Hace ahora un año, Dani Domínguez firmaba su nuevo contrato con el Team Ecuador, lo que implicaba para él tener continuidad por primera vez en su carrera deportiva tras pasar por ISD, Tusnad, NSP-Ghost, Doltcini y Christina Watches. Dos temporadas consecutivas en la misma escuadra, con el grueso de una plantilla conocida, habituado a los técnicos y la estructura… lo normal que necesita cualquier ciclista para poder centrarse únicamente en la competición. Y que precisamente para él era algo novedoso. Distinto.

Pero las cosas empezaron a torcerse. Firmado el contrato y con todo en regla, el equipo no lo inscribió en la UCI. Lo que evidentemente conllevaba la imposibilidad de correr. Y así pasó un mes. Dos, tres y cuatro. Entrenando, preparándose para carreras que nunca llegaban. En mayo llegó la buena nueva: finalmente el corredor estaba inscrito en el organismo internacional y partiría hacia América para debutar –ya a mediados de año- en la Vuelta a Colombia.

Un estreno que tampoco llegó. Problemas con la infraestructura impidieron que el equipo pudiera emprender el viaje a tierras colombianas, por lo que Dani ni siquiera llegó a coger el avión para cruzar el Atlántico. Otra vez a la rutina de siempre. Los entrenamientos, el mantenerse en disposición de competir, pero sin la posibilidad de hacerlo. Y el sueño de la continuidad, roto en pedazos.

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“Psicológicamente es durísimo”

Hasta que, harto, a principios de verano pidió la carta de libertad y la obtuvo. Cada vez cobraba más fuerza la posibilidad de un año en blanco. Siguió entrenando “con los mejores datos de rendimiento que he tenido en mi vida” mientras, para mantenerse activo, iba corriendo algunas pruebas amateur del calendario andaluz que le pillaban cerca de su casa. Solo, sin equipo y con la única motivación de mantenerse en forma.

“Psicológicamente estoy reventado. Es durísimo para un deportista tener que estar así, entrenando a diario y buscando motivación de donde no la hay”, explica el granadino, que además asegura que el principal ingrediente para salir de aquí es “tener muy claro lo que se quiere y visualizarlo”. Domínguez afirma que si hubo algo que jamás perdió fue la ilusión por seguir en este deporte y eso le ha llevado a muchos sacrificios.

Domínguez se sincera: “No me importa decirlo, he llorado muchísimo estos meses”. A medida que avanzaba el verano decidió poner sus miras en el año 2017. Tratando de buscar un hueco, aunque sin resultados en carrera que mostrar sabía que la dificultad de su empeño. Pero no se detuvo. Disputó varias vueltas del calendario nacional elite –Vuelta a Tenerife, Volta a Galicia, Volta a Lleida, entre otras- como cedido en varios sitios y consiguió subir al podio en un buen número de ocasiones, algo que se tomó como un “entrenamiento de calidad para que los miles de kilómetros y sesiones no se quedasen vacíos”, explica.

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La llamada de China

Hasta que llegó lo que tanto tiempo estuvo esperando. La opción de disputar, al menos, una prueba profesional antes de cerrar el año. Y, con ella, la posibilidad de poder tener algo que mostrar a los equipos para poder entrar en ellos en 2017. El escenario iba a ser el Tour de Hainan (2.HC), probablemente la prueba más importante de este final de temporada asiático y la última que disputan los equipos World Tour en el continente gigante.

Allí, frente a equipos como Astana, Lampre o Giant, el granadino ha estado enrolado en las filas del Hy Sport-Look Continental Cycling chino y ha terminado en el noveno lugar de la general. Un puesto de honor que le permite saber que todo el esfuerzo no ha sido en vano: “Es una carrera de mucho nivel, ha venido gente buena y equipos potentes, y me he visto con ellos. Tranquilo en el llano y probando en la montaña hasta acabar muy arriba”, comenta sobre su rendimiento en la prueba.

De hecho, en la octava y penúltima etapa, que era la última donde se podía romper la prueba, Dani atacó y se marchó en solitario con Matej Mohoric, segundo de la general tras Lutsenko. Era el descenso de un puerto que desembocaba en los últimos kilómetros, llanos, hacia la línea de llegada. En esa bajada Mohoric se fue al suelo y Lampre pasó de contener a cooperar con Astana para echar abajo cualquier intento de fuga. En este caso, la de Dani. Pero el subidón de moral de verse ahí no se lo quita nadie: “Después de tantos meses, sin ritmo, con mi propia bici que me llevé de España… es para estar contentos. Estaba allí, con ellos. A veces pensé en qué habría pasado si hubiera tenido una temporada normal”, comenta.

¿Y qué espera ahora para el futuro? “Que alguien vea en mí a un corredor capaz de rendir bien y me dé la oportunidad. Lo he demostrado y quiero seguir haciéndolo”. De hecho, el Hy Sport chino le ha trasladado su satisfacción por el papel realizado: “Me han dicho que están muy contentos conmigo y con mi forma de correr en Hainan, que era una prueba muy importante para ellos. Es un equipo con buenos patrocinadores y que crecerá en los próximos años”, relata. Hainan ha supuesto para Domínguez una esperanza después de todo un año lleno de sombras, aunque él trataba de agarrarse a las luces. Y quién sabe si la isla china se convertirá en algo más: un pasaporte al futuro.