Esta es nuestra apuesta por los diez puertos indispensables que todo ciclista que se precie debe haber subido alguna vez. Posiciones: 5, 6 y 7.

Obviamente la lista pueden ser estos que hemos puesto nosotros o algunos otros. Escoger diez grandes puertos, indispensables en todo currículum ciclista, es complicado. De lo que sí estamos convencidos es de que en este listado están esos tres o cuatro puertacos imprescindibles, verdaderamente únicos para cualquier ciclista aficionado. Por cierto, para los más puntillosos, ya somos conscientes de que la lista no incluye ningún puerto en España; esa lista la elaboraremos más adelante.

>>> Posiciones 8, 9 y 10.

>>> Posiciones 4, 3 y 2

>>> El número 1

  1. Mont Ventoux

Vertiente: Bedoin Longitud: 21,5 km Desnivel: 1522 m Altitud: 1.912 m Pend. media: 7,2 %

La del Ventoux es otra de las cumbres míticas del ciclismo desde que el Tour de Francia la incluyera en su recorrido en 1951. Su nombre está asociado a la trágica muerte en su cuneta del ciclista británico Tom Simpson en 1967. Allí se han visto portentosas exhibiciones como la de Iban Mayo en el Dauphiné de 2004 o el duelo entre Armstrong y Pantani en 2000. El llamado monte ventoso tiene tres vertientes, pero la más famosa y usada en competición es sin duda la de Bedoin, con dos tramos muy diferenciados. En la primera mitad de la subida, la carretera se empina inmersa en un precioso bosque. Bajo la protectora sombra de la arboleda, el ciclista sufre, pero respira. Es al llegar a las inmediaciones del Chalet Reynard cuando desaparece el bosque y el ciclista queda a la intemperie y donde, además de las duras pendientes, lo más probable es que sufra también el empuje del constante viento que atraviesa la Provenza (sin ir más lejos, el Tour de 2016 tuvo que rebajar la subida por las fuertes rachas de viento en esos kilómetros finales). Esos últimos kilómetros se pueden hacer eternos, en medio del pedregal y el paisaje lunar. En ese tramo es donde el cuerpo de Simpson dijo basta y donde se hacen las diferencias entre los grandes ciclistas. La última curva para tomar las antenas que coronan el Ventoux es una verdadera pared a esas alturas. Vale la pena el esfuerzo para tratar de dominar uno de los grandes puertos de la historia del ciclismo.

  1. Izoard

Vertiente: Guillestre Longitud: 15,9 km Desnivel: 1.060 m Altitud: 2.360 m Pend. media: 5,45 %

Un auténtico veterano de las carreras ciclistas y del Tour de Francia. El col del Izoard se ascendió por primera vez en la ronda francesa en 1922 y desde entonces ha estado presente de manera intermitente, casi siempre ligado a un final de etapa en Briançon. Sin duda, su vertiente más famosa es la sur, y lo es sobre todo por un motivo: la Casse Déserte. Un paisaje de aspecto lunar único, que obsequia a todos los ciclistas con sus laderas pedregosas y sus verticales formaciones rocosas, forjadas a base de millones de años de viento y lluvia. Como si la montaña aceptase una tregua en nuestro esfuerzo, la Casse Déserte se encuentra en un momento de la subida en la que la pendiente suaviza mucho, incluso se torna bajada. “Por aquí –dijo en una ocasión Louison Bobet– los grandes campeones pasan en solitario”. Pero en el resto de la ascensión las pendientes son tozudas, casi siempre rozando el 9 % de media de manera constante. La carretera es estrecha sin apenas arcén y con ese asfalto rugoso habitual en los puertos franceses. El próximo año, este puerto será final de etapa por primera vez en la historia del Tour. Sin duda, los corredores nos brindarán un gran espectáculo como el que ofreció el ya retirado Andy Schleck en 2010.

  1. Galibier (Telégraphe)

Vertiente: Sant-Michel-de-Maurienne Longitud: 32,2 km Desnivel: 1.933 m Altitud: 2.645 m Pend. media: 6,7 %

Sn duda, “el padre de todos los grandes puertos de montaña” para los europeos. Pedro Delgado lo ha calificado muchas veces como la subida más dura que ha tenido que afrontar en su carrera como ciclista. El encadenado Telégraphe-Galibier es un reto, un sueño en sí mismo, para cualquier aficionado al ciclismo. Sin duda, su vertiente más famosa y con mayor tradición es esta, la sur. Una vertiente tan especial e inaccesible que antes es inevitable escalar el col del Télegraphe, un puerto ya de por sí considerable. Una especie de telonero que rinde honores al gran gigante alpino. Encontraremos muy pocos puertos con esta combinación de distancia, pendiente media, altitud, paisaje y tradición. Entró en la historia del Tour en 1911 (un año después de que lo hiciera el Tourmalet) y desde entonces forma parte de los deseos de todos los cicloturistas del mundo. En el kilómetro 12 coronamos el Telégraphe, un paso que ya es en sí mismo un primera categoría. Una breve bajada nos llevará hasta la localidad de Valloire, donde iniciaremos los casi 20 km de subida que nos restan hasta coronar el Galibier. Al paso de los kilómetros, la pendiente va creciendo paulatinamente. Los últimos kilómetros son implacables, con pendientes constantes en torno al 8-10 %. Hasta coronar por encima de los 2.600 m de altitud más arriba del antiguo túnel que estuvo cerrado al tráfico entre 1972 y 2002. Sin duda, uno de los puertos imprescindibles en nuestro carnet ciclista.