de Armstrong nos decían lo mismo. Esa es la herencia que Armstrong ha dejado al ciclismo. Y ese lastre se arrastrará durante décadas me temo.

¡Feliz pedalada!

David Suárez es director de Arueda.com
dsuarez@arueda.com – @dsuarez_arueda

  • martillo

    De aquellos barros vienen estos lodos.
    Desgraciadamente ha sido el propio ciclismo el que se ha forjado esta imagen y será muy difícil pasar página.
    Referente al tema del dopaje mecánico no pondría la mano en el fuego. ¿De verdad crees que gente con escasa catadura moral, capaz de trucarse el motor personal para rendir más, tendría algún problema en aceptar una ayudita mecánica? Lo dudo…

    • David Suárez

      Hola Martillo, opino igual que Carles, veo mucho bulo en esto del motor mecánico, algo muy poco viable técnicamente sin que se note en una bici de las que usan los pros. Además, aquí sí que te arriesgas al todo o nada. Si te abren la bicis y llevas el motor, no habría vuelta atrás…. En resumen, lo que digo es que no es viable, otra cosa es que más de uno y de dos lo haría si realmente fuera posible. Gracias por comentar!

  • Carles

    Como ingeniero, puedo decir que un motor y su respectiva batería que realmente ayudara en algo a un ciclista, tendría un peso y volumen que el ciclista no tendría ninguna ventaja!

    Realmente esto del motor es un rumor sin ningún sentido ni crédito.