Hace unos días salía tan tranquilamente de mi casa destino a mi trabajo, ashisports. Cogí mi bicicleta y me dispuse a pedalear. Cuando ya llevaba unos diez minutos y me disponía a cruzar una de las avenidas más grandes de Barcelona, tuve la desgraciada experiencia de ser arrollada, literalmente, por una motocicleta. El motorista se había pasado su semáforo en ámbar/rojo ya que yo pasé justo cuando se puso en verde. Gracias a que pude llegar a frenar a tiempo, tan solo me caí al suelo y me hice una gran contusión (que aún me duele) en la espalda y unos rasguños en las piernas.

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La peor parte se la llevo mi pobre bicicleta. La rueda de delante quedó totalmente destrozada junto con los radios. El eje de la dirección quedó también afectado al igual que los cables de los cambios de marcha que también se rompieron. Mi mayor enfado reside en que ahora ¿quién se hace responsable de la reparación o sustitución de mi bicicleta? Porque el dueño de la moto se dio a la “fuga” (a saber si no había robado la moto). Por otro lado, creo que se deberían potenciar e intensificar los agentes cívicos. Ya no sólo estando apostados mirando a los ciclistas si van escuchando música o poniendo multas a los coches mal aparcados. Una de sus jurisdicciones podría ser mediar entre los afectados en un accidente, por pequeño que sea y dejarse de recaudar para la “cosmopolita Barcelona” (nótese cierta ironia).

En definitiva, después de esta mala experiencia estoy planteándome volver al transporte público. Volver a las aglomeraciones de personas, al bullicio y al mal olor de algunos individuos por el mero hecho de haberle cogido miedo a que me vuelva a pasar algo parecido. Y porque mi bicicleta está hecha un cirio, todo hay que decirlo.

Cristina Gómez, Barcelona