“Van Garderen sólo saber ganar por aplastamiento”, dijo un técnico sobre él hace tres años cuando Christophe Riblon le birló una etapa en Alpe D’Huez a base de experiencia y oficio. Aquel Tejay, más joven y por tanto inexperto, lanzó un ataque duro en las rampas del coloso alpino. Riblon, con muchas batallas a sus espaldas, lo mantuvo a una distancia más o menos prudencial y cuando pasó por su lado le hizo un ataque fulminante con cambio de trayectoria incluido. Y el norteamericano se quedó con las ganas de celebrar su victoria.

Ayer, el estadounidense del BMC cosechó su primera victoria en este 2016 en la Vuelta a Andalucía. Y lo hizo de la otra forma que sabe: contra el crono. De las 12 dianas que jalonan su palmarés, seis han sido etapas contrarreloj. Esta vez fue por poco, apenas dos segundos sobre Kelderman, en un trazado de 21 kilómetros donde un terrible viento de levante campaba a sus anchas. Como quiera que el trazado era circular, a los ciclistas les daba por todas partes. Ora frenando, ora favoreciendo su pedaleo.

El caso es que hoy Van Garderen es el principal favorito para ganar la Vuelta a Andalucía en Peñas Blancas, una subida que ya confesó que no conoce pero para la que tiene un sherpa de lujo: “No, no he visto la subida. Pero hemos estudiado a fondo la etapa con los recorridos y con Samuel. Tiene muchísima experiencia y conoce las carreteras de toda España”. Un Samuel Sánchez que por cierto está a sólo 21” en la general.

Buque insignia de BMC

El corredor estadounidense ha sido, desde 2012, el niño bonito del equipo BMC. La escuadra suiza con licencia estadounidense lo fichó del HTC con apenas 23 años y desde entones ha apostado por él para darle un trato especial, sin forzar su crecimiento y con la intención de tener en él a un corredor sólido para las grandes vueltas.

Sin embargo, de momento no ha sido capaz de estrenarse en las carreras de tres semanas. Sí ha ganado en el World Tour, con dos etapas en Catalunya en dos años distintos, y también ha conseguido ya ganar en varias ocasiones en su país. La última fue el USA Pro Challenge de 2014 donde además se llevó dos etapas. Es más, se da el hecho de que sólo ha ganado en España y Estados Unidos. Un caso curioso.

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Van Garderen, ayer atendiendo a la prensa tras la etapa. Foto: V. M.

La piedra del Tour

Van Garderen ha disputado las últimas cuatro ediciones del Tour de Francia, y 2012 fue su primera participación en la mejor carrera del mundo. Quinto y llevándose el maillot blanco. Sin duda una esperanza para un país como Estados Unidos que desde hace años no cuenta con un ciclista firme para las vueltas de tres semanas. Los últimos, el innombrable triunvirato formado por Armstrong, Landis y Leipheimer.

Desde aquel buen papel, el Tour se ha convertido en una piedra en la que lleva varios años chocando. En 2013 no estuvo para nada a la altura que se le esperaba, discreto durante toda la carrera y sin aparecer delante. Un 46º lugar que no correspondía a lo visto el año anterior, cuando incluso tuvo que tirar varias veces de Cadel Evans, que a priori era su jefe de filas.

En 2014 se presentó ya como líder único de la escuadra rojinegra. Retirado Evans, el americano estaba cuajando una carrera muy fiable por detrás de un Nibali intratable. A ratos segundo, a ratos tercero en la general… hasta la última semana. Y es que ese tercer bloque de competición se ha revelado como el gran talón de Aquiles de Tejay en la ronda francesa. Sin ser escalador puro, aguanta la montaña con los mejores y luego les puede sacar tiempo en la contrarreloj. Sin embargo, en aquellas etapas finales cedió terreno frente a sus principales rivales. Y tampoco fue capaz de utilizar la lucha contra el crono, que tan buen resultado le ha dado, para retomar terreno. El año pasado, también en la etapa 17 tuvo que bajarse cuando marchaba tercero en la general.

Junto a Richie Porte

Este año volverá a tener un hombre fuerte con el que compartir liderazgo. Richie Porte se ha mostrado, además, muy fuerte este año en Australia. En principio, el ‘aussie’ irá a por el Giro y en el Tour la estructura será más bien bicéfala: “Es un grandísimo corredor y creo que podemos trabajar muy bien juntos. Seguro que será una buena alianza entre ambos y haremos el equipo más fuerte”, comentó ayer a los periodistas. Luego, que la carretera decida.

En principio, su programa de competición le llevará a la Tirreno-Adriatico y después volverá a la Volta a Catalunya que tan buenos recuerdos le trae y donde lleva dos años alzando los brazos. Este año, además, la carrera regresa a La Molina, cima que holló en 2014. Acabará el primer bloque en Romandía y volverá a la ronda francesa. Veremos si este es el año en que supera por fin la piedra del Tour o vuelve a tropezar en ella.