Aunque todo el mundo esté pendiente de lo que ocurre en Italia, donde hoy mismo se reanuda la competición, lo cierto es que en territorio nacional también ha sido un fin de semana de carreras. El último de la primavera ciclista española, que ahora da paso a una sequía competitiva que ha aliviado en parte la Volta Internacional a Lleida (2.2.), que cubre la ausencia de carreras para la categoría continental.

Pero antes de eso hay que ocuparse de la Vuelta a Madrid (2.1.). La carrera vive el comienzo de una etapa de consolidación después de haber pasado años complicados, incluida la suspensión en el año 2014. Olvidados ya aquellos rigores, la carrera sobrevive con dos etapas y esta vez la participación ha crecido con respecto a la del año pasado.

Movistar no da opción

Después de verse sorprendidos en la primera etapa de Asturias, el equipo Movistar no dio opción en la ronda madrileña. El recorrido, cierto, no tenía ningún puerto especialmente selectivo que pudiera dejar la carrera en un reguero de corredores, pero sí era suficiente para ‘limpiar’ bastante el pelotón si había buen ritmo. Como finalmente sucedió. En el quebrado perfil camino de Las Rozas, el equipo telefónico controló bien la carrera y terminó rematando magistralmente.

En la localidad madrileña se plantó un grupo de unos 20 corredores tras anular una multitudinaria fuga. Teniendo en cuenta que no había grandes puertos, que tres cuartas partes del pelotón se quedase cortada da una idea del alto ritmo que se llevó, ayudado además por unas condiciones meteorológicas que no eran las mejores. Aunque lo peor estaría por llegar. Allí Juanjo Lobato, que había pasado bien toda la etapa, esprintó y no hubo quien le echara el guante. Su compañero Jesús Herrada fue segundo y la general se le ponía muy de cara al gaditano en la etapa final. Un circuito por Madrid al que había que dar 19 vueltas.

Colombia, invitada a la fiesta

Entre tantas formaciones españolas, había dos equipos colombianos: el Boyacá Raza de Campeones y el Manzana Postobón. Y ambos entraron en la fiesta, pero no porque se colaran. Estaban realmente invitados. En carreras como Asturias o Madrid, la presencia de equipos del país andino es sinónimo de ciclismo divertido, espectacular y de ataque. La mayoría de las veces los aventureros no suelen tener premio, pero en este caso lo consiguieron.

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Juan Sebastián Molano, vencedor de la segunda etapa. Foto: Elena Alcalde

En la segunda y última etapa, lo que esperaba al pelotón era un auténtico diluvio. Unas condiciones que hicieron temer por la celebración de la carrera. Finalmente, las 19 vueltas previstas fueron reducidas a un total de 15, lo que dejó la etapa en 70 kilómetros. Era mejor que nada. La lluvia no dio tregua en toda la mañana, pero los corredores dieron la talla en el recorrido urbano, donde todo presagiaba un sprint.

Ahí se metió Juan Sebastián Molano (Manzana Postobón), que aprovechó que Lobato medía en exceso las distancias y acabó adelantándose y ganando la etapa. Molano es un joven de 1994 que viene del desaparecido Team Colombia y al que desde ahora habrá que estar muy atentos. El año pasado ya hizo buenos puestos en Langkawi y Turquía, y su victoria ya es un éxito para un equipo como el Manzana Postobón, gran empresa colombiana que regresa al ciclismo tras años de ausencia. El día antes, Heiner Parra (Boyacá Raza de Campeones) se había asegurado ya la general de la Montaña puesto que el domingo no había puntos en juego.

Lobato, que era el velocista más rápido, terminó siendo segundo bajo una manta de agua pero conservó sin problemas su primer puesto en la general. El de Trebujena sigue sumando y ya lleva cuatro este año: una etapa del Tour de Dubai, otra en La Sarthe y la general de Madrid, primera en su carrera deportiva. Teniendo en cuenta que Lobato es probablemente la gran baza española en el mundial de Qatar, que tenga la pólvora preparada no deja de ser una buena noticia.