Era el día. El lugar. La carrera. Y todo se estaba alineando para que Tom Boonen entrase en la leyenda. Con los principales rivales eliminados, el belga tuvo al alcance de la mano su quinto Adoquín. Llegó a rozarlo. Casi se veía –él y todos los aficionados a las piedras que lo empujaban a cada agónica pedalada- saboreando el éxito. Hasta que un señor casi anónimo llamado Mathew Hayman le amargó la tarde en el mismísimo Velódromo.

Boonen terminó segundo y sumó su sexto podio en el ‘Infierno del Norte’. Sigue, por tanto, sin poder deshacer el empate con el histórico Roger De Vlaeminck, su compatriota que dominó la prueba en la década de los 70. Eso sí, Boonen aún sigue en activo para tratar de romper esa igualdad el año que viene.

Duelo a cinco

Desde el lejanísimo Trouée d’Arenberg, el tramo de empedrado donde normalmente se suele limpiar la carrera, el pelotón se había convertido en un rosario de corredores. Con Sagan y Cancellara cortados por una caída, Etixx-QuickStep vio la oportunidad de resarcirse de una temporada de clásicas que hasta ahora estaba siendo realmente pobre. Junto con Vanmarcke, Stannard y Edvald Boasson-Hagen, el equipo de Lefevere llevaba también al panzer alemán Tony Martin que hizo lo que mejor sabe: poner en marcha los dos pistones que tiene por piernas y poner rumbo a meta con el selecto grupo a sus espaldas. Eso impidió que detrás pudieran conectar.

El grupo alcanzó a la fuga buena del día, que igual que hace una semana en Flandes volvió a demostrar que las escapadas sí sirven en estas carreras y que se puede encontrar un mayor premio que el de verse por la tele un par de horas. Iban, entre otros, Saramotins, Erviti… y Mathew Hayman. El veteranísimo ‘aussie’ se enganchó al grupo, como todos en un primer momento, y siguieron caminando. Por detrás, Sagan seguía tratando de conectar y Trek paraba a Popovych para perseguir detrás.

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En el Carrefour de L’arbre las cosas se volvieron a poner serias y el grupo se limpió. Se quedaron delante Boonen, Vanmarcke, Stannard, Hayman y Boasson Hagen. De ahí hasta meta, una sucesión de ataques a cada cual más agónico. Primero Vanmarcke en los dos tramos enlazados de pavé. Llegó a sacar 11 segundos y pareció que se iba, pero lo neutralizó un fuerte arreón de Stannard. El británico tan pronto parecía perder el tren como lanzaba una acometida para quedarse solo.

Un duro ataque de Hayman fue respondido por Boonen, que enganchó tras unos metros de persecución ya casi entrando al Velódromo de Roubaix. Luego se les unió Vanmarcke, pero la vigilancia entre todos permitió entrar a los demás. Así que sprint a cinco bandas, que finalmente ganó Hayman. Un corredor de 37 años –cumple 38 en unos días- que llevaba desde 2011 sin ganar. Un gregario, ciclista de equipo, rodador potente y buen lanzador de sprinters, que ha sobrevivido 17 temporadas en el pelotón a base de trabajar para otros. Participó en su primera Roubaix en el año 2000. Quién le iba a decir a él que acabaría levantando un Adoquín.

Cancellara se despide

Sagan terminó en el segundo grupo, buscando cerrar el Top10 frente a Adrien Petit. El francés fue más fuerte, y el campeón del mundo se tuvo que conformar con la undécima posición. Mucho más atrás, a más de siete minutos, aparecía Cancellara con su compañero Jasper Stuyven. El suizo, tres victorias en la prueba, hizo un poco de ‘show’ para despedirse de la carrera. No tuvo su día. Cuando perseguía después de cortarse se fue al suelo y perdió con ello cualquier opción de volver a la carrera.

Tras saludar al público que se amontonaba en el Velódromo de Roubaix, se dio una vuelta de honor para decir adiós. Tiene 35 años y lo deja, aunque ya alguna que otra vez ha puesto en cuestión su propia decisión por redes sociales. Ya veremos qué pasará con él, aunque lo de esta tarde tenía demasiado sabor a despedida.

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Histórico Erviti

Y para nuestro corazoncito español se queda la hazaña de Imanol Erviti. Su estrategia fue la misma que en Flandes. Entrar en la escapada del día aprovechando el buen momento de forma y, cuando llegaran los galgos, aguantar como un jabato hasta que no pudiera más. Como la carrera vino hecha jirones, le volvió a salir bien. En el Carrefour de L’Arbre el navarro no pudo más y se quedó en un segundo grupo, que en cualquier caso le valió acabar noveno.

Es el primer español que enlaza un Top10 en Flandes y Roubaix en el mismo año. Ahí queda ese hito histórico de Erviti, que para un gregario como él no deja de ser una bonita marca que hará que al menos los muy aficionados a este deporte lo recuerden durante bastante tiempo. Para alguien que, un poco como Hayman, se dedica a llevar a los líderes en volandas y que no les falte de nada, este protagonismo es una bendición.

Y con esto pasamos a la segunda fase de la primavera ciclista. Se acaban las piedras –las más importantes ya han pasado- y nos encaminamos hacia las carreteras estrechas, los muros y repechos de las Ardenas. Etixx al menos no se fue de vacío del todo ganando Scheldeprijs y con el podio en Roubaix. Sagan tendrá que esperar un año para intentar el doblete aunque ya ha derribado el muro de Flandes. Cancellara pareció despedirse ayer. Y Boonen, cuyo entorno dejó entrever que si conseguía el Quinto se retiraría, tendrá que decidir si vuelve a hacer otro intento. Está mayor –cumplirá 36 años en octubre-, y le ha ganado un corredor más viejo que él. Eso sí, perdió corriendo como los grandes. Tal vez el año que viene consiga hacer historia.