Llega la traca final. El momento de la verdad en el que ya nadie se puede guardar nada. La etapa en Pinerolo ha sido, con el muro final para añadirle un poco de tensión al asunto, una antesala de lo que se avecina tanto mañana como el sábado. Dos jornadas a caballo entre Italia y Francia que coronarán al ganador final para que reciba el domingo todos los honores en la ciudad de Turín.

Una etapa que, por cierto, ha tenido un desarrollo clásico de estas jornadas de calma tensa pero un final bastante inesperado. La escapada-bidón estaba casi cantada, pues los equipos de los ‘gallos’ no iban a querer meterse en demasiada guerra antes de las jornadas alpinas. Los sprinters se filtraron en la fuga para poder seguir su particular pelea por la maglia rossa, que es la roja, la de los puntos. Una prenda que por el momento lleva Giacomo Nizzolo y que será difícil que pierda, casi tanto como difícil será que logre ganar por fin una etapa. Sólo le queda la opción de Turín y lleva dos segundos y dos terceros puestos. Un Giro bastante ‘saganesco’ el del italiano. Pero el premio merece la pena, si finalmente se lo lleva.

En cuanto al final, también parecía cantado que en el puerto de Pramartino –de cuatro kilómetros al 10% de media- la escapada se haría pedazos. Brambilla (Etixx-QuickStep) y Moreno Moser (Cannondale) fueron los más fuertes en un grupo donde había calidad: Kung, Mohoric, Trentin, Rovny, Ligthart, Knees, Kluge, Modolo, Arndt… no eran cuatro cojos. Y parecía que la pelea iba a ser entre ambos. Pero Moser, muy confiado en su mejor punta de velocidad frente a Brambilla, se vio sorprendido por Matteo Trentin (Etixx-QuickStep) que cambió la trayectoria y pasó como un tiro sobre los otros dos. Moser no pudo darle caza y el italiano, habitualmente lanzador de sprinters más puros y gregario de lujo en las clásicas, ha acabado ganando.

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Todo igual en las alturas

Ni Pramartino ni el muro final llegaron a romper del todo la cuerda entre los favoritos, aunque ha dado la sensación que ha sido por muy pocos metros. El caso es que finalmente han llegado juntos a la línea de meta con Valverde y Kruijswijk enzarzados en un sprint que llevaba a más bien poco. El neerlandés sigue líder con tres minutos justos sobre Chaves, mientras que Valverde cierra el podio a 3’23”. Nibali sigue cuarto a 4’38” y Zakarin quinto a 4’40”.

Por cierto que el rendimiento de Nibali está siendo objeto de muchos comentarios. De hecho, el corredor se ha sometido a una serie de tests y análisis para tratar de esclarecer por qué no acaba de tener el nivel que debería: “No soy yo, algo me sucede y me impide ir al máximo”, ha llegado a decir. Eso sí, también asegura que no se va a bajar de la bici y que llegará hasta Turín sí o sí e incluso intentará, dentro de sus fuerzas, plantear batalla.

Primer plato en Risoul

Visto todo esto, ¿qué espera a los ciclistas en estos dos días? Pues apenas 300 kilómetros pero muy pocos serán llanos. Mañana la serpiente multicolor se adentra en Francia en el primer día propiamente alpino. Serán sólo dos puertos, pero de entidad suficiente para hacer saltar la carrera por los aires. Otra vez.

Primero será el Col del Agnello, 21,3 kilómetros de ascensión con dos mitades bien diferenciadas. La primera, relativamente amable, y una parte final de 11 kilómetros a una media superior al 9%. Por si todo esto fuese poco, la cima se corona a 2.744 metros de altitud, lo que ha llevado a la organización a catalogarla como Cima Coppi de esta edición del Giro. Después tocará la ascensión final a Risoul. Más de 13 kilómetros por al 7% de media. Tal y como están ya las fuerzas, no será extraño que veamos más de una explosión entre los primeros clasificados de la general.

Por cierto, los pronósticos no acaban de ser claros en cuanto a la meteorología por lo que no es 100% seguro que la etapa pueda disputarse tal y como se ha diseñado. Si la nieve impidiese ascender el Agnello, la organización ha diseñado un recorrido alternativo por la más accesible y menos alta Sestrieres. Veremos qué ocurre.

La última batalla en Sant’Anna di Vinadio

Por si lo de mañana fuera poco, el sábado espera otro ‘tappone’ de kilometraje reducido. Al final serán sólo 134 kilómetros pero los metros de desnivel son más de cuatro mil. Ya de salida se arranca con el Col de Vars, un puerto de 18 kilómetros sin rampas escandalosas, pero en el que se puede partir la carrera si el ritmo inicial es fuerte. El problema es que quienes se lo tomen demasiado a pecho tienen después un coloso que afrontar, y con ese no se juega.

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La Bonette. Más de 22 kilómetros constantes en torno al 7-8%, con alguna punta superior al 10% y, lo más importante y devastador, coronando a 2.715 sobre el nivel del mar. La del sábado es una de esas etapas en las que Valverde puede sufrir por la altura, porque se está casi tanto tiempo sobre los 2.000 como debajo de ellos. Una vez descendido el ‘bicho’, la carrera se dirige de nuevo a la frontera italiana en el Colle della Lombarda.

Serán ‘solo’ 20 kilómetros cuesta arriba, también con pendientes muy constantes entre el 7-8% y cuya cima está a sólo 10,5 de meta. Desde ahí, bajada y encarar el murito de Sant’Anna. Tres kilómetros cercanos al 10% en cuyo final quedará establecida la clasificación definitiva de este Giro de Italia 2016. Probablemente, el ‘statu quo’ actual no tendrá nada que ver con el que salga el sábado.