El ciclismo funciona, en algunos sentidos, un poco por capas. Es decir: en octubre ya es difícil –aunque no imposible, claro- que un equipo World Tour tenga huecos en la plantilla. Poco antes, más o menos a mitad de septiembre, se empieza a mover el grueso del mercado en la segunda categoría: Pro Continental. Aquel ciclista que llegue a diciembre sin un contrato en estas dos primeras divisiones, lo va a tener difícil. Ahí entra en juego la tercera en discordia: la Continental.

Y en nuestro país, la categoría continental está representado por dos equipos: Burgos-BH y Euskadi Basque Country-Murias. Ambos se encuentran ya preparando el 2017 con la ilusión y el hambre que sólo presentan los equipos modestos. Las ganas de agradar, el saber que competirán contra los mejores y el sueño de dar un salto de categoría por parte de sus corredores.

Primeras tomas de contacto

De hecho, el equipo vasco encara un año crucial porque en teoría todo está bien encaminado para un salto de categoría en 2018, hacia la división Pro Continental que les permita correr la Vuelta al País Vasco y la Vuelta a España. Miras ambiciosas… y una responsabilidad extra para los integrantes. Uno de los ‘veteranos’ de la escuadra euskaldun, Eneko Lizarralde, es consciente de lo que se juegan tanto individualmente como en colectivo: “Este es un año importantísimo. Como se dice en ciclismo, hay que apretar el culo. La idea que se nos ha transmitido es que todo está preparado para subir, así que hay que dar el nivel. Y sobre todo centrarse en este año y no obsesionarse”, explica el de Bergara.

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De hecho, el equipo ha tenido hoy una nueva toma de contacto en la base de operaciones, en los alrededores de Vitoria. La temporada tendrá “unas bases muy parecidas a esta”, con un inicio por España –Challenge, Valencia, Murcia, Almería, Vuelta a Andalucía y Alentejo, ya en marzo-, pero sobre todo ha cambiado la definición del proyecto: “Se va clarificando mucho a medio y largo plazo. La plantilla es joven, pero este año hay que aprender y mejorar para estar competitivos también el que viene”, comenta Eneko.

El equipo sólo presenta dos caras nuevas: Óscar Rodríguez y Julen Irizar. Precisamente un gran amigo –también es de Bergara- de Lizarralde: “Tiene mucha calidad, es muy metódico entrenando y no va a ser de los que se quedan en el pelotón para terminar etapas”, avisa. El propio Irizar cuenta que para él esto es un sueño que va viviendo de momento lentamente entre horas de gimnasio y pedaladas: “Ya estoy alternando el gimnasio con la bici, ahora habrá que ir metiendo horas”. Irizar ya dio destellos en la pasada Vuelta a Burgos con una gran fuga cuando sólo era stagiare. Y por ahí van los tiros para este año.

“No se trata de hacerme un hueco en el equipo, que también. Es ya hacerlo en el pelotón, y ayudar a los ciclistas más experimentados que tenemos, que son los que pueden pelear victorias”. Sobre su actitud atacante, es meridianamente claro: “Yo la actitud la tengo y la voy a tener. Luego no sé si podré o no, porque los demás también corren y andan mucho, pero a mí me gusta atacar y que se me vea”, explica.

El regreso del hijo pródigo

En Burgos-BH las circunstancias son distintas. El equipo que dirige Julio Andrés Izquierdo sí ha hecho un buen número de retoques en su plantilla: ni más ni menos que cinco amateurs –Marcos Jurado, Marcos Rojo, Raúl Castrillo, Joan Ruiz y Óscar Linares– y, lo más importante, un regreso: David Belda vuelve al equipo tras una aventura de un año en el Roth suizo. El levantino debe ser el puntal del conjunto burgalés junto con Ibai Salas y Pablo Torres, los otros dos ‘veteranos’. Siguen Daniel López, Jorge Cubero y Álbaro Robredo. De momento, 11 integrantes, aunque no se descarta algún alta más.

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Ibai Salas, en la pasada Volta a la Comunitat Valenciana

Precisamente Ibai Salas se refiere al regreso de Belda como “lo mejor que le podía pasar” al Burgos-BH. “Ya he hecho temporadas con él y da mucha seguridad al equipo. Transmite calma, es un corredor hecho y acostumbrado a la responsabilidad. Nos viene bien a todos porque libera a otros más jóvenes y que tenemos más que aprender”, analiza. Y en eso coincide con su director, Darío Hernández: “Es un corredor que aunque esté mal, tira del equipo y sabe mantener a los compañeros metidos en carrera. Yo siempre he sido su gregario, y ahora voy a dirigirlo. Para mí es muy especial y estoy encantado de tenerlo”, espeta Hernández.

Además de Belda, Salas es uno de esos ciclistas que debe dar un pasito al frente: “Aquí me siento valorado y bien, con Belda voy a tener exigencia pero a la vez libertad. El equipo quiere que siga con mi esencia combativa, cogiendo fugas selectas. Tengo claro que me van a exigir que dé el nivel, es mi cuarto año y me han renovado para eso. Estoy preparado”, explica. El vasco añade además un deseo para el 2017: “Por qué no, conseguir mi primera victoria. En amateur era un ciclista ganador y aquí, por el momento, me está costando. A todos nos gusta ganar, claro, y espero que se dé este año por fin”. Burgos-BH también empezará en Mallorca, haciendo el calendario español hasta finales de febrero. “En marzo aún estamos mirando, pero no queremos pasar sin correr hasta Estella”, arguye Darío. Antes se concentrarán en Benidorm, como habitualmente.

Las sensaciones en el equipo son buenas. Hernández hace alusión a las “ganas y la ilusión” que se ha encontrado en las conversaciones con sus corredores: “Esa ilusión es lo principal. Si se trabaja con ilusión, las cosas salen y el equipo funciona. Eso seguro”. Y valora las llegadas como “muy positivas”, gente joven con mucho margen de progresión y ganas de hacerlo bien. Salas, por su parte, también lo ve igual de bien aunque sabe por experiencia que los principios no son fáciles: “Son gente de calidad, que ha sonado mucho este año. Tengo buena relación con varios de ellos –fue compañero de Jurado en Seguros Bilbao– y lo harán bien porque llevan años en amateur y en puertas de pasar. Linares ya ha ganado carreras y Rojo es muy combativo”, explica. El gran reto, eso sí, la adaptación: “Cuando uno empieza trae la maleta llena de ilusión. Yo también la llevaba así, pero me la dejaron vacía de fuerzas”, dice tirando de buen humor. Ilusión es lo que no les falta a ninguno de los dos conjuntos. Las fuerzas serán las que al final decidan. Pero en diciembre, los sueños están intactos, y el ciclismo también es eso: soñar.