Primera etapa de la Vuelta al País Vasco. Tras el descenso del Vivero, el pelotón enfila a toda velocidad la recta de meta encabezado por Tony Martin, que abre un esprín en el cual se impone el brillante Michael Matthews (Orica-GreenEdge). Sin embargo, la noticia no está en el ‘aussie’ levantando los brazos, sino en quienes, 500 metros más atrás, se duele tras una caída terrorífica. Unos bolardos que a diario sirven para delimitar una zona de contenedores, señalizados únicamente con un cono en su parte superior, provocaron la desgracia.

El balance: traumatismo craneoencefálico, hemoneumotórax, fracturas costales y fracturas en la muñeca izquierda para el castellanomanchego Sergio Pardilla (Caja Rural); fractura del dedo índice de la mano derecha para Adam Yates (Orica-GreenEdge); fractura la rótula derecha, la meseta tibial y varias costillas para Peter Stetina (BMC); fractura del extremo distal de la clavícula izquierda y fractura costal para Nicolas Edet (Cofidis). Y miedo, e indignación.

“Nuestra vida no vale un carajo. Sigamos así hasta que se muera alguien”. Así resumía la indignación del pelotón ‘Pippo’ Pozzato, quien adjuntó a su tuit un vídeo estremecedor del incidente. El máximo responsable de la organización de la Itzulia, José Luis Arrieta, entonó el mea culpa: “Lo teníamos que haber previsto y alargar las vallas, por ejemplo, y proteger mejor la zona”. El presidente de la Asociación de Ciclistas Profesionales española y representante de la internacional en esta carrera, José Luis de Santos, coincide con él: “Hubiera bastado con una bandera amarilla, o una valla. Más aún habiendo margen para estrechar la calzada”.

“Fue una trampa”, resumió De Santos, quien encabezó una protesta por parte del pelotón de la ronda vasca, que hoy inició la competición cinco minutos más tarde del horario previsto para reivindicar una mayor conciencia por parte de los organizadores respecto de la seguridad de los ciclistas en carrera.