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¡Todos en la cárcel! Imprimir E-Mail
Por David Suárez   
miércoles, 01 de agosto de 2007
El último episodio de este esperpento que tiene como asunto la lucha contra el dopaje es un claro signo de en qué situación se encuentran actualmente los ciclistas.
David Suárez (Barcelona, 1974), periodista con una dilatada experiencia como director de prensa ciclista, es director y responsable de contenidos de Arueda.com.
La expulsión de Michael Rasmussen por parte del Rabobank tiene un mensaje inconfundible: “Todos los ciclistas son culpables de dopaje”. A partir de esta premisa, lo que hacen los ciclistas pasando hasta cien controles de todo tipo al cabo del año es demostrar su inocencia (aunque lo más ajustado sería decir su no culpabilidad).
Según el patrón del Rabobank, la excusa oficial para la expulsión del maillot amarillo del Tour fue que les había mentido: no estaba dónde decía haber estado y se saltó unos controles sorpresa. Muy bien. Si ha mentido es porque oculta algo; y ese algo (como de lo que se trata es de la lucha contre el dopaje) tenía que ser alguna práctica de dopaje por parte de Rasmussen. Si eso fuera así, digo yo, que lo suyo sería que el danés hubiera dado positivo durante alguno de los múltiples controles que tuvo que pasar durante el Tour de Francia. Si no dio positivo es que no se dopó, con lo cual no tenía nada que ocultar cuando le mintió al equipo. Dirán ustedes, ¿y entonces por qué mintió? Pues no sé, supongo que tendría múltiples justificaciones para la mentira. Lo que yo creo es que mentir sobre tu paradero es una cosa y meterte una dosis de Epo por la vena es otra bien distinta. Quizás es que el mensaje que nos quieren enviar los capitostes del ciclismo es que los controles están bien, pero no son infalibles y que Rasmussen podría ir enchufado y no dar positivo. Entonces yo preguntaría: ¿y puede pasar al revés, que algún ciclista dé positivo por error?
En todo caso, lo que ha pasado con Rasmussen sienta un precedente muy importante y peligroso para los ciclistas y los equipos: un corredor es apartado de la carrera por su propio patrón para que no gane un Tour de Francia sin necesidad de dar positivo. Tampoco debemos pasar por alto la presión de la carrera para que esto ocurriera. Está claro que al Tour no aceptaba a Rasmussen como ganador final y se empleó a fondo para que lo expulsaran. Lo que asusta bastante es pensar qué clase de argumentos de presión usó el Tour para que el Rabobank decidiera prescindir del maillot amarillo.
Quizás nos deje indiferentes este hecho; total, se trata de un danés, más bien flacucho y no muy simpático que digamos. Sin embargo, deberíamos reflexionar; según esos mismos criterios de sospecha generaliza es más que acertado pensar que Pedro Delgado no sería el ganador del Tour de Francia de 1988. Sin duda, los tiempos han cambiado. Ahora todos los ciclistas son culpables, de hecho el tratamiento que se le ha dado a Rasmussen es un calco del que se da a los presos en libertad condicional: “Tus movimientos están limitados, ándate con ojo y no nos mientas”. Y es que en el fondo todos los ciclistas corren en una cárcel que ellos mimos han ayudado a edificar.

David Suárez
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