En el año 2014, el futuro del sprint en el ciclismo francés se hallaba concentrado en un mismo equipo. La Française Des Jeux albergaba en su seno a dos jovencísimos velocistas llamados a una trayectoria de éxitos. Nacer Bouhanni y Arnaud Démare eran corredores atrevidos, descarados y con un enorme futuro. Fuera de la bicicleta eran todo lo contrario. Bouhanni todo carácter y temperamento. Démare, Campeón del Mundo sub23, pura corrección formal. De 1990 el primero y un año menos el segundo, la FDJ concentraba con ellos un potencial capaz de ganar cualquier prueba francesa y de pelear en el World Tour.

Aquella historia acabó mal. Muy mal. Y ayer se vivió la última expresión de esa contienda que mantienen ambos corredores. Bouhanni esta vez en el Cofidis y Démare, como hace dos años, con la formación World Tour. En la meta de Vendóme y tras una etapa que tuvo frío, viento, nieve y un doble paso por un circuito con dos sectores de tierra –cuatro en total- el equipo Cofidis trató de controlar los múltiples ataques que se producían por delante. Ben Swift, que acababa de entrar en el grupo principal, lanzó el sprint final y Démare lo superó con facilidad.

Media bicicleta más atrás llegaba Bouhanni, que firmaba un tercer puesto. Démare ganaba así el primer duelo directo entre ambos en este 2016 en una ‘volata’ donde Marcel Kittel y Kristoff, principales favoritos, no estaban por haber quedado eliminados en la tierra. Y entre los dos franceses no se trata nunca de un simple sprint, sino de una cuestión personal pues arrastran una guerra desde que coincidieran en la estructura de Marc Madiot. Aunque el propio Dèmare dijese ayer que ese duelo no existe.

Hoy, Bouhanni le devolvía la moneda a Arnaud, pero sólo momentáneamente. Y es que el sprint del ciclista de Cofidis fue no sólo poco ortodoxo sino también ilegal. El francés cambió la trazada y mandó a Michael Matthews al lado de la valla. No contento con eso, el galo sacó el codo y acabó tocando al líder de la carrera. Ambos estuvieron a punto de irse al suelo y, aunque Nacer llegó primero a meta, en cuestión de cinco minutos fue descalificado. Pasó al último puesto del grupo que llegó en su tiempo. Es decir, tercero. Porque sólo ellos dos y Niccolo Bonifazio habían entrado juntos.

Guerra abierta en FDJ

Lo que era una máquina casi perfecta de ganar carreras para FDJ terminó como el rosario de la aurora. En un primer momento, Bouhanni fue al Giro de Italia. Con apenas 23 años consiguió ganar tres etapas y se llevó el maillot de puntos. Una actuación que le valía la presencia en el Tour dos meses después. En las mismas fechas, Démare ganaba tres etapas en Dunquerque y el Tour de Picardie, con otros dos parciales. A distintos niveles, ambos estaban dando argumentos.

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Pero sólo iba a ir uno. A la hora de la verdad, Marc Madiot eligió a Démare. Y Bouhanni tuvo claro que la única opción posible era coger la puerta de salida. Como la guerra ya estaba abierta y ambos terminaban contrato, la renovación de Démare fue el gesto de posicionamiento que faltaba. No había sitio para los dos. Para colmo, Arnaud llegó al Tour algo pasado de forma tras proclamarse Campeón de Francia -Nacer fue segundo- y sólo se metió en dos llegadas, acabando tercero en ambas.

En la Vuelta a España le tocó de nuevo a Bouhanni coger el testigo, y volvió a ganar. Dos etapas en la primera semana. Un bagaje más que suficiente para FDJ en la ronda española. Pero aquello no encaminó nada, y el ‘Boxeador’ ya tenía decidido su futuro lejos de su íntimo enemigo.

Aquel extraño 2014 terminó para FDJ con 26 victorias entre ambos, 15 para Démare y 11 para Bouhanni, pero estaba claro que el botín del segundo era muy superior en calidad. Cinco etapas en grandes vueltas, además de otra en París-Niza. En cambio, Démare sólo logró el Campeonato de Francia como triunfo verdaderamente importante junto a un buen puñado de carreras de segundo orden.

Éxito moderado vs rotundo fracaso

El camino para Démare  estaba completamente despejado en FDJ. Su ex compañero y ya rival se había marchado a Cofidis y se llevó consigo a Geoffrey Soupe y Chainel –hoy, sólo el primero de ellos sigue en el equipo-. Por primera vez se iban a medir como profesionales en igualdad de condiciones. Y lo cierto es que entre ambos, el ganador claro fue Nacer Bouhanni. Incluso Bryan Coquard completó una mejor temporada que Dèmare.

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De hecho, la temporada de Bouhanni se puede definir como un éxito moderado. Con menos grandes victorias, lo cierto es que consiguió una decena de dianas y metió a Cofidis en números que llevaba años sin tocar. Especialmente las dos etapas del Dauphiné. En el Campeonato de Francia se fue al suelo y llegó magullado al Tour, donde también acabó por caerse y abandonar. Mientras, Démare firmó un año más que pobre alzando los brazos sólo en dos etapas del Tour de Bélgica.

Lo cierto es que Nacer no deja indiferente a nadie. O se le quiere o se le odia, no hay medias tintas con él. Su personalidad introvertida, temperamental y arrogante contrasta con la corrección y buenas formas de Démare, que en parte fue lo que decidió a Madiot a seguir con él. Hay decenas de historias y anécdotas sobre su comportamiento. Como en la pasada Vuelta a Andalucía. Un periodista le preguntó tras ganar en Córdoba, visto lo que había tardado en conseguir el primer triunfo de la temporada, cuándo creía que llegaría el próximo. Tras lanzarle una mirada desafiante y sin cambiar su rostro un ápice, respondió: “Ya veremos. Puede que en el próximo sprint”. O lo de hoy mismo, cuando además de bloquear el paso a Matthews encima le recriminó una actitud que no era recriminable.

En este 2016, Démare ya suma dos victorias –una en La Mediterranèen y la de ayer-, por una de Bouhanni. Enemigos desde hace años y muy parejos en general, ahora son el presente de Francia en las llegadas masivas. Todo apunta a que se encontrarán más veces esta temporada como rivales… y quién sabe si como compañeros. Pues hay un Mundial en Catar muy apto para las condiciones de ambos. El duelo está servido. Nunca dejó de estarlo.