Contra la adversidad hay dos opciones. Rendirse o seguir intentándolo. El resultado de la primera ya es conocido. En cambio, optar por la segunda –la más difícil- puede traer una recompensa. Algo así le sucedió al equipo Euskadi – Murias en la pasada Vuelta a Andalucía. Una carrera que empezó bien y en la que terminaron luchando contra viento, marea, pinchazos y caídas.

Los periodistas que cubríamos –permitan en este caso el uso de la primera persona como excepción- la carrera no salíamos de nuestro asombro al oír Radio Vuelta. Hasta seis veces el mismo mensaje: “Euskadi, corredor parado a la derecha”. Una muestra de lo que fue la Ruta del Sol para el conjunto continental vasco, que fue combativo como el que más pero terminó sin un premio que merecía.

“Tuvimos muy mala suerte”, explica Imanol Estévez, que apuró hasta el final sus opciones de ganar la clasificación de la Montaña. “El equipo Gazprom no metió a nadie y tiraron a bloque para coger la fuga. No nos pillaban, pero nos mantenían a 30 segundos. Se empezó a animar gente fuerte del pelotón y nos cogieron en pleno puerto. Después volví a intentarlo, pero no hubo manera. Si la fuga llega a cuajar, al menos en los primeros puertos, me habría llevado el entorchado”, comenta.

La parte dulce

El caso es que la carrera comenzó bien para ellos. Estévez, en su segundo año profesional, cogió la fuga del día y pasó primero los tres puertos de montaña. Visibilidad en el podio con el maillot verde y la satisfacción pese a haber faltado sólo un chasquido para disputar la victoria de etapa. Y es que el pelotón los agarró a poco más de un kilómetro de meta. Pero las sensaciones difícilmente podían ser mejores.

Como siempre combativos, los vascos metieron en la escapada a Aitor González y, cuando el pelotón echó abajo su intento, de nuevo Estévez apretó para puntuar en el único puerto del día: “Me puse más líder ahí. Lo cierto es que todo pintaba muy bien. Quizás demasiado bien”. Dos días en el cajón y la sensación real de estar compitiendo de tú a tú con los mejores equipos del mundo eran un gran balance antes de que llegasen los días decisivos de la ronda andaluza.

La parte amarga

Pero el infortunio truncaría por sí solo lo que hasta el momento era una carrera casi soñada para los chavales de Odriozola. En la tercera etapa camino de Padul, de nuevo Estévez y Gari Bravo se filtraron en numerosos cortes. El propio ritmo del pelotón, con demasiadas ganas de batalla, iba engullendo todas las aventuras… hasta que una empezó a caminar. Y se les había marchado.

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“Entramos en todas. Nos cogieron. Y la siguiente se marchó”, recuerda Estévez. Entonces, el equipo decidió morir con las botas puestas y se puso a tirar a bloque cuando la escapada aún manejaba un minuto de ventaja: “Lo recuerdo como una exhibición. Delante había mucho nivel, gente muy buena. Nosotros reaccionamos rápido, y en la primera subida estuvimos a punto de caramelo. Los tuvimos a 10 segundos pero yo ya iba justo y no conseguí conectar”. Delante no se detuvieron y los verdes, desarbolados por completo y con hasta cuatro corredores descolgados del pelotón, tuvieron que claudicar.

Tampoco eso mermó las ilusiones del Euskadi, que en la decisiva etapa del domingo volvió a plantar cara a las adversidades y vivió otra vez una parte dulce y otra amarga. Como en el resto de la vuelta: “Cogí la primera fuga. Con la gente que iba me veía capaz de puntuar. La Montaña podría haber sido mía. Pero todo lo bonito que pintaba se truncó en unos kilómetros. Contra esto no se puede hacer nada”. Nada más que seguirlo intentando. Cada corte llevaba un Murias dentro. Mientras, Radio Vuelta volvía a repetir el mismo mensaje. Euskadi, corredor a la derecha.

Txoperena, por los suelos

Precisamente las dos últimas veces que la radio nombró al equipo vasco, el protagonista fue el mismo. Beñat Txoperena. El de Igantzi salió en busca de Tim Wellens y Rubén Fernández. Llegó hasta ellos y, unos kilómetros después, se informaba de un pinchazo. Como la fuga no estaba muy lejos, el coche neutro de asistencia aún no había pasado y el joven corredor fue reabsorbido por el pelotón.

Más grave fue lo que le sucedió después. Y es que ya en el primer paso por Peñas Blancas, mientras iba adelantando a la fila de coches para llegar al grupo de los favoritos, la caravana se paró y tuvo que pasar por la izquierda. Cogió gravilla y se le fue la bicicleta, con lo que acabó en el húmedo piso. Resultado, dos grapas en la barbilla y un fuerte corte en la rodilla al que no se dio sutura por estar justo en la articulación: “De estar en la fuga buena a terminar en el hospital. Por suerte, no tengo mucha avería”, expresó en su perfil oficial de Instagram. Ya está en casa, como el resto del equipo.

Optimismo, pese a todo

Cualquiera que busque los resultados sin haber visto la carrera pensará en Euskadi-Murias como un equipo mediocre que pasó inadvertido en Andalucía. Lo cierto es que se llevaron el reconocimiento de muchos aficionados en su estreno en la Ruta del Sol. Por su tenacidad, esfuerzo y ganas de agradar. “Han venido algunos de los mejores del mundo. Sabíamos que no éramos cojos. Arrancar en los puertos de cara a meta, cuando el pelotón va fuerte. Coger las fugas, asumir el mando del pelotón cuando se te van… son detalles que te dan confianza. Hay que sacar un balance positivo de esta vuelta, sabiendo que con un poco más de suerte habríamos conseguido mejores resultados”, remata Estévez.

Tiempo para volver al Norte, a casa, y descansar. Un pequeño parón de dos semanas hasta el 6 de marzo con el GP Bruno Comini de París, y después el Trofeu Alpendre portugués. El Euskadi-Murias se vuelve del Sur con la impotencia de no haber visto su esfuerzo correspondido. Y, sobre todo, con ese mensaje que sigue resonando en la cabeza, y que cualquier director espera no oír nunca: Euskadi, corredor parado a la derecha.