Si cogiéramos a este Giro de los tobillos y lo sacudiéramos boca abajo, no se le caería un segundo de los bolsillos. No le sobra de nada, si acaso le faltan ingredientes que podrían sublimar la carrera: algún director más avispado y varios participantes de mayor relumbrón, por ejemplo, que sin embargo podrían servir de guinda o ejercer de tapón, ser catalizadores o frenos. Ante la duda, mejor no tocar la fórmula de una ‘corsa rosa’ fantástica.

La entropía la puso ayer, como casi siempre, Astana. En el temido Colle delle Finestre entraron a marcheta y, un poco antes de iniciar los ocho kilómetros definitorios de ‘sterrato’, dinamitaron la prueba con un acelerón de Tanel Kangert. A partir de ahí, sucesión de ataques a los cuales el líder Alberto Contador respondía parapetándose tras Ryder Hesjedal o Steven Kruijswijik, estómagos agradecidos en busca de satisfacción que en un momento dado olvidaron pagar lealtad al pinteño. Fue entonces que éste entró en crisis y Mikel Landa abrió un hueco que le permitía soñar con dar un vuelco a la carrera.

El grupo de favoritos, subiendo el Colle delle Finestre

El grupo de favoritos, subiendo el Colle delle Finestre

En el terreno posterior, el propicio para consumar ese vuelco, Astana renunció a sus opciones. Un Landa poco convencido fue detenido por su director Giuseppe Martinelli para tirar de un grupo donde viajaba Fabio Aru, que gracias al trabajo del vasco anotó el segundo triunfo parcial consecutivo tras su resurrección. Las vacilaciones de los celestes permitieron a Contador rehacerse y aguantar el tipo en un puerto, Sestriere, ideal para que pagara su pájara (que él achaca a la deshidratación) con sangre. No hubo lugar.

Fabio Aru se jugó la victoria de etapa con Rigoberto Urán

Fabio Aru se jugó la victoria de etapa con Rigoberto Urán

Me hubiera encantado ganar, pero desde el coche me han parado porque, bueno, se les ha pasado por la cabeza que se podía ganar el Giro y ya está, no me ha quedado otra que acatar las órdenes”. Con esas palabras se rebelaba Landa en meta. Su meridiana insatisfacción le acerca a la puerta de salida de un Astana con el cual acaba contrato; mientras, Aru tiene dos temporadas más de vínculo con la escuadra kazaja. Martinelli, por su parte, reaccionaba a los debates en torno a su táctica con un deje de arrogancia: “La crítica forma parte del juego. Quien gana siempre tiene razón. Estoy acostumbrado a que digan que me he equivocado porque no he ganado… Pero también gano a menudo”.

Fabio Aru celebra su victoria en Sestriere

Fabio Aru celebra su victoria en Sestriere

La cuestión es que Contador escapó vivo de unos instantes en los que estuvo contra las cuerdas pero más tranquilo que quienes le acorralaban, presos de los nervios por verse en el último acto ante la tesitura que llevaban buscando toda la obra. El virtual ganador de la ‘corsa rosa’ zanjó cualquier tipo de especulación en torno a un movimiento de peones más efectivo por parte de Astana que pudiera haberle arrebatado el triunfo con unas frases tumbativas: “Tenía colchón y preferí ir a mi ritmo. Sabía que, salvo crisis brutal, aguantaría sin problemas. No vi peligrar mi posición en ningún momento”. Chas: el ‘rosa’ es suyo por derecho propio. Siempre lo ha sido aunque la estadística diga algo de un incidente en Lido di Jesolo.

Alberto Contador celebra su 'maglia rosa' frente a un exaltado Oleg Tinkov

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