El de Marc Vilanova es un caso llamativo. En un deporte en el que la edad es una losa –sobre todo en una época como la actual, donde se buscan talentos que despunten cada vez más jóvenes-, el corredor catalán consiguió pasar a profesionales con 27 años, plantando cara al mantra de que un ciclista que pasa de sub23 sin dar el salto ya no podrá hacerlo. El ciclista de Tremp, que empezó en este deporte al filo de la mayoría de edad, ha completado su primera temporada en la categoría Continental con el Start-Massi, equipo con licencia paraguaya pero con sede en Oudenaarde.

Una temporada atípica con 40 días de competición… por ocho países y tres continentes, y terminada en noviembre, cuando la mayoría de ciclistas ya está en pleno trabajo de pretemporada. Todo empezó a primeros de marzo en Argelia: “Me motivó mucho hacer buenos puestos allí. El ciclismo africano es muy anárquico, se corre a lo loco. Me recuerda un poco a las carreras de juveniles o sub23 de aquí, cuando todo el mundo sale a tope y al ataque. Se gasta una cantidad de energías tremenda en los comienzos de etapa”, comenta el catalán. Sin embargo, pese a no estar del todo fino, cuando la carretera se endurecía, siempre aparecía delante: “Me faltaba un poco para disputar, pero después del comienzo todo volvía a su sitio y terminaba delante”.

Es consciente de que su situación es especial en el ciclismo, pero no oculta que está más ilusionado que cuando era juvenil. Sobre todo, porque cuando era juvenil apenas estaba dando sus primeras pedaladas en competición: “Empecé cuando era junior de segundo año y fui pasando categorías”. Difícil para un chaval completamente por hacer competir con corredores sub23 que ya llevan años de trabajo en las piernas: “Cada corredor es un mundo y tiene una edad para madurar. Además yo empecé muy tarde. En este deporte parece que si con 22 años no has dado el salto, ya no vales y eso no es así”, argumenta, antes de añadir que se encuentra “mucho mejor que el primer día”. Y la ilusión, ya se sabe, es fundamental en un deporte tan sacrificado como este.

Infierno belga

Como cualquier debutante, el primer año en profesionales le ha servido para aprender. Y como todo proceso de aprendizaje a cañonazos –que al final es lo que hacen la mayoría de los neos, de una u otra forma- tuvo momentos duros. Especialmente en las estrechuras de las carreteras belgas: “En primavera, después de Indurain y La Rioja, hicimos varias clásicas por Bélgica y Países Bajos. Es un ciclismo totalmente opuesto a este. Las carreteras son estrechas, la colocación es vital y hay una tensión constante. Yo no estaba acostumbrado y me costó un par de meses cogerle el pulso”, evoca el catalán.

Pero se lo acabó cogiendo a base de agudizar el ingenio. Y cuando salió de aquel estrecho infierno del Centroeuropa era un corredor mejor y más fuerte. De ahí que en verano lograse buenas prestaciones en una carrera con cierto nombre dentro del Europa Tour continental: el Tour de Hungría (2.2), donde muchos equipos del Este van con todo. Allí, Marc se metió en el top10 de dos etapas, entre ellas la reina: “Me cogieron a 4 de meta. Era un puerto de 15 kilómetros y ataqué. Me echaron mano, pero por primera vez me vi delante y peleando por ganar una carrera. Al final me quedé a cuatro segundos de ser Top10 de la general, pero sin duda fue mi mejor vuelta del año”.

Exótica ‘pretemporada’

Se suponía que después de Hungría, a finales de agosto, la competición había terminado para él. Pero en realidad lo que le esperaba era el tercer continente del año. Siguió entrenando, pero ya como quien piensa en el año que viene, cuando le dijeron que tenía que ir… a China. El Tour de Taihu Lake lo estaba esperando con los brazos abiertos. Marc, siempre realista y con los pies en el suelo, sabía que no era su mejor terreno. “Me gustan las carreras de fondo, de resistencia. Soy un fondista. Tampoco un escalador puro, sino un corredor de perfiles rotos, media montaña… y aquello era muy llano. Además hubo equipos fuertes como Southeast que llevaba a Mareczko. El tipo arrasó, las cosas como son”. Efectivamente, el joven sprinter se llevó el 80% de las etapas. Además, la diferencia de nivel era muy grande: “Dejaban una fuga pequeñita, controlada con tres o cuatro minutos. Luego había varios equipos Profesionales fuertes. Habrían gas bien organizados, y adiós fuga”.


En cualquier caso, él intentó todo lo que pudo. Se filtró en cortes, cogió escapadas desde atrás, buscó presencia. Pero en un trazado tan plano, sus prestaciones no daban mucho más. Una vez en China, ya puestos, corrió también una carrera como el Tour of Yancheng Coastal Wetlands (2.2) que tampoco era apta para sus condiciones, pero le acabó sorprendiendo para bien: “Nos habían dicho que en China la afición era increíble, que había muchísimo público. Eso a un ciclista siempre le anima. En cambio, en Taihu nos quedamos un poco cortados. Había poquísima gente. Y luego vamos a esta carrera de dos días, con mucha menos categoría y participación, y fue increíble. Todo lleno, las metas abarrotadas… fue muy bonito”.

Otra experiencia más para el saco. Y nada más llegar, a entrenar. Marc ya está con la pretemporada, sobre todo porque ya entrenaba con la mente puesta en el nuevo año desde hacía tiempo: “Desde Hungría estuve casi tres meses sin competir. El ciclista muchas veces no para por necesidad física, que un poco también, pero sobre todo por cansancio mental de tanta competición. Y yo esa desconexión ya la tenía hecha. No me noté nada cansado y desde que volví estoy haciendo trabajo de base para la temporada que viene”.

Porque habrá un año que viene, si nada se tuerce: “Estoy barajando varias posibilidades en la categoría Continental. No tengo nada cerrado aún, pero soy muy optimista y espero dar una buena noticia antes de final de mes”. Tal vez esa sea la prueba de que lo importante, más que los años que vengan en el DNI, es la ilusión y la constancia para seguir creciendo. Marc Vilanova ha podido comprobarlo este año, donde ha compartido pelotón con algunos cracks de la bici como Valverde o Nairo Quintana. Aunque confiesa que quien más le impactó fue Greipel: “Lo grande que es. El cuerpo que tiene y su musculatura. Y luego, como abra gas en el llano, sufres. Mucho”, dice entre risas. “Obviamente Valverde y Nairo son unos fuera de serie, pero quieras que no estás más acostumbrado a verlos”. En cualquier caso, lo importante es que en 2016 siga viéndolos a todos desde la línea de salida y con un dorsal a la espalda. Y dar un salto de nivel que, si llega, puede tener al catalán luchando por ganar. Mientras, el junior de 28 años sigue con su sueño.