Si pensábamos que 2015 había sido un año convulso en lo que respecta a la seguridad en carrera, no sabíamos lo que nos esperaba. Acabamos de dejar febrero y ya tenemos servida la primera gran polémica con varios atropellos de las propias motos de carrera a los ciclistas. Algo que hace un flaco favor a la imagen de este deporte, y que necesita una reflexión en serio.

Ayer mismo, en la Kuurne-Bruselas-Kuurne, una moto derribaba al ciclista Stig Broeckx en plena competición. El corredor belga del Lotto-Soudal, que circulaba junto al pelotón por el lado izquierdo de una ancha carretera, cambió de trayectoria para lanzar un ataque. En ese momento, una moto que adelantaba al pelotón por la derecha le golpeó y lo tiró al suelo. Casi a la misma hora, otra moto hacía caer a Danilo Wyss (BMC) en una maniobra nuevamente cuestionable en La Drome Classic. Después, una racha de viento tiraba las vallas de meta directamente contra Eduardo Sepúlveda, que estuvo tres horas en coma y va a estar tres meses de baja.

Son sólo los últimos capítulos de una larga serie. Ya no se trata de atropellos en carretera abierta, donde el tráfico rodado puede poner en peligro la integridad del ciclista –para muestra, los últimos casos en Alicante por ejemplo-, sino de incidentes que se han repetido con demasiada frecuencia en el mundillo profesional.

“Vergonzoso”

Obviamente, han sido muchas las voces que se han levantado pidiendo un cambio drástico en esta situación por insostenible. La última ha sido la del Presidente/Manager de BMC, Jim Ochowitz, que ayer mismo escribió una carta abierta a la UCI “en busca de respuestas y soluciones”. El mandatario del equipo rojinegro no dudó en definir como “vergonzoso” el atropello de Broeckx.

El propio Ochowitz ya hizo un escrito parecido el año pasado cuando una moto arrolló a Van Avermaet en la Clásica de San Sebastián, cuando marchaba primero. Algo que, por cierto, no se vio porque no había señal televisiva y sólo se supo después al ver que Adam Yates entraba en meta sin celebrar la victoria, pues pensaba que había sido segundo. “Iba a ganar la Clásica hasta que una moto me arrolló y me tiró al suelo. ¡Fin del juego! Bravo organización. ¡Bravo, moto!”, dijo después el belga.

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Adam Yates, extrañado al entrar en la meta de San Sebastián

¿Menos corredores?

Precisamente el asunto de la seguridad fue uno de los que se puso sobre la mesa en la última reforma del World Tour que propuso la UCI el año pasado. La principal medida, en cambio, fue la de… reducir el número de corredores en las pruebas. Así, la propuesta que adoptó la organización internacional por unanimidad fue pasar de nueve ciclistas a ocho en las grandes vueltas, y de ocho a siete en las vueltas de una semana y clásicas WT.

Pero la reforma aún sigue en el alero tras la negativa de ASO a aceptarla y por tanto esa reducción también. Sin embargo, en el debate no ha entrado la posibilidad de hacer controles más exhaustivos a los motoristas que entran en las carreras profesionales. Algo que propuso –más bien exigió- el equipo Tinkoff cuando otra moto atropelló a Sagan en la pasada Vuelta a España. Ni tampoco la opción de reducir, en vez del número de ciclistas, el número de vehículos que los acompañan en carrera.

“Si cambian al motorista”

Precisamente Sagan ha sido otro de los que han alzado la voz últimamente. El campeón del mundo no se calla una y ya lo ha demostrado en diversas ocasiones. El eslovaco habló antes de comenzar las clásicas en Italia para la web Tuttobici, donde se tomó con su habitual ironía la situación vivida camino de Murcia. Preguntado por si irá a la Vuelta tras el atropello no se cortó: “Iré si cambian al motorista”.

Después, más serio, se refirió al incidente como “un error que pertenece al pasado” y no puede volver a repetirse: “No se puede ir a 100 kilómetros por hora al adelantar a un pelotón”. Es sólo un ejemplo más del hartazgo que empieza a producirse, y con razón, entre los corredores.

En cualquier caso, lo cierto es que la concatenación de atropellos de los últimos meses debe traer un debate decidido sobre la convivencia de los vehículos en la carretera en competición, donde el ciclista tiene que ser protagonista y gran protegido por todos. Y ese debate debe empezar pronto, no vaya a ser que algún día lamentemos una desgracia.