Eran 120 kilómetros sin complicaciones, llanos, expuestos al viento, sin más. La salida fue feliz desde la localidad onubense de La Rábida, con control de firma en una reproducción de la nao Santa María que junto a La Pinta y La Niña descubrió América; la meta de Hinojos, Sevilla profunda, fue triste, como una comitiva que regresara de batallar en el Nuevo Continente. El pelotón llegó roto en mil pedazos por dos cuchilladas en forma de caída masiva, a 7 y 4 kilómetros de meta, que afectaron a casi medio pelotón. Entre los damnificados estuvieron los ídolos locales Juanjo Lobato (con un moratón en la frente), Luis Ángel Maté (golpe en la rodilla) y Javi Moreno (entró cortado, aunque sin heridas superficiales); peor parte se llevaron ilustres como Stefan Schumacher, Jurgen Van den Broeck, Laurens Ten Dam o David Arroyo.

En mitad de la confusión apareció Pim Ligthart. “Vi que todo el mundo estaba despistado, que sólo Sky tenía una representación significativa, y viendo que había hombres rápidos como Tyler Farrar (MTN, 5º en meta) decidí jugármela desde lejos”. Así capturó su segunda victoria del año tras la conseguida en el GP Ouverture de Marsella y el liderato de una clasificación general muy afectada por la circunstancia de las caídas, que sucedieron antes de la pancarta de 3 kilómetros para meta y por ende no serán neutralizadas. Los 30 corredores que sobrevivieron a las mismas, como los grandes favoritos Alberto Contador y Chris Froome, quedan como grandes candidatos a la victoria final, que empezarán a jugarse esta misma tarde en la contrarreloj de Coria.