“Me alegro de que el Tour se haya acabado”. Robert Gesink y Bauke Mollema emitieron las mismas palabras en sus respectivos comunicados de balance de este Tour de Francia particularmente exigente en lo físico y asfixiante en lo psicológico. El recorrido planteado por ASO fue magistral y despiadado, pero el factor definitorio fue el elenco de participantes. Estaba prácticamente toda la primera línea mundial, toda ella con objetivos que cumplir y salarios que justificar. Aunque el amarillo quedó adjudicado en el concurso de vatios de La Pierre-Saint-Martin, la ambición del pelotón no se aplacó. Vimos al contingente francés y los Cannondale pelear por cada fuga, a los neerlandeses por el top10, a Nibali y Contador por el honor…

Vincenzo Nibali y Alberto Contador fueron, con permiso de Peter Sagan, los grandes protagonistas de este Tour de Francia. Afortunadamente para el espectador, quedaron eliminados pronto de la lucha por la general y decidieron extremar su habitual agresividad con premio desigual: 4º y 5º de la general final, posiciones de chocolate, aunque ‘lo Squalo’ al menos se llevó la victoria de La Toussuire para cerrar un balance insuficiente que le obligará a acudir a la Vuelta. El pinteño, por su parte, tiene la Clásica de San Sebastián para finiquitar su temporada y un largo invierno para gestionar inversiones y planificar su retirada.

Durante casi tres semanas, Nairo Quintana y Alejandro Valverde ejercieron de antagonistas para estos y otros atacantes. Movistar Team apostó por mantener la carrera controlada, solapando sus esfuerzos por Sky. Esto provocó que, como los británicos, se aislaran del resto del pelotón. Cuando realizaron su movimiento en Alpe d’Huez, nadie colaboró con ellos e incluso el destino interpuso a Pinot para que no pudieran llevarse una foto de victoria. El balance de Quintana, “perdí el Tour en la primera semana”, transmite cierta amargura; el de Valverde, “es algo que llevaba persiguiendo toda la vida y al fin lo he podido conseguir”, felicidad eterna. El ciclismo le debía un podio en París al murciano. Ya sólo le queda regalarle un maillot arcoíris y estarán en paz.

El gran triunfador fue, indudablemente, un Chris Froome que cumplió con precisión mecánica. A diferencia del año pasado, no sólo sobrevivió a la primera semana sino que la terminó de amarillo y encima noqueó a sus rivales en el primer final en alto. A partir de ahí, entre sus fuerzas y su Sky, cuyos gregarios sufrieron altibajos que se compensaron entre sí a la perfección, salió adelante. Lo peor fue lo que tuvo que soportar a nivel mediático, con muchos medios críticos acusándole con argumentos etéreos de vatios o con historias de hace mil años y volviendo al público en su contra. Tampoco la respuesta de Froome y su entorno fue adecuada, con cifras cocinadas y confrontación directa. En los mentideros se comenta que el secreto del conjunto británico son las cetonas, una ayuda legal aunque de difícil acceso; si fuera así, bien harían en revelarlo para incrementar su credibilidad y acallar la crispación.

Han sido, pues, tres semanas emocionantes, tan intensas que dejan más neurastenia que nirvana. Nos quedan por delante tres semanas de verano para pedalear y paladear antes de que inicie la Vuelta a España. Disfrutemos y acudamos en masa a los bares. Aquí termina la tercera edición del Rock n’Tour.