Un corredor como Peter Sagan se diferencia de los demás en que todo el mundo habla de él aunque pierda. El ataque que ha realizado para unirse a la cabeza de carrera, con la Milán-San Remo totalmente enloquecida, es de los que pasan a la memoria de los aficionados. Y por eso hay quien dice que el eslovaco es lo mejor que le ha podido pasar al ciclismo en los últimos años. Gane o no.

Hoy no ha sido el día de los sprinters. Mucho galgo buscando opciones desde lejos. Gallopin, Van Avermaet, Alaphilippe… gente de un nivel altísimo que al final han conseguido lo que se proponían: romper una llegada masiva que finalmente sí se ha producido, pero disputando sólo la cuarta plaza. Lo ha ganado Kristoff sobre Gaviria, que cierra el Top5. Seguro que el colombiano no estará del todo contento, pero al menos ha estado disputando y sin averías. Que ya es un buen paso.

Evidentemente, Kwiatkowski es un gran ganador. Justo, además. Sobre la línea de meta se ha presentado junto al propio Sagan y un Alaphilippe que sigue confirmando su enorme crecimiento mes a mes. Ya no sólo está para pelear en las Ardenas o lucirse en París-Niza. También en la clásica más larga del año es capaz de discutir el dominio de los demás. Evolución muy a tener en cuenta la suya.

Durante ese apretadísimo sprint, por menos de media rueda Kwiatkowski ha quitado la victoria a Sagan. Pero no la gloria. El bicampeón del mundo, ahondando aún más en su condición de ciclista diferente y de los que marcan época, ha dicho tras la meta que ganar ni siquiera importa: “Lo verdaderamente importante es el espectáculo, que todo el mundo esté contento. Creo que hoy hemos hecho algo especial”, ha comentado. Y no se equivoca. Será difícil que se olvide esto al menos por un tiempo. Y otra vez, el protagonista ha sido Peter Sagan. Aunque el final feliz se lo haya llevado Kwiatkowski.