Mes de agosto, meta en las Lagunas de Neila, Fabio Duarte habla vestido con el maillot que le distingue como ganador de la Montaña de la Vuelta a Burgos tapando el de Colombia-Coldeportes. “Quiero irme de este equipo”, afirma con el mismo frío despecho que le caracteriza cuando pedalea. “No estoy contento ni motivado. Ojalá haga una buena Vuelta a España para atraer la atención de algún buen equipo europeo”.

Un mes antes se había despachado contra él en L’Équipe el italiano Claudio Corti, mánager de la escuadra. “Los ciclistas colombianos sufren para adaptarse a Europa. Pasan de los entrenamientos. Se alimentan con pasteles que compran en el supermercado por pura pereza. Fíjate en Duarte, por ejemplo. Fue segundo en Montecampione tras Fabio Aru, puso la foto en el Facebook y hasta ahí llegó su orgullo. Después de eso, está depresivo y no quiere ser nuestro líder. ¡Dice que no le pago lo suficiente!”

El miércoles de la pasada semana, Colombia – Coldeportes anunció su desaparición. Pese a varios meses aseverando que el equipo continuaría e incluso especulando con la posibilidad de fichar a Rigoberto Urán, Corti se ve obligado a echar la persiana, aunque dice que piensa volver en 2017. Fabio Duarte busca acomodo: la revista Mundo Ciclístico dice que se ha comprometido con EPM-Une; el portal Colciclismo, que fichará por un conjunto europeo, como deseaba.

Team Colombia no estaba bien. El génesis de la estructura gestionada por Corti consistió en unos movimientos de despacho para sacar el agua de Coldeportes (Instituto Colombiano del Deportes) del molino de otra, la Pedaleamos de Luisa Fernanda Ríos y Luis Fernando Saldarriaga que en su día dio la alternativa a Esteban Chaves, Nairo Quintana o Sergio Henao y hoy sobrevive patrocinada por Manzana Postobón. La jugada se culminó de cara a la temporada 2012, inicio de una andadura que se cierra dejando un poso amargo.

Deportivamente el equipo no funcionaba y esto se debía, en gran parte, a la falta de pasión de su cuerpo técnico, que no parecía querer bien al proyecto. Los directores, todos italianos salvo el exciclista Oliveiro Rincón, no conocían las características de sus ciclistas, y en algunos casos tampoco sus nombres. Su táctica en las carreras consistía en que cada cual llegara hasta donde pudiera. Preguntarles cada mañana de competición por su estrategia era un ejercicio curioso: “Todos están bien, ya veremos cómo van”. Los Rubiano, Torres, Duque y compañía jugaban siempre a contrapié, usando sus fuerzas sin sentido, perdiéndose las fugas y atacando desde atrás para empalmar, o tirando del pelotón desaforadamente. Esto se reflejó en los resultados: 12 victorias en 4 campañas, ninguna en 2015.

No obstante, lo peor estaba fuera de las carreras. Desde que en plena semana final de la Vuelta a España abriera fuego un columnista del diario El Tiempo, se han sucedido las revelaciones, casi siempre anónimas, de auténticas barbaridades vividas en el seno del equipo. Particularmente desagradable es el blog de la influyente periodista latinoamericana Goga Ruiz-Sandoval. Los cuatro meses de impagos que acumula el equipo es un dato que habla por sí solo. Huidas como la de Robinson Chalapud, que completó tres temporadas reseñables con el equipo y el pasado invierno decidió volver a correr en un modesto Continental de su país antes que renovar, son explícitas.

Que talentos como Fernando Gaviria, Miguel Ángel López o Jonathan Restrepo pasaran desapercibidos a ojos de los rectores de Team Colombia y hayan fichado por conjuntos World Tour sin usar este equipo de puente pone de relieve lo improductiva que ha sido la inversión de los organismos colombianos, estimada entre dos y tres millones de euros anuales. Al final sólo queda un grupo de ciclistas, escaladores brillantes como Rodolfo Torres o Fabio Duarte, todoterrenos peleones como Miguel Ángel Rubiano o Leo Duque, promesas por explotar como Edwin Ávila o Daniel Martínez, sin destino ni cobijo en un momento crítico. Es odioso hacer leña del Colombia caído, pero desgraciadamente había mucha, demasiada madera.