Cualquier persona que siga con cierto hábito el mundo del ciclismo sabe lo que significa la expresión ‘estilo Vuelta’, un modelo de carrera que se ha convertido en toda una seña de identidad de Unipublic, empresa organizadora de la ronda española. Etapas más bien cortas, finales en alto de subidas de poco kilometraje y mucho porcentaje donde los corredores se retuercen al límite de su capacidad. Y diferencias muy ajustadas hasta los últimos días, en que se decide todo.

Ayer se presentó el trazado de la Vuelta a España 2017 y hay que decir que es continuista con lo visto en las últimas ediciones. El formato es el mismo, cambiando unas llegadas por otras. La pregunta es: con tanta montaña, ¿cómo es que la carrera va tan pareja hasta el final? Sencillo. Estos muros tienen un tiempo de esfuerzo de unos 10-15 minutos de manera que no da lugar a que se abran grandes huecos. Todo lo más unos cuantos segundos, o los ciclistas entrando en hilera y picando un poco de tiempo en algunos casos. Pero, ¿dónde se gana o se pierde esta Vuelta a España? Vamos a ver cinco días que van a ser muy importantes en la carrera.

Etapa 3: Prades Conflent Canigó – Andorra la Vella (158,5 kms). Es sólo el tercer día, por tanto aquí la Vuelta no se gana. Pero sí se puede perder. Porque a diferencia de las cacareadas etapas que parte de la afición ha dado en llamar ‘de cuestas de cabras’, en este caso los ciclistas no tienen por qué esperar a la rampa final. Se empieza subiendo de salida para pasar el Col de la Perche, aún en Francia. Y tras un breve paso por España se llega al Principado. Una vez allí, encadenado entre La Rabassa -13 kilómetros al 7% de media- y el corto pero duro puerto de La Comella, cuya cima sólo está a siete de meta. Desde la base de La Rabassa no se para. Y en la Vuelta a España perder dos minutos es estar muy lejos.

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Etapa 11: Lorca – Calar Alto (188 kms). Probablemente la etapa reina de la Vuelta, porque lo engloba todo. Kilometraje, un perfil escarpado y, lo más importante, un encadenado de dos señores puertos. Velefique y Calar Alto son dos subidas de muchísima entidad por sí solas. Después de varios días sin diferencias entre los favoritos, ésta es la primera verdadera etapa de alta montaña con final en alto de esta Vuelta. Calar Alto no es un puerto excesivamente duro por sí mismo, pero subir Velefique antes le da un punto peligroso. Subida de esfuerzo largo que puede romper a más de uno.

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Etapa 15: Alcalá la Real – Sierra Nevada (127 kms). Definitivamente, a esta etapa le falta kilometraje. No hacía falta meter muchos puertos más, porque el encadenado final es una barbaridad. Hazallanas es una subida ya conocida por todos desde que la propia Vuelta la descubrió allá por 2013. Pero además de eso, tras la bajada se mete Monachil y se sube hasta la Hoya de la Mora. Serán 15 días ya de carrera, viniendo de La Pandera y con la incógnita de ver qué estragos puede hacer el calor. Además, se rozan los 2.500 metros de altitiud. Y ya se sabe lo que ocurre a esas altitudes con el oxígeno. Con ese kilometraje, todo pinta a que habrá retransmisión íntegra.

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Etapa 16: Circuito de Navarra – Logroño (42 kms CRI). Nueve llegadas en alto, media montaña, muros, puertos… pues, señores, aquí es donde verdaderamente puede decidirse quién sí gana la Vuelta a España. La crono es un poquito más larga que en años anteriores, y corredores como Froome, Contador… ¿o Dumoulin? tienen aquí terreno para distanciar a los escaladores más puros. La crono es una clara invitación al tricampeón del Tour para, una vez acabada su aventura por el cuarto amarillo en París, pruebe una vez más con esta ronda que se le resiste.

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Etapa 20: Corvera de Asturias – Alto de L’Angliru (119 kms). Volvemos a lo mismo de Sierra Nevada. Le faltan kilómetros. No necesariamente puertos, pero sí kilómetros. Pero claro, es la última jornada de competición real y todos tendrán que apurar sus últimas opciones. Además la etapa supone el final de un tríptico por la cornisa cantábrica. El encadenado es tremendo: La Cobertoria, el Cordal –y su bajada donde siempre pasan cosas decisivas- y el final en la mítica pared asturiana. Todo depende de la participación, claro, pero… ¿no se escapa una sonrisa imaginando por ejemplo a Nibali bajando el Cordal a tumba abierta? Otra etapa que con casi toda seguridad se dará entera por la tele.

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Hay más días interesantes como el de Sagunto o Antequera, etapas de media montaña donde, como en la jornada de Andorra, los despistes o días malos se pueden pagar a un alto precio. Pero a priori serán estas cinco las que en mayor o menor medida decidan la carrera. Con especial atención a la contrarreloj de Logroño y al final en Calar Alto. Por lo demás, la Vuelta vuelve a apostar por su seña de identidad, convencidos como están de que funciona. Hay gustos para todo, pero al menos el recuerdo de la última edición es muy bueno. La carrera la honran o malogran los ciclistas. De eso no hay duda. En septiembre sabremos qué ha tocado esta vez.