Compartir
El estrés cotidiano y el ciclismo
Por Eva Montero (psicóloga del Deporte)   
martes, 02 de agosto de 2011
Como prometí en el anterior artículo, comienzo una serie sobre el estrés.

El concepto ya lo he comentado alguna vez, pero conviene recordarlo porque a veces se confunde con otros términos como ansiedad, nerviosismo, inquietud, etc. El estrés es "una respuesta general del organismo ante demandas internas o externas que en principio resultan amenazantes, consistiendo, básicamente, en una movilización de recursos fisiológicos y psicológicos para afrontar tales demandas" (Buceta y Bueno, 1995). En otro artículo, asimismo, hablé de estrés y activación fisiológica y comenté que consiguiendo el nivel óptimo de esta última se mejoraba el rendimiento deportivo. En realidad la activación fisiológica es una respuesta de estrés, que en este caso no está siendo perjudicial. Es por ello que cabe hacerse la siguiente pregunta:

¿El estrés es siempre perjudicial?
A veces nos encontramos con una persona que "no para" y pensamos que está "estresada" y que si no se toma las cosas con más calma puede sufrir un ataque al corazón. Efectivamente, el estrés mal llevado supone un factor de riesgo para las enfermedades de este órgano vital, pero no necesariamente una persona muy activa está estresada. Al contrario, una persona aparentemente tranquila puede tener un reconcome interior que si se analiza resultaría ser estrés.

El estrés resulta perjudicial en la medida en que se pierde el control de la situación. Si la respuesta de activación fisiológica y psicológica se ha desencadenado para acometer una tarea que la persona está convencida de poder realizar, no correrá el riesgo de padecer ninguna enfermedad por esta causa. Imaginad que tenéis por delante un puerto larguísimo que nunca habéis subido. Si habéis entrenado bien, lo más seguro es que no os "estreséis", ya que lo enfrentaréis seguros de vuestras posibilidades, aunque subáis jadeando como chuchos. En cambio, si la activación fisiológica responde a la angustia porque la persona cree que no es capaz de realizar un trabajo o de afrontar una situación difícil, es cuando resulta perjudicial. Es decir, si se os ocurre subir un puerto hors catégorie del Tour cuando este año no habéis acometido ni un triste repechito, lo más seguro es que empecéis ya cansados, pensando en lo que os va a tocar sufrir. Ojo a los pensamientos: son los desencadenantes de la respuesta de estrés. Ahora lo vemos.

Los estresores laborales
Con el término estresores me refiero a aquellas circunstancias que incrementan nuestro nivel de estrés. Dada la crisis, es posible que muchos de vosotros tengáis unos cuantos estresores en el trabajo, que se manifiestan en forma de preocupaciones y de pensamientos recurrentes. Estos pensamientos son los que realmente aumentan el nivel de estrés. Si, por ejemplo, tenemos la mala suerte de tener algo bastante común, un mal jefe, y desde que empieza la jornada laboral hasta que acaba estás pensando a ver qué se le ocurre ahora al tirano éste para fastidiarme, el estrés te va a salir por las orejas. Otra situación típica es cuando tenemos muchísimo trabajo, y nos decimos a nosotros mismos que tenemos que acabarlo todo para ya y que tiene que quedar perfectísimo. Sabemos que, por lo general, hacer deporte sirve para descansar de todas esas preocupaciones, pero aunque psicológicamente nos encontremos fenomenal al llegar el ansiado fin de semana, nuestro cuerpo ha sufrido un desgaste. Toda esa presión que te metes a ti mismo mina tus defensas y cuando llega el sábado o el domingo y la bici las reclama al hacer un esfuerzo extra, vas a notar que te cuesta muchísimo más dar pedales. Ya no vas a disfrutar tanto, por tanto, te vas a sentir peor, y a esas preocupaciones diarias añades otra más: ¿qué me pasa que he andado tan mal hoy?

Vigila esas frases que se repiten en tu cabeza constantemente cuando estás preocupado: vale, pueden ser verdad, es posible que tengas mucho trabajo y que tu jefe sea un dictador, pero repetírtelo ¿para qué te sirve? Adivinaste: para estresarte más. ¿Y qué pasa si te estresas más? No sólo va a afectar a tus salidas ciclistas, también a tu salud, y además, cuanto más lo pienses más nervioso te pones y más posibilidades tienes de cometer un error, con lo cual, si tienes muchas tareas que realizar, te puedes equivocar y tener que rehacerlas (trabajo doble), y tu superior va a tener más razones para machacarte. Lo mejor que puedes hacer es cambiar tu diálogo interno: "Vale, lo sé, sé que hay mucho trabajo, pero ya irá saliendo" o "ya sé cómo es mi jefe, será cuestión de cogerle la medida o dedicarme a sacar adelante mi trabajo y pasar de su despotismo". Habrá que tener paciencia, pero lo importante es que no te afecte de forma personal, y que cuando acabe la jornada puedas desconectar. Ya vendrán tiempos mejores.

La afectación
Esa desconexión del trabajo es fundamental para poder llevar una vida sana al margen del mismo. Si acabamos la jornada laboral echando chispas cuando lleguemos a casa vamos a chamuscar a todo el que se nos acerque: cónyuge, hijos, padres, hermanos… hasta tal punto que igual piensas que esas movidas con tu pareja no tienen remedio y a lo mejor el problema no está en vosotros, sino en lo quemado que sales del trabajo, como te pasa con la bici: puede que no sea que estás en baja forma, sino que has gastado mucha energía dándole vueltas a tu horrible situación laboral y dejas muy poca para tu salida ciclista.

Por otro lado, y ya que los que no somos profesionales de la bici pasamos más tiempo trabajando en otra cosa que dando pedales, cuidado con extrapolar las situaciones laborales al ámbito deportivo. Por ejemplo, confundiendo la actitud de uno de tus compañeros del club con la de ese compañero de trabajo que no da "un palo al agua", y echarle la bronca porque no pasa al relevo cuando a lo mejor el pobre está fundido, o que alguien diga de ir a tomar el aperitivo a un sitio nuevo y aproveches para rebelarte al no ser capaz de hacerlo con tu jefe. Intenta ser consciente y cambia el chip: es lo más sano que puedes hacer. Un truco: cuando te venga un pensamiento inquietante, de esos que te enervan, aplázalo: te dices a ti mismo que ya lo pensarás más tarde y te pones a pensar en otra cosa. Funciona muy bien.


Eva Montero es psicóloga del Deporte
psicóloga
 Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla - www.psicologiaclinicaydeldeporte.es