Está como dos –o tres- escalones por encima de los demás. Al menos, de los que se ha encontrado en el camino. Nairo Quintana se ha vuelto a llevar el Tridente de la Tirreno-Adriatico en el que ha sido el primer examen importante de cara al próximo Giro de Italia, donde aspira a terminar también vestido de rosa. Por ahora, ha demostrado que está en el camino correcto en su preparación.

La contrarreloj de hoy era, realmente, testimonial. El colombiano de Movistar ya había cimentado su victoria a lo largo de las etapas anteriores, especialmente en la subida al Terminillo donde volvió a demostrar que le tiene tomada la medida al puerto, esta vez atacando algo más cerca de meta y dejándolo todo decidido. Hoy, sin arriesgar un pelo, se ha dejado 41” con Rohan Dennis en los 10 kilómetros de trazado contra el crono. Y qué importaba.

Dos de tres

Aquí en la Carrera de los dos Mares ha conseguido ganar de un modo totalmente arrollador, manejando el pelotón a su antojo –y bien arropado por el resto del equipo Movistar- y asestando el golpe en el momento decisivo. Algo parecido a lo que hizo, con otros rivales algo inferiores, en la Volta a la Comunitat Valenciana hace ahora un mes. Ganó en Mas de la Costa con autoridad y dejó la carrera hecha.

El único lugar donde no ha logrado la victoria fue el Tour de Abu Dhabi, donde se encontró también con Alberto Contador. Es, hasta ahora, la única vez que se ha cruzado en el camino con el madrileño, y ahí la vigilancia entre ambos fue tan férrea que incluso le perdieron la cuenta a los demás corredores. Sólo tenían ojos el uno para el otro, con Nibali como agregado, y al final pasó lo que pasó. Que otros más listos decidieron hacer la guerra por su cuenta sin fijarse en los demás y buscando la victoria. Así ganó Rui Costa.

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“Aún no estoy al máximo”

Pero el caso es que la actitud de Nairo Quintana no tiene nada que ver con aquella pasividad –luego se supo que fue por salud- que tanto se le criticó el año pasado durante el Tour. El reto que se ha marcado bien merece un cambio de mentalidad importante, porque ganar tanto la ronda francesa como el Giro, que acaba sólo un mes antes, está al alcance de muy pocos. De hecho, desde Marco Pantani (1998) todo el que lo ha intentado ha terminado fracasando estrepitosamente en una o en otra. Quien ha ganado el Giro luego se ha estrellado en el Tour, y el que ha peleado el Tour llegó corto al Giro.

En cualquier caso, este Quintana se parece más al de los orígenes. Decidido y atacante, confiado en sus fuerzas y sin pensar en seguir ruedas. Convencido de que su nivel ha crecido, aunque cree que aún tiene más: “Creo que aún no estoy al máximo. Es verdad que mi nivel ha mejorado, pero espero que en el futuro vengan cosas aún mejores”, ha explicado tras coronarse como flamante vencedor de la prueba italiana.

Ahora, con 19 días de competición en las piernas, llega el momento de volver a su casa. A esas montañas de su Colombia donde el buen clima y la altitud forman un binomio perfecto que está llevando al ciclismo colombiano a conquistar el mundo. Allí permanecerá hasta que llegue la Vuelta a Asturias como antesala del Giro, para acudir con algo de competición en las piernas. Nairo Quintana ha regresado al nivel de 2015, incluso por encima del que le llevó a ganar la pasada Vuelta a España. Ahora sólo falta que lo refrende en el escenario verdaderamente importante: la edición 100 del Giro de Italia.