“Realmente, mis compañeros deberían estar fuera de carrera”. Esta frase ha sido pronunciada esta mañana en rueda de prensa por Chris Froome. Alguien que, precisamente, si algo tiene en el mundo del ciclismo es un peso específico. El contexto, lo vamos a dejar claro ahora, es otro pero la sentencia no deja lugar a dudas. Y es que es así. Con la norma en la mano, siete hombres del equipo Sky deberían haberse marchado para casa tras llegar 20 minutos fuera de control en Formigal.

Fue la última polémica de esta Vuelta, el pasado domingo, y todavía sigue coleando. Froome, al pronunciar estas palabras, venía a decir precisamente eso: que con la norma en la mano, sus compañeros habrían sido expulsados. Pero añadió que por el bien del interés general, la organización hizo lo correcto al mantenerlos en carrera. Bien. En general, esta es la opinión de todos los estamentos al respecto. Al menos, la que se ha dado a conocer. Ahora bien, ¿cómo puede ser una decisión “correcta” a la vez que “vergonzosa”?

La historia

Para poner en situación a quien lee, todo esto parte de la etapa que separaba Sabiñánigo de Formigal. Una jornada corta, de apenas 118 kilómetros, con tres puertos y con un final no especialmente duro. Pero en el kilómetro cuatro de carrera Alberto Contador salió, y Nairo Quintana y Movistar estuvieron atentos, pillando a Froome desprevenido… y solo. Al final de la etapa, el británico se dejaba 2’42” y el 80 por ciento de la Vuelta.

Fueron llegando los corredores hasta que apareció el gran grupo, el autobús… a 53 minutos y 22 por encima del límite de control. Es decir, que según el reglamento, el pelotón de 91 corredores que se presentó en Formigal debería estar fuera de carrera. También David López, que llegó por delante pero aun así fuera del límite del tiempo. En total, 93 ciclistas que debían marcharse a casa.

La organización, por el bien del “interés general” y porque el ciclismo no podía “permitirse esa imagen de afrontar una semana con la mitad del pelotón eliminado” –en palabras del propio Guillén a MARCA-, en conjunto con los jueces y comisarios, tomó la decisión de repescar a los que habían llegado fuera de tiempo. Una decisión que, aunque todo el mundo asume oficialmente como lógica, también hay quien piensa que debe suponer un límite. Un ‘hasta aquí hemos llegado’ de ahora en adelante.

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El pelotón, en la etapa de Formigal
FOTO/PHOTO: J. A. MIGUELEZ/UNIPUBLIC.

“Una solución”

En su rueda de prensa de esta mañana, Contador ha tirado de diplomacia como todos, aunque ciertamente se percibe algún descontento no sólo en él, sino en todos los que se han pronunciado: “Al final, uno opina según su papel en esta historia. Hay quien sale beneficiado o damnificado, y yo salgo damnificado. Es verdad que esto se hace de forma habitual y algunos corredores lo saben, pero creo que hay que analizarlo a fondo. Yo no sé cuál es la fórmula, pero hay que dar alguna solución a esto de modo que por el mero hecho de ir 90 corredores juntos no tengan la opción de ir parados”, ha explicado.

Y es que, consecuencia de esta doble velocidad, está el cansancio acumulado: “Claro, los esfuerzos después se pagan. Yo he comparado mis datos de potencia con los de algún compañero que se quedó en el grupo de atrás, y al final hizo menos de la mitad de esfuerzo que yo. Eso se nota”, comenta Contador.

“No es lo mismo”

Contador coincide en una parte con Eusebio Unzúe, director del Movistar, en que hay situaciones muy distintas a la hora de evaluar un fuera de control: “No es lo mismo alguien que llega un par de minutos fuera de control, o que llega a 20 pero dando lo que le queda porque quiere acabar la Vuelta como sea, que un grupo que se junta para no competir”, dice el madrileño. Unzúe incide en la misma idea: “La realidad es que no se merecen estar en carrera. Creo que la decisión fue correcta, la de repescar, pero ha llegado el momento de establecer un límite o hacer algo. Se puede llegar un par de minutos, jugar con el tiempo. Eso ha pasado siempre, y más a estas alturas de Vuelta. Los físicos están cansados y se busca una recuperación, pero desde luego esta no es la manera”, mantiene el directivo navarro.

Por su parte, Nairo Quintana también ha aludido al asunto de marras: “Son situaciones de carrera. Yo comprendo a quien no pueda más, pero había gente que no quería ir un poco más rápido sabiendo que hay un límite. Es una actitud de los equipos que no comparto, sobre todo por respeto a la carrera y los patrocinadores”, ha comentado el líder de la Vuelta.

Estas son las explicaciones oficiales, pero fuera de micro y de cámara hay otras peores. Algunos ciclistas, los que compitieron, lo califican ante esta web como “una vergüenza para el deporte”. Otros aseguran que es “totalmente injusto” que corredores que el domingo no quisieron llegar en tiempo, tengan ahora “no sólo la posibilidad, sino también más frescura” para intentar ganar una etapa. “Al final va a ganar alguien que debió irse a casa, está perjudicando a quienes sí competimos”.

La polémica sigue ahí, en el aire. Sin duda la solución no es fácil, y desde luego la decisión de repescar ya es inamovible, pero parece que se ha llegado a un límite en el que hay que mejorar la regulación para que esperpentos como este no vuelvan a ocurrir. Sobre todo, porque delante de aquellos 91 –vamos a salvar a los otros dos, que estuvieron en los primeros grupos y luego fueron para atrás- hubo gente que sí honró la carrera.