Ha llegado la hora, aquí esta el más grande entre los grandes, el número uno de nuestra lista particular de los diez puertos más legendarios del ciclismo.

Obviamente la lista pueden ser estos que hemos puesto nosotros o algunos otros. Escoger diez grandes puertos, indispensables en todo currículum ciclista, es complicado. De lo que sí estamos convencidos es de que en este listado están esos tres o cuatro puertacos imprescindibles, verdaderamente únicos para cualquier ciclista aficionado. Por cierto, para los más puntillosos, ya somos conscientes de que la lista no incluye ningún puerto en España; esa lista la elaboraremos más adelante.

>>> Posiciones 4, 3 y 2

>>> Posiciones 5, 6 y 7

>>> Posiciones 8, 9 y 10

  1. Tourmalet

Vertiente: Saint Marie de Campan Longitud: 17,1 m Desnivel: 1.255 m Altitud: 2.115 m Pend. media: 7,3 %

El Tourmalet es el clásico entre los clásicos, la cumbre mítica entre las más míticas del ciclismo. Es el más veterano entre los grandes puertos de la historia del Tour, ya que entró en nómina en 1910 y desde entonces sus dos vertientes se han convertido en un peregrinaje casi obligado para todos los aficionados al ciclismo. El nombre de Tourmalet (“el mal rodeo”) es el primero que te viene a la mente cuando empiezas a pensar en grandes puertos, en puertos hors categorie. Situado casi en el centro mismo de la cordillera pirenaica, el Tourmalet representa el ciclismo. Sus dos vertientes son casi idénticas, tanto en distancia como en pendientes medias, pero ambas ofrecen sensaciones distintas al ascenderlas en bicicleta. Nosotros hemos destacado la vertiente desde Saint Marie de Campan, ya que fue esa la que Octave Lapize subió por primera vez en aquel lejano 1910. La pendiente empieza suave, pero al paso de los kilómetros el esfuerzo se hace mayor, con una progresión casi matemática… Así hasta llegar a los últimos diez kilómetros, en los que la pendiente nunca bajará del 8 %. Imprescindible guardar fuerzas para la eterna recta de La Mongie (al 10 %) y para el último kilómetro, que se vuelve más duro aún ante la ansiedad de llegar a la cima. Allí nos espera la mejor de las recompensas ciclistas: la foto junto al Gigante del Tourmalet.