Seguro que al leer este título más de uno estará acordándose de aquellos abnegados trabajadores de equipo que ayudaron a sus líderes a conseguir grandes gestas deportivas. Pero no voy a hablar de eso. En la RAE aparecen cuatro acepciones del término “gregario”:
1. dicho de un animal. Que vive en rebaño o manada.
2. dicho de una persona. Que está en compañía de otros sin distinción, como el soldado raso.
3. dicho de una persona. Que, junto con otras, sigue ciegamente las ideas o iniciativas ajenas.
4. dep. Corredor encargado de ayudar al cabeza de equipo o a otro ciclista de categoría superior a la suya.

Ahora imaginemos una salida cualquiera con el club. Al regreso, la merecida cervecita o cualquier otro líquido reponedor del desgaste realizado unido a un aperitivo, o varios. El momento más feliz, comentando el recorrido del día con los compañeros, bromeando sobre los piques, y dejando que las endorfinas nos hagan sentir los reyes del universo. Y es que aunque el cicloturismo sea un deporte individual, no es lo mismo salir solo que tener alguien con quien medirte, y con quien compartir tus experiencias.

Por lo general, el bar de regreso suele ser el mismo. Incluso los del reagrupamiento porque cada club tiene “fichada” su cantina en cada pueblo que supone más o menos la mitad del recorrido. Y esos bares suelen ser inamovibles. Da igual si el camarero es antipático, la cerveza no está bien fría, te ponen pocos hielos en el refresco o los aperitivos son de la semana anterior. Siempre se va al mismo bar. Nadie lo discute. Pero llega un día en que alguien se harta de tenerse que beber la cerveza a palo seco por miedo a sufrir una intoxicación alimentaria y propone ir a otro sitio. La contestación por lo general suele ser: “¿Por qué? Si siempre venimos aquí”. El “divergente” expone entonces sus argumentos: “Porque los boquerones están podridos, la tortilla más seca que la mojama y la cerveza sin fuerza, entre otras cosas. ¿Por qué no probamos en el que está un poco más allá? Si total son 200 metros”. Pero por más razones que dé, sigue la negativa. Ésta proviene en principio de una sola persona pero los demás le siguen, ignorando los argumentos de quien propone el cambio.

¿De qué definición de la RAE estamos hablando? Si, efectivamente, de la tercera. Que conlleva asimismo asemejar el club a un rebaño o a un ejército donde los soldados rasos obedecen órdenes sin rechistar. Pero no estamos hablando de ovejas ni de “defender la patria”. Además, se trata de una actividad de ocio, no te están pagando por trabajar para tu jefe de filas. Entonces ¿a qué es debida esta actitud tan conformista?

Dependencia e independencia de campo
En los años sesenta Witkin definió el estilo cognitivo (algo así a la forma de pensar) dependencia e independencia de campo (DIC) como “grado en que la persona percibe una parte del campo perceptivo, como separado del contexto que lo rodea, en vez de hacerlo como si estuviera incluido en él, o al grado en que la organización de campo predominante determina la percepción de sus componentes; o por decirlo en palabras corrientes, el grado en que la persona percibe de manera analítica”. Es decir, que si podemos ser capaces de seguir nuestro propio criterio al margen del contexto, tendemos a ser independientes de campo. Si, por el contrario, dejamos que nuestro criterio dependa de ese contexto, la tendencia es a ser dependiente de campo.

La DIC se considera una dimensión, por lo que los seres humanos estamos dentro de un continuo en función de la situación y circunstancias personales. No se trata de poner una etiqueta a quien se deja influenciar por los demás y quien no, sino identificar ciertas actitudes hacia un lado u otro de esta dimensión. Jonassen y Grabowsy (1993) elaboraron un cuadro con las características de cada extremo, donde curiosamente aparece en el polo “dependencia” personas “sociables y gregarios” y en el de independencia “individualistas”. Como digo, son los extremos, no indica que los dependientes de campo sean gregarios siempre, en todas las circunstancias de su vida, ni que los independientes sean unos individualistas que nada más miran por lo suyo. Pero a lo largo de nuestra vida habrá momentos en que seamos capaces de ver más allá de lo que nos dicta el entorno social en que vivimos, y momentos en que sigamos la corriente. Y dentro de cada individuo, los habrá con más tendencia a ser más o menos dependientes o independientes de campo.

Dependencia de campo y ansiedad
Hay estudios (Fernández Ballesteros y Maciá, 1981) que han encontrado relación entre dependencia de campo y dependencia afectiva, lo que hace a las personas más proclives a ser dependientes de campo más vulnerables al estrés y la ansiedad. La explicación es muy sencilla: si dependes más de criterios ajenos que del tuyo propio tienes menos control sobre tu vida, lo que puede llegar a generarte inseguridad, y de ahí a padecer ansiedad. Quién suele ser más independiente de campo, por el contrario, tiene más capacidad de resolución de problemas (Tinajero y Páramo, 1998; Amador y Forns, 1994), ya que no buscan la solución en los demás, sino que son capaces de generarla por sí mismos.

En el ejemplo del club, el ciclista que no está de acuerdo en seguir yendo al mismo bar está proponiendo otro, es decir, busca una solución. El resto en cambio está siguiendo a quien no se quiere mover sin plantearse una alternativa. O sea, no piensan, no reflexionan, sólo consienten. Es probable que dentro de ese grupo con el tiempo surja otro disconforme que apoye al de la iniciativa y se acabe cambiando de bar, o bien se rompa el grupo y unos vayan a un bar y otros a otro. De esta forma es como el mundo ha ido evolucionando, si no hubieran existido independientes de campo que se replantearan cómo está montada la sociedad, seguiríamos poniendo piedras para construir pirámides porque hay que obedecer al faraón, y eso no se discute.

Ser la nota discordante de vez en cuando no es malo, al contrario, reafirma tu personalidad. Eso no significa que seas un insolidario, egoísta o antisocial, sino que tienes tu propio criterio y manejas las riendas de tu vida. Además, previenes problemas de ansiedad. Y esto no sólo se aplica a temas tan poco trascendentales como a qué bar ir, sino a otros muchos contextos. Así que si estás harto de soportar una situación que consideras se puede mejorar, quizá encuentres a alguien que estaba esperando que otro se “rebelara” para seguir su estela, o también puedes apoyar al “rebelde” que propone una alternativa, si te parece justa. Si vais a salir ganando con el cambio ¿por qué no?

Eva Montero es psicóloga del Deporte
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psicoclidep@gmail.com – www.psicologiaclinicaydeldeporte.es